Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).


Durante estos seis años de carrera, y en especial en mis prácticas de Atención Primaria empiezas a entender muchas cosas.

Durante estos seis años de carrera, y en especial en mis prácticas de Atención Primaria empiezas a entender muchas cosas. Entiendes al ser humano en todo su esplendor, en sus miserias y en sus alegrías más sinceras. Es imposible borrar de la cabeza las lágrimas de un paciente ante el sufrimiento, ni el brillo de sus ojos ante una noticia que implica vida o bienestar. En medicina se estudian muchos libros, pero aquella enfermedad que ves en un paciente, aquella enfermedad a la que pones cara, aquel enfermo que te coge de la mano y te mira los ojos, nunca se olvida; y es que tratamos con ENFERMOS no con enfermedades.

También se aprende en esta larga carrera que no es posible mirar al paciente únicamente desde una perspectiva biológica, ya que el ámbito "psico" y "social" es claramente determinante. Es imposible en estos difíciles momentos socio-económicos, hacer oídos sordos a las circunstancias que sufren los pacientes (paro, desahucios, cargas familiares, empobrecimiento...) ya que dichas circunstancias actúan como determinantes en la salud de los mismos y sería un error no tenerlo en cuenta desde esta profesión.

Así, a lo largo de los años aprendes lo cierta que es la famosa frase de Letamendi "Quien sólo sabe de medicina, ni de medicina sabe". Y es que ser médico implica también formarse en otros ámbitos no solo científicos, sino humanos. Saber algo de sociología, antropología, política y psicología (con el permiso de los profesionales dedicados a ello) ayuda a ver la globalidad de la medicina y a tener una actitud crítica ante la misma. Trabajar con seres humanos implica la necesidad de conocerles, para así lograr una empatía sincera y poder asistir, con cercanía, a alcanzar salud y bienestar.

No puedo olvidarme ni mucho menos, de resaltar el gran sistema sanitario público en el que me he formado (siempre mejorable), y al que debemos proteger como un tesoro de aquellos que quieren vulnerar su calidad desde arriba, sin conocer la realidad de los pacientes u obviando la misma.

Es complicado describir en un simple texto mi experiencia a lo largo de la carrera o mis razones para haberme decidido por esta profesión. Pero de forma simple puedo decir que la medicina es un estilo de vida. Un estilo de vida del que estoy muy orgullosa, ya que me brinda la oportunidad de contribuir en la mejora de la sociedad y mejor aún, me permite trabajar mano a mano con personas en la recuperación de su bienestar bio-psico-social.

Pero esto no ha hecho nada más que empezar, así que sólo me queda desear que la ilusión que ahora siento por trabajar, ayudar y seguir aprendiendo se mantenga a lo largo de toda mi carrera profesional.

Blanca Villacorta. Estudiante de 6º HUVValme

Mi historia empezó con un tío que era médico al que admiraba y con el que pasaba muchas horas. Él me enseñó cómo vivir y amar esta profesión, eso jamás se me olvidará. Isabel Lara Granja Gómez.

Creo que como muchos de vosotros mi historia empezó con un tío que era médico al que admiraba y con el que pasaba muchas horas. Él me enseñó cómo vivir y amar esta profesión, eso jamás se me olvidará.

Con 17 años intenté entrar en medicina y me quedé  a 0,03 de la nota de ingreso. Hoy sé que aunque hubiera entrado posiblemente no hubiera terminado la carrera por mis circunstancias personales en aquel momento. Así que creo que acerté eligiendo enfermería. Tres años más  Terminé y me puse a trabajar. Y la verdad es que he disfrutado mucho siendo enfermera. Este trabajo te muestra lo peor y lo mejor del ser humano, te humaniza, te hace ver lo que es importante en esta vida y lo que no y te brinda momentos inolvidables, esa sonrisa de un niño, ese abrazo, ese gracias por todo. A pesar de lo mucho que me ha aportado ser enfermera, un día me di cuenta que quería seguir aprendiendo. Así que seis años más tarde de terminar enfermería, intenté entrar en medicina y lo conseguí.

Mentiría si dijera que no ha sido duro, compatibilizar el estudio y el trabajo ha sido una odisea, así que aún no me creo que me queden tres asignaturas para terminar la carrera. Han sido muchos los momentos en los que he pensado dejarlo pero han sido muchas también las personas que me han ayudado y animado y en especial quisiera mencionar a mi pareja que me ha comprendido y apoyado incondicionalmente durante todos estos años. Lo que demuestra que la elección más importante de la vida, no es la profesión que decidas desempeñar, sino la persona con la que eliges compartirla.

Lo último que quiero decir es que tengo 33 años y vivo esta nueva etapa en mi vida con muchas ganas, ilusión y, también por supuesto, con miedo por la gran responsabilidad que tenemos los médicos. Sólo quiero deciros que nunca dejéis de luchar por vuestros sueños y que nunca es tarde para lograrlos.

No hay nada más satisfactorio como el agradecimiento de un paciente. Carlos Rosell Martí

Desde muy temprano decidí que lo mío era estudiar Medicina, no sólo por el hecho de que era la única carrera y profesión que me gustaba y por la que sentía verdadera pasión, pues es cierto que como aficiones propias podía conectar con otras muchas carreras en cuanto a lo que se refiere a  materia general, pero nunca me las propuse como  profesión, ya que para mí es esencial estudiar aquello por lo que crea que merezca la pena y con lo que realmente disfrutes y te sientas realizado. Y pasados estos seis años, los cuales recordaré como los mejores de mi vida, pero también los más duros, me he dado cuenta que he hecho la elección correcta.

Estudiar Medicina implica muchas más cosas que el mero hecho de la formación. La Medicina es vida, y como tal, lo esencial es el trato con las personas. Tras cada caso hay una persona  a la que ayudar, y ello te ayuda para superarte día a día, pero también te enseña el lado más humano de esta profesión, y que considero que es el centro de ella, así como los momentos más duros.

En estos años de carrera no han faltado las motivaciones, pero también hay lugar para las desilusiones, e incluso, aquellos momentos en lo que se te pasa por la cabeza tirar la toalla. Pero es entonces, cuando gracias a uno mismo y al apoyo que tiene a su alrededor (amigos, familia, compañeros...) te das cuenta que hay que luchar para ser aquello que deseas ser, y que una victoria es mucho más satisfactoria y enriquecedora, cuando, al pasar los años, ves que tantos momentos sacrificados -y que tanto costaban sacrificarlos- han merecido la pena e incluso satisface mucho más ver la felicidad que provocas en aquéllos que han hecho posible que tú estés estudiando eso por lo que vivirás en un futuro y que tanto deseabas.

Una de las motivaciones por la que me decidí para estudiar Medicina, fue mi necesidad por conocer el cuerpo humano, su funcionamiento, y la inquietud que me producía saber cómo surgían las enfermedades y cuáles eran sus curas.

Cada uno tiene su motivo más íntimo por ser futuros médicos, pero todos coincidimos en que la Medicina es nuestra forma de vida. La labor asistencial y social, así como humanitaria es lo que nos diferencia del resto, ya que no hay nada más satisfactorio como el agradecimiento de un paciente. Personalmente, a pesar de tener miedo por terminar, y abrir una nueva etapa de mi vida,  sé que soy feliz por haber hecho esta elección.

No olvides nunca que fuiste un estudiante, con toda la ilusión que te da la juventud y las ganas de ayudar al que, en su estado más vulnerable, te necesita. Constanza Valenzuela López.

En un primer instante, me resultó especialmente difícil exponer mis razones para haber emprendido esta aventura, ya que desde un principio (y hasta hace poco) no era consciente de lo poderosos que eran.

Según cuentan las historias familiares, fue a los 8 años cuando por primera vez expresé mi deseo de ser médico, con la única e inocente convicción de “querer salvar vidas”. Pasó mucho tiempo desde entonces hasta cuando finalmente pude tomar la decisión, y fueron aquellas ganas (casi primitivas) las que eligieron por mí. Y ahora puedo decir con toda seguridad: no me arrepiento en absoluto. Todo esto me lleva a pensar que nunca debes olvidar a ese niño en ti, ese niño que muchas veces nos empeñamos en hacer callar. Es quien sabe lo que realmente te hará feliz.

Es una difícil decisión, y todos tenemos una historia y un trasfondo que nos cobija, pero puedo afirmar que, si cuentas con el apoyo de tu familia, el camino será siempre más fácil. Nunca menosprecies el cariño y la comprensión que pueden darte tus padres o las personas que quieres en los momentos de crisis.

Comenzar mis estudios en la Facultad de Medicina de Sevilla supuso un gran desafío, no sólo académico, si no también en lo personal. Un país diferente que, si bien se resistió en un comienzo, hoy en día es mi segundo hogar. Un hogar que me enseñó una de las lecciones más difíciles e importantes de la carrera: tratar con personas. Aprenderás que, durante tus 6 años como universitario, de nada te van a servir tus apuntes perfectamente cogidos, ni el Netter, ni el Harrison de última edición, si no tienes amigos. Ellos serán tu verdadero pilar para un reto que, te lo puedo asegurar, no será nada fácil, pero que todos conseguiremos salir airosos de él.

Por otra parte, siempre he pensado que hay carreras mucho más difíciles que Medicina. Pero esta es diferente; tienes que entregarte por completo a ella, echar muchas horas de tu tiempo libre y sacrificar cosas que, probablemente, con otra profesión no deberías hacerlo. Pero, cuando llegas a este punto, la perspectiva (que sólo da la experiencia) permite que veas que, cuando amas lo que haces, todo ha merecido la pena.

De todo lo que pude aprender durante estos 12 cuatrimestres, me quedo con lo que me enseñaron mis profesores y médicos tutores, bien mostrándome la pasión por esta forma de vida o por otro lado, más desafortunado, el tipo de médico que no quiero ser. Y es que, como en todos los sitios, siempre va a haber falta de vocación. No dejes que esto te desanime ni te desmotives, sólo recuerda que tú estarás ahí algún día. No olvides nunca que fuiste un estudiante, con toda la ilusión que te da la juventud y las ganas de ayudar al que, en su estado más vulnerable, te necesita. Si llegas a olvidarlo, siempre estás a tiempo de cambiar de oficio.

Para finalizar, sólo puedo decirte que nunca dudes de tus capacidades intelectuales, están ahí y, con esfuerzo y perseverancia, verás frutos muy pronto. Sólo preocúpate por saber si es esto lo que realmente quieres, si tienes lo necesario para afrontar los obstáculos diarios que te plantea esta forma de ver la realidad, si eres capaz de sentir el sufrimiento ajeno como propio. Puede que, sin haberte dado cuenta, ya estés en camino de convertirte en un(a) médico(a).


Constanza Valenzuela López. Estudiante de 6º año de Medicina. Hospital Universitario Nuestra Señora de Valme. Generación 2008-2014.

¿Por qué decidí estudiar Medicina? Alejandro MG.

