Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).


Yo era una rebelde sin causa adolescente que quería dedicar su vida a las personas y las injusticias de este mundo.

A meses de acabar la carrera revivo muy a menudo una etapa de mi vida parecida, justo hace ahora seis años. Salía del camino preseleccionado por otros para tomar la primera gran decisión sobre tu futuro: ¿Ir a la facultad? Eso lo tenía claro pero, ¿qué estudiar? Era un gran problema para mí.

Yo era una rebelde sin causa adolescente que quería dedicar su vida a las personas y las injusticias de este mundo por lo que no quería tener que desechar carreras humanistas o políticas. Decidí hacer medicina a última hora, echando la preinscripción porque realmente me gustaba por encima de las demás. En todos estos años la medicina me ha ido apasionando cada vez más y ahora no me vería de otra cosa. Durante cinco años he estudiado medicina y buscado mi causa en los ratos libres.

En estos años he sentido fascinación por el cuerpo humano, por los mecanismos íntimos que lo regulan, por cómo descubrir ese universo completo que hay dentro de cada ser humano. He visto y podido compartir la fascinación del conocimiento vertiginoso, de cómo lo que he estudiado se basa mayoritariamente en descubrimientos recientes, cómo la investigación y el conocimiento en medicina avanza a una velocidad como casi ninguna otra ciencia y he admirado el sudor que subyace en todo esto.

Me ha apasionado por el equilibrio o a veces la tensión que hay en la medicina entre ciencia y arte, entre conocimientos y práctica profesional, entre aplicación de datos y relaciones humanas. También por lo que representa el sistema sanitario en la sociedad, un cosmos valorado por la gente, que resuelve problemas reales, donde trabajar puede ser cualquier cosa menos aburrido, donde los retos aparecen cada día y son por y para las personas en su conjunto. Por la posibilidad de ejercer la medicina con un componente de ayuda a los demás importante. Pese a lo dicho sobre la medicina, la carrera me ha decepcionado bastante y veo que habría muchas cosas que mejorar.

En primer lugar siento que hemos perdido mucho tiempo por falta de organización, por tener que esperar al no haber consultas o quirófanos en las prácticas que nos tocaban, por no encontrar a los médicos o estar estos salientes de guardia, o simplemente por no haber aprendido nada en toda una mañana al nadie haberse parado ni un segundo en ti. Por otro lado veo también  mala organización de la teoría con contenidos repetidos pero dados de manera diferente. Se deberían juntar las médicas y las quirúrgicas de un mismo aparato o sistema. Además el método de clase magistral está obsoleto en mi opinión, y además te hace perder el tiempo en coger y maquetar apuntes. ¿No podrían los profesores dar los apuntes y textos escritos y editados por ellos y dedicar las clases más a casos clínicos, debates, explicación de dudas, etc.? Nosotros podemos estudiarnos esa teoría y luego disponer del profesor para afianzar y aprender esos conocimientos. Se ha visto en 6º que no somos capaces de hacer bien casos clínicos, a meses de ser médicos.

Por último, añadir que este año a última hora, como entonces en el instituto, llega otra gran elección de mi vida: la especialidad. Y con esto, creo haber encontrado mi causa: hacer medicina de familia.

Llevo mucho tiempo oyendo campanas sobre el tema (gran contribución de la ADSP con la que aprendí que hablar de política era hablar de salud) pero este año se ha abierto plenamente ante nosotros la posibilidad real de contribuir a una medicina holística, una medicina que trata todos los aspectos de las personas (integrando la psicología-psiquiatría que tanto me cautivó el año pasado), una medicina social. Basada en la prevención y promoción de la salud, que cuenta con la ciudadanía, es más, la hace partícipe y que abarca no solo al ámbito sanitario. Una manera de hacer medicina que realmente me realice, con las que desarrollar también esas inquietudes que me acompañan desde el instituto en el ámbito profesional. Este año he acabado de entender que preocuparse por la economía es preocuparse por la salud de las personas.

Esa es la cara bonita de la moneda pero por otro lado me asusta mucho esta idea porque esta decisión no es sencilla y tengo algunos miedos.

Miedo a que la medicina de familia sea muy dependiente de los modelos de sistema sanitario y de los gobiernos de turno y que todas las cosas hermosas que he citado en los párrafos anteriores se queden en pura teoría y el trabajo diario sea muy distinto a esa teoría. Quiero decir que otras especialidades son menos dependientes del modelo político-sanitario.

De hecho atando cabos me atrevería a decir que es así de modo intencionado. Porque me pregunto: si está claro que invirtiendo más en atención primaria la medicina es más barata ¿por qué no se hace? ¿Por qué, de hecho, cada vez se le retiran más recursos? Supongo que ahí hay razones políticas y de intereses privados (por ejemplo eso de empoderar a la gente para que participe y sea actora principal de su salud puede que sea demasiado peligroso para el statu quo establecido).

Sin entrar más en las causas, la consecuencias son tener 5 minutos por paciente (con los que ¿qué medicina holística cabe?), no tener tiempo ni recursos para poder llevar a cabo programas de prevención y promoción, y ya ni hablar de la intersectorialidad. Supongo que debes estar alerta y buscar las herramientas para que no te inunde la frustración.

Con todo este recorrido he aquí mi doble causa: por un lado quiero ser una muy buena profesional de atención primaria dando una atención integral (no solo proveer ausencia de enfermedad). Es un reto porque entiendo que para esto hay que formarse en otras parcelas como psicología (la afectividad mueve el mundo).