En primer lugar he de decir que no es fácil explicar por qué decidí estudiar Medicina. Y no es fácil explicarlo precisamente porque la decisión no fue fácil. Es de suponer que ninguna decisión es fácil en la vida pero una de esta trascendencia y que macará tu devenir para siempre podríamos decir que lo es aún menos.

Pongámonos en contexto: verano de 2008. Había hecho un buen Bachillerato (en Ciencias de la Salud) y una gran Selectividad. Esta última mucho mejor de lo esperado, lo cual propició en cierta medida "a posteriori" mi decisión final. Durante el Bachillerato barajaba varias ideas en mente. Casi como todo el mundo, creo. Por aquel entonces me gustaba la Medicina, la Química, la Biología, la Biotecnología, la Farmacología e incluso la Ingeniería Informática (aunque esta última preferencia era un poco más remota, lo confieso). Una cosa tenía clara: me gustaba la Ciencia, en mayúsculas, y por tanto sabía que la carrera que cursara posteriormente había de ser de ciencias sí o sí. Hubo muchos compañeros en el Bachillerato de CC.SS. que tras acabarlo decidieron optar por carreras de Económicas o de Ciencias Sociales, lo cual es sin duda alguna muy respetable, pero yo sabía que eso no iba conmigo.

Aparte, yo no soy de los que se encasillan en una idea y de ahí no salen. Si no que tengo siempre abierto un abanico de posibilidades y de preferencias en mi cabeza para cuando llegue el momento de tomar la decisión final (algo parecido me está pasando ya con la especialidad que quiero hacer tras el examen MIR). A lo mejor es por esto que me cuesta más tomar las decisiones. Porque imagino que el que sólo quiere A, si consigue sólo B, rechazará B para seguir luchando por A. Pero si por el contrario te gustan muchas letras del abecedario…

Seguimos avanzando. Había acabado Bachillerato, Selectividad y ya sabía mi nota final. Ahora es realmente cuando llegaba el momento de tomar la decisión. El momento de ponderar y reflexionar. El momento de los pros y los contras. Los pros de la Medicina eran que me encantaba, que tenía un gran prestigio social, el hecho de la satisfacción personal a la hora de curar o salvar la vida de un paciente (esto es único de nuestra profesión) y también, por qué no decirlo, el casi inexistente paro dentro del sector que había por entonces en nuestro país (aunque esto último ha cambiado para mal desafortunadamente) además de contar con un salario bastante decente. Por el contrario, los contras eran la larga duración del proceso formador (6 años de carrera + 4 de MIR como mínimo) y el no dejar nunca de “actualizarse”, es decir, en Medicina nunca puedes dejar de estudiar porque tal técnica que hoy en día es la “crème de la crème” y en la cual eres buenísimo dentro de 10 años ya está obsoleta y no se usa, y existen otras técnicas más modernas que has de aprender a usar. Los médicos somos estudiantes desde que comenzamos la carrera hasta que nos jubilamos y esto era un factor muy a tener en cuenta.

Por otra parte el resto de carreras que me gustaban también ofrecían evidentemente sus pros y sus contras. El pro en la mayoría de ellas era su menor tiempo de formación/aprendizaje (3 ó 5 años), su menor dificultad y su menor dedicación personal. Mientras que los contras solían ser un más que dudoso futuro profesional y una tedia monotonía diaria sin muchos sobresaltos.

Mis padres y mi familia me decían que estudiara lo que quisiera y me gustara, lo cual obviamente estaba muy bien, pero por aquel entonces no ayuda demasiado, honestamente. Por otro lado mis amigos y compañeros del instituto me decían que estudiara Medicina, que tenía “cara y letra de médico”. En fin, lo de la letra me lo puedo imaginar pero sigo sin saber qué es tener “cara de médico” a día de hoy. Pero insistían, me decían que la tenía y que no dejara escapar la oportunidad, que no me arrepentiría. Así que tras varias semanas de reflexión (las que hay entre saber tu nota final y tener que realizar la solicitud a través del Distrito Único Andaluz) y de consultar con mis fueros internos, decidí hacerles caso y sobre todo hacerme caso a mí mismo y decidí estudiar Medicina.

Y seis años después puedo decir con total seguridad que no me arrepiento en absoluto. Más bien todo lo contrario. Me alegro y mucho. Y aunque a veces haya asignaturas que no me gusten, considere absurdas o incluso se me atraganten, tengo la sensación de haber elegido bien, de no haberme equivocado. Tengo la sensación de que me gusta cada día más lo que hago, de tener y haber desarrollado una vocación para ello, pero especialmente tengo la sensación de que la Medicina me deparará a mí, y por extensión también a todos mis compañeros de Facultad, grandes momentos y vivencias personales en el futuro a lo largo del desempeño de nuestras carreras profesionales.

Alejandro Medina Guillén. 6º de Medicina del HNSV.

He aprendido medicina de muchos médicos, pero sobre todo he aprendido medicina de los pacientes. Raquel Lamas Pérez.

En general me considero una persona un tanto indecisa. A menudo me pierdo en dilemas absurdos para tomar decisiones sin importancia. Sin embargo, estudiar medicina es algo que nunca tuve que decidir, para mí fue una de esas cosas que simplemente sabes con tanta certeza que ignorarlo iría en contra de ti mismo.

En mi familia no hay ningún médico ni nadie relacionado con el ámbito de la salud. Tampoco he conocido nunca muchos médicos, en realidad creo que hasta que empecé la carrera solo conocí uno, y puede que él sea en gran parte el culpable de que hoy esté escribiendo esto. Se llama Paco y era mi pediatra. No sabría decir por qué,  pero me sentía tan segura cuando él estaba cerca que sabía con total seguridad que si él decía que algo estaba bien era que lo estaba, y si algo iba mal él lo arreglaría.

Quería que los demás se sintieran conmigo como yo me sentía con él.

Así que sin saber muy bien por qué me encontré a mí misma hace unos años en la facultad  medicina y nada más empezar  supe que estaba donde tenía que estar. Aunque en aquel momento no tocáramos la parte clínica ni de lejos, necesitaba saber más sobre el ser humano para satisfacer mi curiosidad por todo. Necesitaba saber por qué nos suena la tripa cuando tenemos hambre, cómo circula la sangre por el cuerpo o por qué me pongo colorada si me habla el chico que me gusta. A día de hoy mi curiosidad sigue pidiendo aprender más y más, y es algo que espero que nunca cambie.

La primera vez que entré en un hospital en mi vida lo hice como estudiante de 2º curso de medicina, en unas prácticas voluntarias en mi ciudad, y fue una mezcla entre decepcionante y confuso. No soportaba la forma que tenía aquel médico de tratar a los pacientes, de ignorarles cuando hablaban y de reírse por lo bajo de ellos. Me hizo replantearme si realmente sabía dónde me estaba metiendo y qué clase de persona quería ser.  Duré 2 días y no volví a ir.

Por suerte, al curso siguiente comencé mis primeras prácticas reales en el hospital, en el servicio de Medicina Interna, y las hice de la mano de un médico que me hizo volver a creer en lo que hacía. Solía decir que se hizo internista porque no concebía al hombre como la suma de sus partes, y por eso quería limitarse a estudiar solo alguna de ellas. Me enseñó a explorar, a hacer historias clínicas, a pensar, a saludar a los pacientes con un “buenos días” y una sonrisa bien amplia y que apretar con fuerza la mano de una persona tiene más poder que cualquier ansiolítico. Me demostró que la medicina es el punto exacto en que se unen la ciencia y el amor por los demás.

He aprendido medicina de muchos médicos, pero sobre todo he aprendido medicina de los pacientes.  Aún me sorprende que alguien que está enfermo te deje explorarle y acribillarle a preguntas porque “vosotros sois el futuro, tenéis que aprender para curar a más personas como yo”; o que alguien en fase terminal de su enfermedad te diga que es feliz porque ha disfrutado y sigue disfrutando de la gente a la que quiere, que no hay que arrepentirse de lo ya pasado y que hay que luchar y vivir. Más de una vez se me ha saltado alguna lágrima rebelde al verles pasarlo mal, pero otras muchas no he podido contener una alegría inmensa al decirles que ya estaban bien y podían volver a casa. Son ellos los que cada día me dan lecciones sobre la medicina y sobre la vida.  Son ellos la verdadera razón de ser médico.

Me quedan apenas unos meses para pasar ese punto de no retorno en el que dejas de querer ser médico para convertirte en uno de verdad, y aún no tengo muy claro lo que eso implica. No sé por qué quise comenzar este camino, no sé hasta qué punto puede cambiar mi vida y mi visión de las cosas y no sé qué clase de médico  voy a ser; pero me alegra estar segura de que me quedan muchos años de profesión por delante para descubrirlo.

No sé si será la profesión más bonita del mundo, pero sí sé que es a la que quiero dedicarle mi vida.
Raquel Lamas Pérez. 6º curso HUNS Valme. Curso 2013-2014

Muchos médicos, que fueron excelentes conmigo, participaron en mi estancia y cambiaron algo en mi interior. Eran la materialización de lo que imaginaba ser de pequeño. Cada uno a su manera, me proporcionaron una visión de la medicina que yo desconocía, la preocupación y el cuidado de las personas, cuánto debe saber un médico, la devoción a su trabajo… Entonces ya tuve lo tuve claro: iba a ser médico de mayor. Víctor Manuel Sández Montagut.

Desde que tengo recuerdos, siempre he querido ser médico. Cuando era pequeño y jugaba, lo hacía simulando que era un médico. Si echaba un partido con los amigos, yo era el médico del equipo. Si querían montar una banda de música, yo sería el médico de la gira. Fuera cual fuera la temática, yo quería ser el que curaba y ayudaba a que se recuperaran. No sé de donde viene este deseo, pues en mi familia nunca ha habido médicos que hayan influido en mí. Pero la realidad es esa.

Pero nunca lo he tenido tan claro como desde los doce-trece años. Cuando llegó el verano de mis doce años, comencé a sentirme mal. No me apetecía salir, me encontraba cansado y me daba fiebre, que al comienzo era baja, pero a lo largo de las semanas se hizo alta. Mi madre me llevaba al médico cada vez que me daba esta fiebre y cada vez sospechaban infecciones, por lo que me mandaban antibióticos y analgésicos. Entonces me ponía mejor.

No transcurría una semana, cuando volvía a empeorar. Apareció una tos rebelde que no se iba con nada y tras varias visitas de nuevo al médico, mi madre exigió una prueba. Algo tan simple como una radiografía mostró el terrible proceso. Fuimos al servicio urgencias del hospital y tres días más tarde estaba ingresado en el ala de oncología del Hospital Virgen del Rocío.

Muchos médicos, que fueron excelentes conmigo, participaron en mi estancia y cambiaron algo en mi interior. Eran la materialización de lo que imaginaba ser de pequeño. Cada uno a su manera, me proporcionaron una visión de la medicina que yo desconocía, la preocupación y el cuidado de las personas, cuánto debe saber un médico, la devoción a su trabajo… Entonces ya tuve lo tuve claro: iba a ser médico de mayor.

Pero pasó el tiempo y llegó una época turbia de mi vida. Segundo de Bachillerato constituyó el año más raro en mi vida. Ocurrieron una serie de acontecimientos que me desconcertaron y no me permitieron ser yo mismo. Tomaba decisiones equivocadas a todas horas y me alejaba de mi objetivo cada vez más. De hecho ya no quería ser médico. Ni quería ser nada. No sabía que quería.

Por suerte, la orientadora de mi instituto me dio un consejo brillante: no te cierres puertas, si no tienes claro qué hacer, haz algo que te guste y que te permita en un futuro retomar tus sueños. Y así lo hice, me matricule en el Grado Superior de Laboratorio de Diagnóstico Clínico.

Me encantó. Sólo hablábamos del cuerpo humano, de técnicas de laboratorio, de pruebas analíticas y de enfermedades. Me maravilló a tal punto que a las pocas semanas decidí retomar mi rumbo: sería médico. Podría escribir muchísimas líneas sobre todo lo que me aportó esta época de mi vida, pero me alejaría del tema.

Tras dos años, cautivado por esta formación, terminé. Tenía una buena nota, así que pude matricularme en medicina. Ahora me quedan meses para terminar y me siento contento y orgulloso de mí mismo.

Así que, ¿por qué estudiar medicina? Porque siempre ha sido mi ilusión.


Víctor Manuel Sández Montagut.
6º Medicina. HUNS Valme.

Fue con gran orgullo que mis padres me ayudaron a perseguir mi sueño de estudiar medicina, aunque para ellos lo importante era que estudiara y trabajara en lo que a mí me hiciera feliz. Sofía Pimentel Diniz.

Creo que puedo decir que una de las grandes razones por la que escogí estudiar medicina fue gracias a los dos buenos ejemplos que tengo en mi casa y que siempre han sido mis referencias. Desde siempre que las conversaciones en mi casa son muchas veces sobre medicina, el hospital, los pacientes y las enfermedades. A pesar de todos los problemas que podían tener en el trabajo mis dos ejemplos siempre hablaron de la medicina con mucha dedicación, amor y orgullo por lo que hacían y siempre han sido grandes defensores de la salud pública. Creo que fue así, que ellos, de forma inconsciente, hicieron que pronto me enamorara de la medicina.

A pesar de haber pensado en otras profesiones como posibilidades para mi futuro - la gran mayoría relacionadas con la salud- nunca hubo ninguna que me llamara más que la medicina. Fue con gran orgullo que mis padres me ayudaron a perseguir mi sueño de estudiar medicina, aunque para ellos lo importante era que estudiara y trabajara en lo que a mí me hiciera feliz.

Y llegar hasta aquí no fue nada fácil… tuve que abdicar de muchas cosas, entre ellas mi casa, mi familia, mis amigos y mi país. Después vinieron los años duros de la facultad, estudiando más que todos mis amigos en otras carreras, siendo incomprendida cuando decía que no podía quedar con ellos porque tenía que estudiar… la medicina exige mucho de uno mismo, consume  muchas horas de nuestra vida, muchas horas de preocupación, muchas horas de estudio y muchas horas de no poder hacer lo que me apetece… pero a pesar de todo eso, lo que viene después compensa muchísimo! Al final vamos a hacer lo que yo considero como una de las profesiones más nobles del mundo: ayudar a quienes más lo necesitan! No hay nada más gratificante que saber que de alguna forma hemos ayudado a resolver el problema de una persona, a curar una enfermedad, a aliviar un dolor, o simplemente a escuchar sus preocupaciones.

Sé que lo que el futuro me reserva no será nada fácil pero espero dar lo mejor que pueda todos los días, aprender con los errores, esforzarme cada día más y ayudar lo más que pueda a cada una del personas con quien me cruce. Espero no perder nunca las ganas ni la motivación, no amargarme nunca ni hacer lo que infelizmente he visto algunos médicos hacer… tratar mal a sus pacientes y a sus estudiantes. No somos nosotros (estudiantes), ni los pacientes- ni tampoco los médicos! -  los responsables por todos los problemas de la sanidad pero me gusta creer que si todos damos lo mejor de nosotros mismos cada día, podemos mejorar la situación o por lo menos hacerla un poco más llevadera.

"Dar el ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera."  Albert Schweitzer

Sofia Pimentel Diniz. Alumna de 6º curso de la Facultad de Medicina de Sevilla.

No creo que haya solo motivos para querer empezar a estudiar medicina, hay motivos para querer continuar y ejercer la Medicina. No sólo me alegro de que me gustara en el momento de decidir, si no que a día de hoy me siga gustando.

Mi relación con la medicina no se inició por ningún tipo de “herencia familiar”, si no con algo tan sencillo como ver una serie de dibujos animados como “La vida es así “y acribillar a preguntas a mis padres acerca de todo lo que veía en esa serie y me interesaba. Viendo mi interés, me regalaron un maletín de médico de juguete. A partir de aquí, se puede decir que continuó mi interés por la medicina.

A lo largo de los años, se fue definiendo ese deseo de querer estudiar medicina. Recogía no sólo los conceptos de Ciencias de la Salud que tanto me había interesado, también poder ayudar e intentar mejorar la salud o padecimientos de los demás desde la profesión que me gustaba. 

Si, eso de “ayudar a los demás” y “salvar vidas” queda muy ético de cara a la galería y en mi mente de 18 años. Pero a día de hoy, tras cinco años y medio de estudio, te das cuenta de que estudiar Medicina y ser médico no es solo dos frases bonitas, propias de concurso de Miss Universo. Es mucho más: Es saber escuchar al paciente y a la familia, y no limitarte a escribir una Historia Clínica en un ordenador, disfrutar de la primera vez que te enseñan a lavarte en quirófano, hacer un tacto rectal o auscultar a tu primer bebé . No es solamente aprenderte la etiología, el diagnóstico y el tratamiento y decírselo al paciente como si del Harrison se tratara, he aprendido a que hay que coger papel y bolígrafo, pintarle una técnica quirúrgica y explicárselo. 

Puede que a veces, no haya tenido las mejores prácticas, que a veces nos limitemos a seguir a los médicos por los pasillos y que en estos años nos hayamos encontrado médicos a los que no nos queremos parecer y otros que serán nuestro referente a seguir. Si hemos sabido aprovechar y disfrutar los buenos momentos, realmente compensa y merece la pena esta carrera tan sacrificada.

No creo que haya solo motivos para querer empezar a estudiar medicina, hay motivos para querer continuar, seguir estudiando y ejercer la Medicina. No vale la pena continuar sin una motivación. No sólo me alegro de que me gustara en el momento de decidir, si no que a día de hoy me siga gustando.

Hoy, ya en 6º y a menos de 5 meses de graduarme puedo decir que no me equivoqué eligiéndola.

Alumna de 6º curso de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla.

El apoyo de mis padres fue vital para mí. Ellos sabían que era feliz y me dejaron decidir en todo momento.

Una nueva etapa en mi vida se acaba y comienza otra mejor, siempre mejor. Llegados a este momento, doy gracias por haber decidido estudiar medicina. Yo no soy de las personas que lo tenían claro. Mi vida iba encarrilada hacia otro lado que nada tenía que ver con la medicina.

Con tres años comencé a bailar y seguí con mi formación en danza hasta finalizar el Grado Medio en Danza Española. Compaginaba la danza y los estudios con buenas calificaciones en ambas. Era muy feliz con lo que hacía y no me suponía ningún esfuerzo. Al terminar el Grado Medio pensaba seguir bailando y estudiar algo relacionado con la salud que me permitiera continuar en el baile. Me gustaba la fisioterapia ya que era una carrera de tres años que podría sacármela a mi ritmo, dándole prioridad a lo que realmente me gustaba, la danza.

Por el baile tuve que estudiar el bachillerato nocturno y ahora pienso que me arriesgué mucho, ya que si no hubiera sacado suficiente nota no estaría escribiendo estas líneas. Durante los dos años de bachiller estuve de un lado para otro continuando mi formación en danza. En ese momento me detuve a pensar si esa vida era la que realmente quería llevar en un futuro y si no me arrepentiría de lo que iba a hacer. Muchos recuerdos y pensamientos me invadían y reparé en algo que me dijo un médico rehabilitador tratándome una lesión que tuve a consecuencia del baile: si tienes buena nota y puedes llegar más alto, ¿por qué no lo vas a hacer?

El baile era y es lo que más me gusta en el mundo pero no lo veía un buen futuro pudiendo tener otro mejor. Finalmente decidí estudiar medicina con el pensamiento de especializarme en Rehabilitación y Medicina del Deporte y así poder relacionarme de alguna manera con el baile tratando las lesiones que se producen en los bailarines. Por este motivo entré en medicina.

Con el paso de los años fue imposible compaginar la carrera con mi nivel en danza. No tenía tanto tiempo para dedicarlo a bailar, así que lo dejé por la medicina. Al principio pensé que me había confundido y que estaba “loca” pero con el paso de los años piensas fríamente y sabes que el baile siempre estará ahí, mi formación la tengo y volveré a retomarlo, aunque la melancolía siempre queda.

A día de hoy no tengo tan claro que llegue a estudiar rehabilitación porque hay muchas más especialidades que me gustan. Me siento orgullosa porque sé que hice lo mejor y, aunque no haya sido fácil llegar al final, he descubierto la profesión más gratificante que existe.

Para terminar y como reflexión pienso que el apoyo de mis padres fue vital para mí. Ellos sabían que era feliz y me dejaron decidir en todo momento. De esa forma yo elegí el momento de cambiar mi vida cuando me conciencié que eso no era lo que realmente quería. Siempre actué como sentía, así que hoy estoy orgullosa de lo que hice y lo que hago porque yo lo quise así.

Tú, que estás leyendo este blog y buscas motivos para estudiar Medicina, no te voy a decir que esto es vocacional como dice todo el mundo.

Nunca me planteé si estudiar Medicina o no, simplemente sabía que lo haría porque es lo que me haría feliz. Mi madre me decía que con lo aprensiva y sensible que yo soy, que me afecta mucho todo, que me voy a creer que tengo todas las enfermedades del mundo, que soy muy histérica y me pongo muy nerviosa para los exámenes, para estudiar, que me iba a volver loca de ahí a seis años… Mamá, estabas equivocada. 

Puede ser lo típico, pero yo empecé Medicina por el hecho de AYUDAR y hacerlo en todo lo que pudiera. Tenía claro que si no entraba en Medicina entraría en Enfermería, y no había ninguna otra opción, quería ayudar evitando la enfermedad, sanando y cuidando a las personas. Como tuve capacidad, fuerza y superación para sacar nota para Medicina, aquí me encuentro hoy escribiendo esto. Yo creo mucho en que las cosas pasan por algo, y creo que si me dieron esta capacidad de estudiar, de retener, de aprender, de comprender, de escuchar, de querer hacer a la gente feliz, creo que este es mi sitio, y no lo he dudado en ningún momento de la carrera.

Mi padre es médico y le he visto trabajar mucho y dormir poco, muchas guardias, muchas noches fuera de casa, muchos juicios y muchas horas delante del ordenador haciendo informes, pero aún así él siempre me ha animado, haciéndome ver que todo esto merece la pena; y si un médico dice eso, es por algo. Que la familia acuda a ti, que cuando se encuentren mal la primera persona en la que piensan en llamar sea a ti, puede ser la mejor forma de demostrarte que confían en ti y confían en que alivies su dolor, y eso es realmente bonito y es lo que engrandece esta profesión.

En estos seis años he aprendido que debo de disfrutar del camino, y no solo fijarme en la meta. No creo que en unos meses acabemos, creo que empezamos algo nuevo, cosas muy bonitas y no tan bonitas nos esperan, pero como digo, hay que disfrutar y aprender de todo lo que nos va llegando. No quiero ser una médico que tenga siempre la cara larga, que vea a sus pacientes como simples enfermedades y que esté muy quemada de su trabajo. Siempre he sabido que quiero ser médico y siempre he sabido qué clase de profesional quiero ser.

Tú, que estás leyendo este blog y buscas motivos para estudiar Medicina, no te voy a decir que esto es vocacional como dice todo el mundo (y en cierta manera yo también lo pienso), no te voy a decir que es la carrera más bonita del mundo (que para mi la es), simplemente decirte que si de verdad quieres dedicarte a esto trates bien a las personas siempre, aún cuando lleves 30 años de profesión y la rutina te alcance. No tratamos enfermedades sino enfermos, y cada persona se merece que nos desvivamos por su bienestar y su felicidad.

Después de estos años mi madre es la que más orgullosa está de mí, la que acude a mí, la que más se alegra cuando apruebo un examen y ve que todo el esfuerzo ha merecido la pena… 
Mamá, HE PODIDO, y puedo con mucho más.

Alumna de 6º Medicina de Valme. Universidad de Sevilla.

Bailarina, granjera y veterinaria. Eso es lo que yo quería ser de mayor. Por Irene PG

Eso es lo que yo quería ser de mayor. Nunca me atrajo la medicina. Es más, me repugnaba la sangre desde que fui pequeña. Mis hermanos conseguían martirizarme sólo con mostrarme las venas de Sus antebrazos dilatadas en un día cualquiera de verano. Y yo chillaba de como una tonta chivándome a mi madre. Es más, en primero de bachillerato estuve al borde del síncope el día que toco estudiar el tema de aparato cardiovascular. Llegó segundo y tocaba elegir. ¿Medicina? ¡Ni Hablar! No tenia mala nota pero aparte de mis problemas con la sangre reconozco que siempre he sido de ir contracorriente y me producía una especie de escozor el fanatismo que había en mi por clase por estudiar medicina sólo por el hecho de tener nota para Hacerlo.

La idea de ser bailarina había quedado descartada hacía muchos años. De hecho nunca había hecho ballet y mi trasero me había negado desde niña cualquier posibilidad de mantener el centro de gravedad en un relevé. Lo de Granjera me resultaba aun más gracioso. Yo era una chica de ciudad, pero siempre me habían gustado los animales y su sangre no me impresionaba. Así que todo parecía claro. Veterinaria. No se que jugada del destino hizo que cambiase la preinscripción en el último momento y pusiese fisioterapia en primer lugar antes que veterinaria. De hecho no sabia bien ni que era la fisioterapia. Sólo que duraba 3 años y que podría estudiarla en Salamanca. Suficiente.

Curse fisioterapia. Para mi desagrado ... ¡Ahí también había sangre! Pero para mi sorpresa, el intento constante para mantener hizo que llegase a tolerarlo bastante bien. La carrera me gustó mucho, pero según iba avanzando me daba cuenta de que las asignaturas vinculadas a la medicina arrastraban todo mi interés. Aun recuerdo unas navidades en las que me llevé un Harrison de la biblioteca solo para leer algunas páginas por puro placer. La medicina me estaba Buscando.

Terminé fisioterapia y sólo contemplaba la opción de medicina. Y aquí estoy. Teniendo en cuenta mi particular antesala de la carrera, estudiando mi "Año noveno" de medicina. Cansada a veces, entusiasmada siempre.

La historia nunca es tan fácil como parece cuando queda resumida un a u as líneas. No digo Que no habido haya habido lágrimas por el camino. Digo que las que he derramado con gusto. Dicen que para correr primero hay que caminar. Siento Que aun estoy caminando y tengo unas ganas tremendas de empezar correr.
Pero sí puedo decir tranquilamente que estoy disfrutando mucho del paseo. Seis años son mucha vida y no todo es medicina. He crecido más a lo ancho que a lo largo. He tenido de la compañía y el apoyo constante del que ha venido a llamarse mi novio. He compartido piso con una mujer de 90 años. He hecho muy buenos amigos. ¡Incluso he hecho ballet!

En estos últimos dos cursos en los que a veces flaquean las fuerzas, releo las palabras de una carta de esas escritas a mano, que me Llegó Hace un año: "Gracias por esos largos días estudiando. Gracias por elegir esa profesión"

Sí. En estos seis años he perdido a una amiga por una leucemia. Y cuando por momentos no encuentro el sentido a la medicina si al final, es la muerte la que gana, son sus propias palabras las que me lo devuelven de un soplido.

Bailarina, granjera y veterinaria. La instancia de parte puramente biomédica de la medicina ... ¿Acaso no es lo mismo la "veterinaria del ser humano"? ¿Y no es la medicina también un arte? ¿No es Una danza? Al final, mi "yo pequeña" no estaba tan desencaminada. Bueno, me queda la de parte de granjera. Quizás descubra la relación dentro de unos años. Esto sólo es el principio.

Después de una tarde escribiendo me doy cuenta de que sólo he contado una historia como otra cualquiera de los pasos que me han llevado a estar aquí, en sexto de medicina. Pero ¿cuales son los motivos para estudiar medicina? ¿Es el anhelo por el conocimiento de la fisiopatología? ¿Es el placer de la aplicación inmediata de la ciencia sobre un o? ¿Es ser partícipe de la estrechísima relación entre lo humanístico y lo científico? ¿Es poder llegar a trabajar directamente en algo tan intimo y valioso de como la salud de las personas? Todo esto es importante, pero admito que nada de eso me motivaría a estudiar medicina. ¿Entonces qué es?

Hago una breve pausa para merendar. El chocolate cada vez me gusta más. Negro y con almendras. Intento saborearlo mientras mi gato me muerde una mano con insistencia pidiendo juego. Me hace bastante daño pero se lo perdono ... por todas esas horas de compañía mientras estudio y esos buenos ratos desconectando corriendo los dos locos por toda la casa. El dulzor del chocolate se pasea por mi garganta justo cuando me quito al gato de encima para darle un beso. Entonces lo entiendo. ¿Motivos para estudiar medicina? No tengo. No hay motivos ni razones para aquello que se ama.

Alumna de sexto curso de medicina. Hospital Universitario de Valme. Sevilla

¿Por qué decidí estudiar Medicina?. Por Alejandro Medina Guillén

En primer lugar he de decir que no es fácil explicar por qué decidí estudiar Medicina. Y no es fácil explicarlo precisamente porque la decisión no fue fácil. Es de suponer que ninguna decisión es fácil en la vida pero una de esta trascendencia y que macará tu devenir para siempre podríamos decir que lo es aún menos.

Pongámonos en contexto: verano de 2008. Había hecho un buen Bachillerato (en Ciencias de la Salud) y una gran Selectividad. Esta última mucho mejor de lo esperado, lo cual propició en cierta medida "a posteriori" mi decisión final. Durante el Bachillerato barajaba varias ideas en mente. Casi como todo el mundo, creo. Por aquel entonces me gustaba la Medicina, la Química, la Biología, la Biotecnología, la Farmacología e incluso la Ingeniería Informática (aunque esta última preferencia era un poco más remota, lo confieso). Una cosa tenía clara: me gustaba la Ciencia, en mayúsculas, y por tanto sabía que la carrera que cursara posteriormente había de ser de ciencias sí o sí. Hubo muchos compañeros en el Bachillerato de Ciencias de la Salud que tras acabarlo decidieron optar por carreras de Económicas o de Ciencias Sociales, lo cual es sin duda alguna muy respetable, pero yo sabía que eso no iba conmigo.

Aparte, yo no soy de los que se encasillan en una idea y de ahí no salen. Si no que tengo siempre abierto un abanico de posibilidades y de preferencias en mi cabeza para cuando llegue el momento de tomar la decisión final (algo parecido me está pasando ya con la especialidad que quiero hacer tras el examen MIR). A lo mejor es por esto que me cuesta más tomar las decisiones. Porque imagino que el que sólo quiere A, si consigue sólo B, rechazará B para seguir luchando por A. Pero si por el contrario te gustan muchas letras del abecedario…

Seguimos avanzando. Había acabado Bachillerato, Selectividad y ya sabía mi nota final. Ahora es realmente cuando llegaba el momento de tomar la decisión. El momento de ponderar y reflexionar. El momento de los pros y los contras. Los pros de la Medicina eran que me encantaba, que tenía un gran prestigio social, el hecho de la satisfacción personal a la hora de curar o salvar la vida de un paciente (esto es único de nuestra profesión) y también, por qué no decirlo, el casi inexistente paro dentro del sector que había por entonces en nuestro país (aunque esto último ha cambiado para mal desafortunadamente) además de contar con un salario bastante decente. Por el contrario, los contras eran la larga duración del proceso formador (6 años de carrera + 4 de MIR como mínimo) y el no dejar nunca de “actualizarse”, es decir, en Medicina nunca puedes dejar de estudiar porque tal técnica que hoy en día es la “crème de la crème” y en la cual eres buenísimo dentro de 10 años ya está obsoleta y no se usa, y existen otras técnicas más modernas que has de aprender a usar. Los médicos somos estudiantes desde que comenzamos la carrera hasta que nos jubilamos y esto era un factor muy a tener en cuenta.

Por otra parte el resto de carreras que me gustaban también ofrecían evidentemente sus pros y sus contras. El pro en la mayoría de ellas era su menor tiempo de formación/aprendizaje (3 ó 5 años), su menor dificultad y su menor dedicación personal. Mientras que los contras solían ser un más que dudoso futuro profesional y una tedia monotonía diaria sin muchos sobresaltos.

Mis padres y mi familia me decían que estudiara lo que quisiera y me gustara, lo cual obviamente estaba muy bien, pero por aquel entonces no ayuda demasiado, honestamente. Por otro lado mis amigos y compañeros del instituto me decían que estudiara Medicina, que tenía “cara y letra de médico”. En fin, lo de la letra me lo puedo imaginar pero sigo sin saber qué es tener “cara de médico” a día de hoy. Pero insistían, me decían que la tenía y que no dejara escapar la oportunidad, que no me arrepentiría. Así que tras varias semanas de reflexión (las que hay entre saber tu nota final y tener que realizar la solicitud a través del Distrito Único Andaluz) y de consultar con mis fueros internos, decidí hacerles caso y sobre todo hacerme caso a mí mismo y decidí estudiar Medicina.

Y seis años después puedo decir con total seguridad que no me arrepiento en absoluto. Más bien todo lo contrario. Me alegro y mucho. Y aunque a veces haya asignaturas que no me gusten, considere absurdas o incluso se me atraganten, tengo la sensación de haber elegido bien, de no haberme equivocado. Tengo la sensación de que me gusta cada día más lo que hago, de tener y haber desarrollado una vocación para ello, pero especialmente tengo la sensación de que la Medicina me deparará a mí, y por extensión también a todos mis compañeros de Facultad, grandes momentos y vivencias personales en el futuro a lo largo del desempeño de nuestras carreras profesionales.

Alumno de 6º de Medicina del Hospital Universitario de Valme. Sevilla

Escribir estas líneas me ha ayudado a recordar de nuevo porque estoy aquí, porque decidí elegir este camino y esta forma de vida.

Todo se remonta a mi infancia. Recuerdo que por diversos motivos de salud era muy asiduo a las consultas médicas. Quizás por eso me interesaba más por esta profesión que por cualquier otra cosa, ya que cada vez que iba al médico mi salud mejoraba, pero no mejoraba la de todo el mundo. Por lo que me surgió la gran pregunta ¿por qué unos se curan y otros no? ¿Por qué a unos les basta con dos visitas al médico y otros han de estar continuamente y no mejoran? Ese fue el motivo por el que comenzó a gustarme esta profesión, para ayudar a aquellas personas a las que mejorar su salud fuese realmente complicado. Recuerdo momentos en los que iba paseando de la mano de mi madre, con unos 4 añitos y unos 120 cm de altura y la gente con la que se paraba a hablar me preguntaban, “y tú ¿Qué quieres ser de mayor?” “Médico” les respondía, “Médico de esos que consiguen que la gente no se muera nunca”. Evidentemente sus caras reflejaban una sonrisa, a sabiendas de que la muerte era algo inevitable, pero para un niño de cinco años como yo no había nada imposible.

Fui creciendo y conforme pasaban los años me sentía más atraído por las asignaturas relacionas con el cuerpo humano. Me parecía fascinante el hecho de conocer parte de la anatomía y fisiología humana. Me atraían muchísimo más que las matemáticas, la historia o cualquier otra asignatura. Tras una adolescencia con ídolos futbolísticos, estrellas de la música y grandes comentaristas deportivos,  de golpe me planto en los 16 años, con la ESO terminada y con una idea clara en la cabeza. Quiero ser médico.

Tras pasar los años de Bachiller y selectividad me encuentro con una nota que no me permitía estudiar la carrera en mi Región de Murcia natal. Podía estudiar cualquier otra cosa en Murcia, pero no podía hacer la carrera que yo quería, lo cual era algo frustrante, ya que tenía un objetivo bien definido desde pequeño que no podía conseguir.  Fue entonces cuando me planteé la posibilidad de irme a otro lugar. El deseo de estudiar esta carrera era muy fuerte y eso hizo que un chico que nunca había salido de su pueblo se plantara en una ciudad como Sevilla para estudiar medicina, dejando familia y amigos a más de 500 Km de distancia. “No lo hagas”, me decían algunos “quédate en Murcia y estudia cualquier otra cosa” “Es una carrera complicada para estar tan lejos de casa”. Las ganas que tenía podían con todas esas frases y con otras más. Así empezó todo.

Sin embargo, conseguir estudiar lo que quería era solo el principio. La carrera no ha sido un camino fácil y bonito, pero las ganas y la ilusión que tenía contrarrestaban todo eso. Seis años dan para muchas cosas. En seis años vas a esforzarte mucho pero las cosas te pueden ir mejor o peor, puedes ver como no consigues recompensas a muchos de tus esfuerzos, años en los que desearías estar más cerca de tu familia, temporadas en las que tu motivación está por las nubes y otras en las que te cuesta encontrarla, momentos muy buenos y otros en los que te sientes estancado porque no ves el final... Pero todas esas experiencias se resumen en una palabra: CRECER. Crecer como persona y como futuro profesional médico.  Eso es lo que me ha aportado esta carrera. Saber que no todas tus actuaciones van a tener recompensa, saber que siempre vas a tener que luchar, saber que van a haber momentos difíciles cuando nos enfrentemos a los pacientes, que no siempre vamos a poder solucionar su problema, pero que SIEMPRE vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos para ayudarle.

Decía John Lennon que “la vida es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otras cosas”. Quizás sea la frase que mejor resuma estos seis años. Entre exámenes, escaso tiempo libre, agobios, asignaturas con mayor o menor utilidad, prácticas en las que aprendes mucho y otras en las que te hacen sentir como un cero a la izquierda, me he dado cuenta que tras estos años he crecido como persona y como médico, que puedo mirar a los ojos y saber si algo le preocupa al paciente, que no todas las personas se curan con un tratamiento farmacológico, que en medicina 2+2 no siempre son 4. En definitiva, que la medicina no es solo conocimiento, sino que más bien es saber adaptar esos conocimientos a la individualidad de cada paciente, con el único objetivo de ayudarle.

Escribir estas líneas me ha ayudado a recordar de nuevo porque estoy aquí, porque decidí elegir este camino y esta forma de vida. Ahora que ya está cerca el final solo me queda buenos recuerdos y momentos que nunca olvidaré. La experiencia ha merecido la pena. Estoy a unos meses de conseguir mi objetivo, de cerrar una etapa que a su vez es el inicio de otra diferente. Después de 20 años tengo todavía en mi cabeza a ese niño de preescolar que decía “quiero ser médico de los que ayudan a la gente”. Ese niño  (algo crecido) está a un solo paso de lograrlo.

Emilio Sánchez Fernández. Alumno de sexto de Valme 2013-2014

Me siento muy afortunado de haber escogido dicha carrera y poder poner mis conocimientos al servicio de las personas

Realmente no tengo ningún motivo en especial por el cual empecé a estudiar Medicina. Recuerdo que desde que tengo uso de razón,  me despertó el interés por la medicina y eso que no tenía nadie en mi círculo que tuviera que ver con el mundo de la sanidad. Supongo que seria el gusto por ayudar a los demás, lo que consiguió que naciera el deseo en mí. Después de casi 6 años y estar en la recta final de mis estudios, puedo decir que me siento muy afortunado de haber escogido dicha carrera y poder poner mis conocimientos al servicio de las personas. Han sido 6 años muy duros, con un sacrificio inigualable seguramente al resto de carreras que pudiera haber cursado, pero que seguro tendrán su recompensa. Después de 3 años en los que solo te empapas de conocimientos generales de la profesión y se hace más tedioso, cuando empiezas  4º y contactas con el día a día de un hospital y sus pacientes, te das cuenta si vales o no para esto.

En mi opinión, el buen medico es aquel que independientemente de solucionar el problema de las personas con sus conocimientos, debe tratar al paciente como un semejante a el, comprenderlo, escucharlo y tener empatía con él y sus circunstancias. Cansa ver a profesionales de la sanidad, tener un trato descortés y altivo con los pacientes y usuarios de la sanidad. Por suerte, estos casos son puntuales, pero es algo que tengo claro que habría que erradicar. A las puertas de terminar, se nos abre por delante el camino mas bonito de esta profesión, previa realización del examen mas importante de mi vida (MIR), en el que disfrutaremos con el día a día en el hospital y la experiencia que se va ganando paciente a paciente, acompañado de malos momentos que seguro habrá. Ser medico es serlo 24 horas al día 365 días al año y quiero y me siento preparado para serlo. Me gustaría recalcar que detrás de un número de habitación o “el del infarto “, hay una persona que pone todas sus esperanzas en que podamos ayudarle a superar su enfermedad.
Alumno 6º Medicina Hospital de Valme (2008-2014)

La medicina te conmueve, porque no se trata de números, ni de términos, ni siquiera del binomio salud-enfermedad; su trasfondo y su razón de ser son el ser humano.

Para ser honestos, no recuerdo una razón en concreto que me empujara a estudiar medicina.  En cambio, algo que sí recuerdo es que me atrajo desde siempre. Antes de empezar la carrera, mi amor por la medicina era un amor platónico, idealizado. Sólo podía imaginar qué sería la medicina, sin ser del todo consciente de lo que en realidad es. Entonces comenzó mi aventura, y la descubrí como algo fascinante y extenuante al mismo tiempo, capaz de hacerme sentir eufórica, frustrada, viva, derrotada, pero sobre todo, afortunada. Cuántas veces, a lo largo de estos años de entrega, he pensado en cómo de perfecta puede llegar a ser la maquinaria del ser humano, y con qué facilidad puede venirse abajo, con qué facilidad la enfermedad puede convertirnos en seres frágiles. Sólo estudiando medicina podría haber adquirido esta nueva perspectiva.

La medicina, tiene en realidad mil caras.  La describiría más como la más científica de las humanidades, que como la más humanística de las ciencias. La medicina te conmueve, porque no se trata de números, ni de términos, ni siquiera del binomio salud-enfermedad; su trasfondo y su razón de ser son el ser humano. En mi caso, si alguna vez tuve dudas acerca de si medicina sería la carrera adecuada para mí, todas ellas se han desvanecido, porque no creo que haya otra carrera que me infunda la misma pasión;  ni la sensación de saber que sé, pero aún no lo suficiente, nunca lo suficiente, que es el leitmotiv de esta obra en que se ha convertido nuestra vida gracias a la irrupción de la medicina en ella. En una de mis películas favoritas, la protagonista recibe el siguiente elogio: “Eres un sueño hecho realidad, llena de vida, de ardor, de encanto”. Pues bien, esto mismo es justamente lo que la medicina significa para mí. 

Alumna de 6º curso de la Facultad de Medicina de Sevilla. Hospital Universitario de Valme. 

“¿Qué quieres ser de mayor?”. Yo médico.

¿Y ya has visto muertos? – te preguntan todos cuando saben que has empezado a estudiar Medicina. Te marca. Es algo que señala un antes y un después en tu vida. Se queda la fecha grabada para la posteridad. Porque vas engañado, porque vas creyendo que la Medicina te va a durar (si todo marcha bien) seis años, y la Medicina una vez que entras ya no te deja salir.

Yo me recuerdo de pequeño viendo series de dibujos sobre el cuerpo humano, y a mi padre comprándome los fascículos de la colección, que aún están aquí guardados. Me recuerdo con un microscopio como regalo de Reyes mirando las células de la cebolla o una gota de mi propia sangre. Y creo que siempre lo tuve más o menos claro desde que me empezaron a preguntar “¿Qué quieres ser de mayor?”. Yo médico. Y yo, que conocía la medicina por haber sido paciente desde los 7 años, me empeñé en ponerme al otro lado del fonendo. 
Sí, llevan razón, cuando entras piensas que te has equivocado. Sí, llevan razón, cuando entras piensas que eso no es Medicina. Estadística, Ética, Física, Biología, Historia… Pero los motivos para estudiar Medicina no están en la Licenciatura, ni el Grado. Los motivos para estudiar Medicina no los tienes entre tus apuntes, ni en los libros, ni las horas de estudio para cualquier examen escrito sobre un cartón en el Aula Magna. El principal motivo para estudiar Medicina es la sonrisa del paciente al abandonar la consulta.

Es sacrificado, sí. Pero merece la pena. Sea quien sea el que esté leyendo esto, quiero decirte que merece la pena. No voy a decirte como se estudia la Medicina, ni como son las prácticas en tal o tal sitio, ni como de horrible son los temarios de cada asignatura, porque eso no es lo que cuenta. ¿Tanto importa la nota que acompañe a tu nombre después de cada examen? ¿Para qué? ¿Te hará eso mejor médico? No es mejor médico quien más sabe (aunque no podemos olvidar que es necesario saber Medicina), sino quien mejor comprende al enfermo.

“Nadie va al médico por gusto”, he oído decir alguna vez. Si alguien acude a ti como médico es porque necesita tu ayuda y cree que eres el apropiado para solucionarle, o al menos aliviarle, sus problemas. De nada sirve mucho conocimiento teórico aquí si no sabemos comprender al paciente y ponemos todo de nuestra parte para ayudarle. Eso sí es la Medicina.

No te cuestiones si estudiar o no Medicina por lo que leas u oigas sobre los años que pasas en la facultad. Si realmente quieres dedicar tu vida a ayudar a los demás, este es tu sitio. Porque se consigue. Que sí, que te entiendo, que muchos dicen que es muy difícil… pero incluso quien dice eso acaba siendo médico.

A ti, que has llegado aquí porque dudas si estudiar Medicina o no: Es muy sencillo. Cierra los ojos y piensa “¿Quiero sacrificar mi vida por ayudar a los demás?” Si has respondido que sí, no te lo pienses más.

A ti, que estás estudiando Medicina y has llegado aquí en un momento de frustración. ¡Ánimo! Porque lo acabarás consiguiendo, porque aunque sea duro sabes que es el camino para el futuro que quieres, porque cuando termines de estudiar en la Facultad te darás cuenta que esto no ha hecho más que empezar, lo mejor aún está por llegar.

A ti, médico (o casi, si eres de sexto). No olvides nunca que es el paciente el que ha venido a pedirte ayuda. Que te necesita, y que espera mucho de ti. Trátalo como se merece y haz que la Medicina no sea sólo Química y Biología, porque vas a tratar enfermos, no enfermedades.

¿Por qué estudiar Medicina? Porque cuando tengas la sensación de que has sido útil para ayudar a alguien que lo necesitaba no la vas a olvidar jamás.

“El más grande de los exámenes no es escrito, es el que se hace a la cabecera del enfermo”
ASG Estudiante de Medicina de la Universidad de Sevilla. Curso 2013-2014.

Sí has decidido estudiar medicina, lo que si te puedo decir, y créeme que te lo digo de corazón, es que, con los años, te darás cuenta de que, sin saberlo, estabas tomando la decisión correcta.

No soy la persona más adecuada para convencerte de que estudies Medicina. No soy la más indicada para decirte que, desde un principio, luches por lo que quieres, porque yo, cuando estaba en tu situación, no lo sabía. Nunca tuve motivos para entrar en Medicina, simplemente fui una de las afortunadas con cabeza y muchas horas de estudio a la espalda cuya nota daba para entrar, y eso, sumado a la indecisión del momento, me hizo solicitar esta carrera.

Lo que si te puedo decir, y créeme que te lo digo de corazón, es que, con los años, te darás cuenta de que, sin saberlo, estabas tomando la decisión correcta. Y aunque te llevará los tres primeros cursos, y unos cuantos suspensos, no te rindas, comenzarás a ver la luz.

Yo llegué aquí, a Sevilla, hace exactamente 5 años y medio. Dejé a unos cuantos cientos de kilómetros toda esa vida que me había costado 18 años formar (con mucho esmero) y me vine completamente sola. No conocía a nadie, ni tenía ningún apoyo, pero eso nunca fue un problema. Este será el mayor consejo que te daré: nunca serás nadie si no estás bien rodeado, si no tienes cerca a personas que te apoyen incondicionalmente y que sufran en tu lucha como el que más. Y por mi parte, de buenas gentes voy sobrada. Gracias a ellos estoy a unos meses de ser MÉDICO y, aunque no lo sepan, ni se lo recuerde muy a menudo, gran parte de este camino se lo debo a ellos.

Y es que la Medicina te va a aportar todo aquello que necesites en tu vida: la autoestima suficiente para saber que, si has podido con esto, puedes con cualquier cosa. La fuerza para seguir adelante después de todos los pasos que ya has dado. El valor para enfrentarte a lo que te venga, la sabiduría para conseguir lo que te propongas, la paz de saber que ayudas a todo aquel que puedes. Las emociones de acompañar a personas en su estado más vulnerable, de saber que te agradecen todo y más, de conseguir sacarlos para delante. El orgullo de saber que hay gente que, sin conocerte, te agradecerá el resto de su vida lo que hiciste por su padre, su hija, su marido… Te dará alegrías, te dará disgustos, y habrá días en los que será mejor no haberse levantado… Pero también habrá días grandes, días en los que hagas feliz a muchas personas, simplemente con un tratamiento, unas palabras adecuadas en el momento justo, un gesto de compresión o una muestra de que, siempre que puedas, estarás a su lado. Y creo que, por todo eso, merece la pena más que de sobra que empieces esta aventura. Querrás llorar, querrás abandonar y echarte atrás, y te acordarás de mí y del maldito día en que mis palabras te motivaron para elegir tu futuro. Pero entonces, en alguna práctica, subirás al hospital y algún paciente te sonreirá, y te dará las gracias simplemente por haber ido a su habitación a ver qué tal va, y te dirá “seguro que vas a ser un gran médico”. Y todas esas horas de estudio, todas esas lágrimas derramadas, todos esos nervios sufridos, habrán pasado a ser historia. Y te sonreirás, y te acordarás de cuando te dije “no desesperes, créeme, estas tomando la decisión correcta”.
Alumna de 6º curso de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla.

Me gustaría poder recordar siempre estos momentos y nunca olvidar que yo también fui ESTUDIANTE, si algún día tengo alumnos poder brindarles las mejores prácticas posibles, ya que esto puede ser un aliento como lo fue para mí en medio de tanto estudio.

Desde temprana edad ya decía que quería estudiar medicina, pero claro esto dejó de ser la típica tontería que va diciendo un niño, cuando empecé a profundizar en biología en el cuerpo humano y comenzó a fascinarme el funcionamiento de este. Por otro lado, también tenía la inquietud de poder ayudar a las personas más desfavorecidas o con problemas, y descubrí que la medicina reunía todo a lo que yo quería dedicar mi vida. Así que llegado el momento de hacer la prescripción para universidad solo puse medicina porque tenía muy claro que esto era lo que quería.

Empezaron las primeras clases, los primeros momentos de estrés, muchas prácticas al microscopio, asignaturas no menos importantes pero quizás no tan atractivas como deseara, así un largo recorrido hasta llegar a sexto curso.

Ahora mirando hacia atrás veo que mi etapa como estudiante ha sido una montaña rusa ha habido momentos de todo tipo, esos momentos desagradables como: cuando te hartas de  estudiar, conoces bien la materia pero la calificación es buenas; prácticas a las que vas con toda la ilusión del mundo y tienes la misma función que un mueble de la consulta, momentos en los que ves que el sistema de organización de prácticas y asignaturas son un caos y siempre los que salimos perjudicados somos los alumnos, etc.

Pero por encima de todo, me quedo con los buenos recuerdos que son los que hacen que merezca la pena luchar y continuar en este maratón con obstáculos. Por ejemplo, amigos con los que compartes conversaciones “superfrikis” con términos que hacen unos años te hubieran parecido chino, amigos que te animan y comparten contigo los momentos de malos. Las primeras historias clínicas, lo bonito que es relacionarte con los pacientes y descubres que puedes llegar a recoger mucha información interesante y acercarte a un diagnóstico dándole sentido a todas horas de estudios, y miles de momentos así que suceden en las prácticas.

Para terminar me gustaría poder recordar siempre estos momentos y nunca olvidar que yo también fui ESTUDIANTE, si algún día tengo alumnos poder brindarles las mejores prácticas posibles, ya que esto puede ser un aliento como lo fue para mí en medio de tanto estudio. Por otro lado, nunca olvidar la esencia que me llevo a este camino, que es el amor a las personas y ayudarlas en todo lo posible.
Alumno de 6º curso del Hospital Universitario de Valme de la Universidad de Sevilla.

Para mí ser médico es una forma de ser, de preocuparte por los demás, de tener una oportunidad de ayudar a otras personas cuando más lo necesitan, de que tus conocimientos puedan serles útiles a alguien.

Después de tantos años de carrera cuesta un esfuerzo poner mirar atrás para recordar que nos ha llevado hasta aquí. La verdad llegado este punto parece que ha quedado olvidado, aunque realidad, cada uno lo lleva interiorizado sus propios motivos, su propio transcurso de años de estudio, o valores que espera alcanzar en la profesión de médico. Y yo ahora estaba contenta de  haber llegado a la parte final, de cumplir una meta, tengo que rememorar no sé ni por dónde empezar.

Aparentemente algunas personas dirán que desde anteriormente a lo que yo recuerdo, pero para mí parte de otro punto más lejano,  parte desde mis quince años, lo tenía más que claro, quería estudiar Medicina.  Lo tenía decidido, es más era el único futuro que veía en mi camino, así que me puse manos a la obra, cambie de instituto, me apunte a clases particulares, y todo para llegar la ansiada nota de corte.

Después de conseguir acabar satisfactoriamente la selectividad, quedaba la época de las inscripciones, y llego final de agosto y aun no tenía respuesta de ninguna de todas las universidades del país, solo enormes listas de espera de suplente numero quinientos. Pero bien con mucha paciencia y algo de suerte entre en una las universidades, que tenía en mente y no muy lejos de mi ciudad.

La verdad no sé si mis motivos una vez finalizada la carrera se parecerán en algo a aquellos que me llevaron hasta aquí. Desde pequeña siempre he  sido muy observadora y he tenido curiosidad por aprender todo aquello que me fuera nuevo o desconocido. Uno de mis dibujos animados preferidos era precisamente ”El cuerpo humano”,  y me doy cuenta de que las cosas no han cambiado mucho desde entonces, me sigue encantando estudiar el funcionamiento del cuerpo humano.

Me gusta porque es una ciencia dinámica, dónde siempre hay nuevas retos, investigaciones y descubrimientos, dónde se trabaja cada día para conseguir avances en el tratamiento y el cuidado de los pacientes, dónde se intenta mejorar en la calidad de vida de las personas.

Para mí, medicina es una carrera de tantas que pude haber escogido, una profesión de tantas, como tantas personas hay en el mundo, y no creo que por muy médicos que todos seamos,  nos comportemos igual en una consulta.

Para mí ser médico es una forma de ser, de preocuparte por los demás, de tener una oportunidad de ayudar a otras personas cuando más lo necesitan, de que tus conocimientos puedan serles útiles a alguien. Es más que tener una memoria de elefante, que es capaz de retener un número indefinido de conceptos y porcentajes. Es ser empático con los demás y saber cómo tratarlos y saber lidiar con sus problemas, como te gustaría que se comportaran contigo.

Para mi esta es la única forma de hacer medicina que se me pasa por la cabeza, y cuando observo otras formas que no se acercan a lo que yo siento que debe de ser, es cuando se convierte en una forma de trabajo como otra cualquiera.

Alumna de 6º curso de Medicina del Hospital Universitario de Valme. Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla.

Los motivos que te llevan a elegir esta carrera son las ganas de ayudar, de ser útil a la sociedad y a los demás, y vivir cada día aliviando el sufrimiento y enfermedades de los otros. Pero todo sería mucho más fácil si siempre tuviésemos estos motivos presentes.

La motivación de un estudiante de Medicina es una auténtica montaña rusa a lo largo de la carrera en la Universidad y supongo que a lo largo de la carrera profesional una vez terminados. 

Los motivos que te llevan a elegir esta carrera son las ganas de ayudar, de ser útil a la sociedad y a los demás, y vivir cada día aliviando el sufrimiento y enfermedades de los otros. Pero todo sería mucho más fácil si siempre tuviésemos estos motivos presentes.

Esa es la teoría, creo que muchos entramos aquí por esas razones o similares, el caso es que a lo largo de los 6 años, esos motivos se olvidan muchas veces y cambian. De la ilusión del recién llegado alumno de Primero se pasa al cansancio del primer ciclo del alumno de Tercero, que vuelve a cargarse de ilusión cuando por fin llega al hospital en Cuarto, pero que poco a poco se va cansando en esta carrera de fondo. 
Lo más importante es sin duda no perder de vista la meta, tener siempre presente aquello que te motivó a entrar, tener claro que si no estuvieras en esta Facultad, no te verías en otras; porque por mucho cansancio y sacrifico que se pase, creo que vale la pena, y por más que muchas prácticas te defrauden por culpa de algunos médicos que no te echen cuenta, los pacientes siempre estarán ahí encantados de que les hagas la historia clínica, porque un rato de charla con los estudiantes a veces les da la vida.

Además, a lo largo de la carrera descubrirás que se pueden hacer las cosas mejor, que se puede mejorar el trato a los estudiantes, que la Medicina se puede enseñar mejor, que se puede motivar más a los futuros médicos para que sean excelentes en su profesión. Esto te motiva aún más a seguir en tu camino, llegar lejos y cambiar lo que no te ha gustado, para que las promociones que vienen detrás puedan disfrutar de una Medicina todavía mejor.

Por eso, después de 6 años, aunque esté cansado de estudiar, si tuviese que volver atrás, volvería a elegir la carrera, porque creo que invertimos 6 años en una carrera que nos va a devolver lo que le hemos dado con creces y porque mi relación con la Medicina no ha hecho más que empezar.
Alumno 6º curso Medicina Hospital Universitario Virgen de Valme. Facultad de Medicina de Sevilla. 2013-2014.

Un médico no nace, sino que se hace. Se hace bajo el deseo de evolución, de luchar contra las enfermedades y los males y en medida de lo posible retrasar la propia muerte.

Nunca he sido muy consciente del camino que me ha traído hasta aquí, pero sin embargo aquí estoy, a punto de terminar uno de los retos más importantes de mi vida.

Digo que estudiar medicina se ha convertido en un reto porque así lo he sentido yo. A pesar de lo que los ajenos pueden pensar, las horas de estudio no son lo peor, como tampoco lo son la sangre, las colostomías o los sondajes vesicales. Lo peor sin duda que me he encontrado a lo largo de este camino ha sido el enfrentarme cara a cara a la muerte, esto que parece un tópico, fue una experiencia que jamás voy a olvidar en mi vida y quiero compartirla:

El primer día de prácticas de patología médica, una asignatura que se imparte en el curso de tercero, subí a la tercera planta de Hospital Virgen Macarena. Me había tocado con uno de los mejores médicos de prácticas según decían y yo no sabía muy bien a qué se referían al decir aquello. Sin embargo pronto lo descubrí: un día pasando planta junto al médico él me advirtió: “esto es tan básico en la formación de un médico como lo es saber los valores normales de una gasometría”. Entré en la habitación y allí contemplé varias enfermeras y como unos familiares lloraban y otros se abrazaban. Al llegar a la paciente permanecí al lado del médico temeroso de lo peor. Sin embargó la paciente vivía, pero no por mucho tiempo más. Comprendí el concepto de limitación del esfuerzo terapéutico que tanto habíamos estudiado en los apuntes. Y allí fue entonces donde vi morir a un paciente al que le había llegado su hora.

He querido contarlo porque el hecho fue algo que me marcó profundamente. Aprendí dos cosas aquel día: que la muerte no es un proceso pasivo en el que el cuerpo muere sin más, sino que lucha por la vida y que no me había equivocado en absoluto en elegir aquella carrera. Ahora creo que un médico no nace, sino que se hace. Se hace bajo el deseo de evolución, de luchar contra las enfermedades y los males y en medida de lo posible retrasar la propia muerte.

Morir es Final, The End, Game Over. Saberlo me da fuerzas para seguir, para intentar hacer feliz en la medida de lo posible a aquellas personas que me necesiten, conocerles, enseñarles, aprender de ellas, socorrerlas, mejorarlas y cuando llegue ese final sentirme orgulloso de lo que soy y he sido.

Alumno de 6º 2013-2014 de la Facultad de Medicina de Sevilla. Hospital Universitario de Valme. 

El buen médico debe de tener trasfondo humano, aquel que no sienta amor por sus enfermos, aquel que no sienta rabia y trate de evitar el sufrimiento ajeno, que no emprenda este camino.

Ahora cuando estoy en lo más alto de esta escarpada escalera que supone la carrera de medicina, es cuando me doy cuenta de que esto es solo el principio.

La inquietud que despierta en mí este mundo no ha hecho sino crecer desde que comencé este viaje hace ahora seis largos años. La medicina es un mundo lleno de pasiones y de interrogantes, es un estudio donde te descubres a ti mismo a la vez que aprendes a comprender a los demás, al mundo que te rodea.

Podría dejar aquí escrito una lista interminable de bondades de la carrera médica, pero en mi opinión aquello que me ha ayudado en especial es la certeza de estudiar una ciencia diferente: aquí no hay nada exacto ni inamovible, todo tiene un sentido y a menudo es oculto. Los seres humanos hemos descubierto universos distantes pero no sabemos nada de nosotros mismos.

La medicina estudia a las personas, no sigue normas, cánones ni ecuaciones. Trata a padres, amigos o hermanos. Es la única disciplina que trabaja por el amor, que lucha por los bienes intangibles: la felicidad, la comprensión, la libertad.

Los estudiantes de medicina somos los estudiantes más atípicos, no solo por el hecho del trabajo diario que te exige esta formación sino porque la medicina no se estudia: se vive. El buen médico es interdisciplinar, debe tener conocimientos ya que de nosotros depende la vida de otros, esto solo se puede conseguir durante los largos días de estudio. Además ha de tener ojo clínico, la única manera de conseguirlo es ir cada mañana al hospital, abrir bien los ojos y la mente, aprender de quien pueda y más infrecuentemente quiera enseñarnos.

Por último el buen médico debe de tener trasfondo humano, aquel que no sienta amor por sus enfermos, aquel que no sienta rabia y trate de evitar el sufrimiento ajeno, que no emprenda este camino.

C.A- Hospital Universitario Virgen de Valme 2008-2014.

Quizás también la confianza que mi médico de cabecera supone para mis padres haya sido la que me empujase.

Si hubiese una imagen que indicase el comienzo de mi empeño por estudiar medicina fue sin duda cuando apenas tenía 12 años. Mi padre me dejó un pequeño libro de cuando él estudiaba en EGB, especialmente el libro de ciencias naturales. Ese libro me fascinaba. Intentaba mirar todos los dibujos que había, pues todas aquellas parrafadas que tenía no podía entenderlas. Durante esa época me gustaba bastante pintar y dibujé así dos ilustraciones del libro: un aparato digestivo completo de un mamífero y la anatomía locomotora de un cuerpo humano.
Desde esa edad hasta un par de años antes de selectividad tampoco me preocupé de nada sobre mi futuro. Quizás, la idea que tenía de la medicina, cuando la vi como una verdadera opción, fue la figura del médico en la sociedad. Es una figura respetada y a la que se le da responsabilidades considerables en la vida de una persona. Aparte de ello, era alguien en el que se podía confiar y contar incluso los temores más íntimos. Quizás también la confianza que mi médico de cabecera supone para mis padres haya sido la que me empujase y afianzase esa idea.
Mis notas  en selectividad para entrar en medicina no quedaron a la altura en mi año y tuve que presentarme hasta tres veces en total para llegar a completar mi meta. El año entero que le dediqué a la selectividad fue un reto para mí, y creo que la idea que me mantenía firme era la que no encontraba nada más que me gustase o me produjera más curiosidad. Al final, logré entrar y comenzó una de las etapas más bonitas que he vivido. Sin duda, el mundo universitario es estupendo, me da lástima terminar de ser estudiante, aunque mis ganas por ejercer la medicina sean muy fuertes.
Sin extenderme más, mis motivos para estudiar medicina no difieren mucho de los que tenía de pequeño. Me gusta la figura que despierta un médico en un paciente, la resolución que supone ante los temores de una persona o la capacidad de poder levantar el ánimo a una persona angustiada por tener que soportar una afección crónica para toda su vida. Pienso que la profesión médica no es fácil y que será un reto importante para mí, quizás también otras de las razones por las que me gusta tanto esta carrera.
Joaquín Yanes Díaz. Facultad de Medicina de Sevilla. Hospital Universitario de Valme. Alumno de 6º del curso 2013-2014.

Mamá quiero cambiarme de carrera. Quiero estudiar medicina.

Mis primeros lazos con esta hermosa palabra empezaron en el armario de los medicamentos, en el baño de mi abuela. Una especie de caja fuerte donde nadie osaba poner sus manos sin su consentimiento explícito. Fue allí donde empecé a preguntarme el por qué de esas burbujas blanquecinas que producía el agua oxigenada al contacto con las heridas de la pierna de mi hermano.
Sí, creo que fue allí donde empezó todo.

Más tarde me salieron granos en la cara y pelos en los huevos, como a todo el mundo supongo. Nunca se me dieron bien los números, y mis dedos, hartos de sumas estúpidas, dan fe de ello.
No creo que la biología y las ciencias me gustasen como tal por aquellos 18 años, pero creo que sí que me interesaban o me atraían más que cualquier otra cosa. Por aquel entonces tocaba escribir tu futuro con un boli “bic”, en unas 3 líneas; pero tu futuro por orden de preferencia, primero tu sueño principal, luego tus frustraciones o sueños secundarios y por último tus fracasos. Podías echar en varias universidades, así que podías tener muchos sueños si querías.

Yo decidí que mi sueño principal era ser médico. Sin embargo me sabía de memoria el cuento de las frustraciones y los fracasos; y los había muy gordos, así que, listo de mí, me dije a mi mismo que no me hiciera ilusiones, que no soñara demasiado no vaya a ser que no pueda conseguirlo… mal plan.

No recuerdo qué día de septiembre de no quiero recordar qué año empecé a estudiar Fisioterapia en Zaragoza con la esperanza más o menos oculta de que la nota de corte “corriera” hasta alcanzar mi sueño.
Nunca lo alcanzó. Y mi sueño seguía encerrado en el armario del baño de mi abuela. Allí había decidido esconderlo, era el sitio perfecto.
Mi plan no había salido como yo esperaba. De hecho aquel cuento de las frustraciones y los fracasos, aquel que me sabía tan bien, lo estaba viviendo en mis propias carnes. ¿Era una puta broma o qué? Yo me sabía aquel cuento de memoria, pero ¡tomé precauciones!: No me había ilusionado, había guardado mi sueño en lugar seguro, donde ni yo pudiera encontrarlo.
Como digo, fue un mal plan. Mi maldito sueño salía a sus anchas del armario cada vez con más frecuencia, así que me cansé y acepté mi cobardía.
- Mamá quiero cambiarme de carrera. Quiero estudiar medicina.
- ¿Qué dices hijo?, espera que no te oigo.
- ¡Mamá! ¡Que quiero estudiar medicina!

Y el 30 de septiembre de 2009 empecé a estudiar esta carrera.
Desde entonces han pasado cinco años. Cinco intensos años. De momento he aprendido muchas cosas, muchos conceptos nuevos, muchas palabras, muchos temas, ideas… muchas horas delante de los libros. Muchas de ellas innecesarias.
Un señor que sabía un montón dijo una vez que estudiar la medicina sin libros es cómo salir a navegar sin mapas, pero estudiarla sin pacientes es cómo no salir a navegar nunca. Y allí es donde me encuentro ahora mismo; dando saltitos en el embarcadero esperando a que alguien me enseñe de verdad que es eso del mar.
La medicina es preciosa. Por suerte esto es lo que sigo pensando tras casi 3 dioptrías de más y unos codos “pelaos” donde el vello desiste ya en volver a nacer en vacaciones.
No pararía de estudiarla y de seguir aprendiendo este arte que en definitiva trata de entender al ser humano, de dar explicación a prácticamente cualquier por qué acerca de quién somos y a dónde vamos, empezando por aquellas burbujitas blanquecinas que salían de las heridas de mi hermano.
Y por si fuera poco ayudas a la gente, ¿qué más se puede pedir?


A un año y poco de acabar la carrera trato de seguir disfrutándola y saboreándola. Aunque tras muchos exámenes, tras muchos trabajos, tras muchas horas de clase noto un cierto sabor amargo en el paladar, no voy a decir que no; es ese regusto a esfuerzo y sacrificio, que en estas últimas etapas voy encajando con una resignación estoica. No te queda otra que madurar deprisa.
También se nota ya ese pequeño matiz salado, esa nostalgia que gusta y duele, que empieza a coger fuerza; aunque son sólo los más veteranos los que la reconocen de verdad.
Pero creo que la esencia de éste nuestro oficio es la dulzura. Es dulce la sonrisa de la anciana a la que ayudas, igual que lo es la tuya cuando te acuestas sabiendo que hoy, alguien ha sonreído gracias a ti. Lo has conseguido. Lo has hecho bien. Puedes dormir tranquilo.
Javier Martínez Castillón. Hospital Universitario Virgen de Vame. Sevilla. 2009-2014.

Es difícil compaginar trabajo y la carrera de Medicina, pero las ganas, ilusión y el largo camino recorrido te ayudan a luchar por todo en esta vida.

A mi principalmente me empezó a gustar este mundo desde pequeño, cuando iba al médico me sorprendía mucho el que me auscultara y ya supiera que medicamento mandarme. Esto me causó siempre mucho interés.

Siendo muy joven abandoné los estudios y empecé a trabajar, luego me llegó el momento del servicio militar, aunque fue el penúltimo remplazo me llamaron al servicio y tuve que ir, una época dura. Pasé nueve meses en los que me dio tiempo a pensar mucho, y durante este tiempo decidí que algún día volvería a estudiar, aunque siempre en algo relacionado con la sanidad pues era mi gran pasión “ayudar al enfermo, o al necesitado”. Tras el servicio militar, volví al pueblo y continué trabajando cuatro años más, hasta que decidí seguir estudiando, pero ya siempre sin dejar de trabajar pues lo necesitaba, la carrera se ha hecho un poco dura, es difícil compaginar trabajo y la carrera de Medicina, pero las ganas, ilusión y el largo camino recorrido te ayudan a luchar por todo en esta vida. Hoy estoy a punto de terminar la carrera, ya en 6º curso de Licenciatura de Medicina y pronto si Dios quiere seré médico y podré ayudar a personas, mi gran pasión. Aunque un poco desencantado con la carrera porque como todo en esta vida hay cosas que gustan y otras que no.

El plan que me tocó estudiar considero que tiene muchas asignaturas de relleno, no sé si es por motivos económicos o por qué, pero creo que esta carrera se debe basar en la clínica y la cirugía y de otras especialidades bajo mi punto de vista con nociones básicas sobra pues si te especializas en ello, ya habrá tiempo de ahondar en dicha especialidad, no quiero hacer mención especial a ninguna asignatura, pero para mí la libre configuración, optativas están de más. Incluso algunas troncales u obligatorias bajo mi punto de vista con nociones básicas 4-5 temas debería sobrar y no 30,40 ó 50 temas como tienen algunas. Si el fin es recaudatorio pues demos 30 ó 40 créditos a las asignaturas esenciales clínica y cirugía y de esos 30 créditos 10 de clase y 20-30 de prácticas en el hospital. Bajo mi punto de vista a ser médico no se aprende sacando un 9 ó un 10 y millones de bibliografías, creo que hay que aprender y llevarlo a la práctica pero como mínimo lo esencial, la práctica te hace maestro y el tener un maestro a tu lado no sólo te enseña sino que te hace aún mejor cada día. No se puede llegar a una puerta de urgencias sabiendo miles de textos sobre patología y no tener contacto con el paciente previamente o este haber sido escaso. El estudiante de medicina en mi opinión personal debe tener más práctica que teoría aunque no poca teoría, si la esencial y no el relleno.

Otro punto que no comparto es que para enseñar no basta con leer un Power Point y pasar las diapositivas a la velocidad de la luz, el estudiante paga para que le enseñen no para que le pongan trabas a la hora de aprobar. Y la clínica se enseña implicándose en el alumno, explicándole tanto en la teoría como en la práctica.

Los docentes que por ello cobran deberían implicarse y preocuparse de si sus alumnos van a la práctica y no olvidarse de ellos o ni siquiera saber si están allí o no, Aunque no todos los docentes son iguales, quiero recalcar esto, hay muchos que sí. Pues en el hospital si no preguntas nadie te va a buscar.
Alumno de 6º curso de Medicina del Hospital Universitario Virgen de Valme.

Cuando comencé esta carrera realmente no sabía el sacrificio que me costaría.

Cuando comencé esta carrera realmente no sabía el sacrificio que me costaría. Han sido seis años duros, aún recuerdo los primeros días de clase, quizás los peores, surgió en mi un sentimiento de inferioridad de ¿Cómo saben tanto? ¿es este mi sitio? ¿me habré equivocado de carrera? Sabia que era lo que me gustaba pero no si era capaz de ello, tras realizar y aprobar mis primeros exámenes esto cambió…me di cuenta de que no era inferior a los demás, solo que todos éramos muy competitivos.

La verdad es que hasta 2º de Bachillerato no tuve claro que quería ser médico, pues siempre pensaba que sería profesora de matemáticas o inglés…pero finalmente sentí que la medicina sería mi profesión. Entre los motivos que me llevaron a querer ser médico puedo señalar la necesidad de sentirme útil, el querer tener un papel activo en la población en la que vivo, la satisfacción que sé que tendré por poder ayudar a otros, la fascinación que siempre me ha dado el cuerpo humano, conocer cómo éste funciona y cómo enferma, el poder razonar sobre la patología, darle importancia…..son muchos los motivos y difícil de resumirlos lo que sí he de señalar es que en los últimos tres años de carrera mis razones e interés de ser médico han incrementado, y eso me gusta porque definitivamente sé que este es mi sitio y que seré algo de lo que estar orgulloso.

No obstante, estos seis años han sido muy duros y de mucho sacrificio, pero también han tenido cosas muy buenas sobre todo a parir de cuarto; los tres primeros años quizás fueron demasiado teóricos pero buenos para tener una base más científica. En cuarto curso supe aprovechar mis prácticas y empecé a tener mis primeros contactos con los pacientes, y muy agradecida a la buena persona y buen profesional que se esforzó por que aprendiera, que supo pararse a enseñarme a explorar, a elaborar y perfeccionar historias clínicas, siempre le estaré agradecida.

Quinto curso fue quizás el más duro junto con tercero. Muchísimo que estudiar sin tiempo para salir, ni poder estar con los amigos, algo que ya empezó a ser habitual desde primero pero más acentuado en este año. Pero al final sobrevivimos y llegamos a sexto….ultimo año, parece mentira pero llegamos….ahí nos espera el examen MIR lo más temido por mi sin duda alguna. Se que he de controlar mis nervios, mi ansiedad, ya que es algo que puede ir en mi contra y hay momentos en los que me supera y no se controlar….He de pensar que ya está cerca la meta, posteriormente empezará una nueva etapa en la que deseo formarme lo mejor posible, aprender todo lo que me sea útil no solo a nivel profesional sino también a nivel personal. Me gustaría ser un  doctor que sepa tratar a sus pacientes, no solo poder diagnosticar y tratar adecuadamente, también saber comunicarme y mantener contacto humano y cercano con mis pacientes, que ellos sientan que no soy alguien extraño ni superior, que puedan contarme sus problemas e incertidumbres, que busquen en mi una ayuda….

Hay muchos sueños que me gustaría cumplir, pero antes de nada he de finalizar esta carrera y acabar lo mejor posible;  posteriormente hay que centrarse en el estudio del MIR, estando ajena a las opiniones de todos aquellos que no nos entienden, que no entienden por qué hemos de estudiar tanto, es algo que lo requiere, no es estudiar por gusto es estudiar por algo y para conseguir un objetivo…..cuando pasen unos años me reiré del mundo y de todas aquellas absurdas opiniones de la gente que no supo entenderme…..
En definitiva, 6 años de mi vida que sé que han merecido la pena, me quedo con todo lo positivo que ha tenido aunque sea imposible olvidar lo negativo.  Seis años de maduración intelectual y personal, que pronto acabarán dando comienzo a una nueva etapa, la cuál debo aprovechar al máximo siempre sabiendo quién soy, quién quiero ser y hasta dónde quiero llegar.
Alumna de 6º de Medicina Hospital de Valme.

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