Y a lo mejor tener que hacerlo por mi cuenta. Por otro lado quiero luchar para que esto pueda ser posible, para que todo esto no quede en los apuntes de 6º de medicina sino que le lleve a la práctica. Luchar por un sistema nacional de salud, basado en la atención primaria, que de la prioridad que necesitan la promoción de la salud y prevención y que capacite a la ciudadanía y profesionales para todo ello. Ser médica de atención primaria me parece el mejor lugar desde donde hacerlo.

En estos 6 años, he aprendido lo importante que es luchar por este sistema sanitario, que no permite o más bien no permitía, que haya diferente asistencia sanitaria para ricos y para pobres.

A cualquier estudiante de último año, o por lo menos, la mayor parte, al que se le pregunte por qué escogió su carrera, hará responsable de esa elección los últimos años de instituto, donde empiezas a saber si eres de letras o de ciencias, y dependiendo de cómo te hicieron de fáciles y bonitas las matemáticas o de interesante la historia o cómo te enseñaron la biología o la química, vas tomando las decisiones sobre el futuro, en muchos casos, sin saber las consecuencias que esa decisión tendrá.

No sé por qué escogí esta carrera. Lo único que tenía claro desde que estaba en bachiller, es que me gustaban las ciencias. Quizás porque tuve una fantástica profesora de biología que nos hizo imaginarnos el genoma como si de un libro de cocina se tratase. ¿Y por qué medicina?, porque no hay nada como mirarse el cuerpo para aprenderse el Grey de anatomía.

Una vez dentro de la carrera, te vas dando cuenta que no todo es tan bonito como lo tenías pensado. Empiezas a ver la competitividad entre compañeros, ves jurásicos catedráticos déspotas que se creen con la libertad y el derecho para hablarte como a un ignorante, sin ningún respeto.

Pero poco a poco, vas subiendo de cursos, y empiezas a rodearte de compañeros con tus mismos intereses e inquietudes, de esos momentos de cervecitas a la salida de clases y exámenes. Y esto hace que todo se haga más llevadero, pues siempre se ha dicho, que el sufrimiento, si se comparte, es menos pesado.
Y así poco a poco, tienes que tomar otra decisión: te gustan las médicas o las de quirúrgicas. Y volvemos a basar esa decisión según cómo de bueno, amable o atento era el internista que te tutorizó, si el “tutor” de cirugía, no quiere alumnos, o por lo contrario lavarte para ayudar en quirófano, lo ve tan fundamental que formas una parte más del equipo desde tu llegada. (Esto último, no pasa tantas veces).

Mientras escribía esta reflexión, pensaba cuáles realmente habían sido mis motivos para querer ser médico y todos mis pensamientos siempre se van a mi madre. Ella es “casi médica” como la llamábamos de pequeñas mi hermana y yo, ya que ella sabía preparar los mejores jarabes mucolíticos para nuestra sinusitis crónica y los mejores “mejunjes” para nuestros dolores de estómago basados en manzanillas y poleo-menta.

Pero sobretodo, gracias a ella he aprendido a apreciar la promoción de la salud y ver lo fundamental que es y lo poco valorada que está en este sistema todavía con tintes biologicistas, que la sitúa en un segundo lugar, por detrás de las especialidades que buscan la curación de la enfermedad, he ver en la participación sanitaria la fórmula ideal para eliminar el paternalismo heredado de los tiempos en el que el médico era uno de los 3 personajes más importantes del pueblo. Ella sin ser médico, en su despacho de trabajadora social del centro de salud, sólo con las palabras, es capaz de aliviar el dolor sin usar escala analgésica.

Y en estos 6 años, he aprendido lo importante que es luchar por este sistema sanitario, que no permite o más bien no permitía, que haya diferente asistencia sanitaria para ricos y para pobres, que no mira el número de cuenta para dar la mejor asistencia posible. Y no hay mejor forma de defenderlo que estar dentro de él. Y eso es lo que me daba ganas de seguir adelante, y ahora, en este último tirón, es lo que le da sentido a estos seis años de incertidumbre, de ir mendigando prácticas por los servicios y de horas y horas de estudio frente a una teoría, algunas veces obsoleta. Y por esto, es por lo que cada vez estoy más convencida de que esta es la profesión que quiero ejercer.
A.A.C. Estudiante de 6º de medicina del Hospital de Valme.

Los que conocen la profesión hablan de una de las carreras más bonitas y gratificantes que se puede realizar

Como muchos de los nuevos estudiantes de medicina, al comenzar, me sentí atraída por el hecho de pensar que con esta profesión podría ayudar a personas en ámbitos por los que sentía una especial inclinación. Sin embargo, con el tiempo esto fue dando paso a un creciente interés completamente centrado en la materia a estudiar en el sentido más literal. Quizás esto se haya debido a las escasas horas dedicadas a prácticas clínicas que, por otro lado, han ido aumentando conforme avanzaban los cursos.

A lo largo de la carrera se nos ha ido haciendo un gran hincapié en la importancia de la relación médico-paciente y la buena comunicación con el enfermo y la familia. Sin embargo, y siendo evidente la necesidad de dicha formación, es imprescindible que sea completada con una práctica clínica prolongada en el tiempo. Práctica clínica que, por motivos de organización o espacio, no siempre se han podido llevar a cabo. Pero de las que sí se realizaron, recordamos a nuestros tutores con agradecimiento y cariño.

En lo que respecta a la residencia, no pasa desapercibido el nerviosismo y ansiedad creciente ante la inminencia de una etapa de nuestra formación de la que sabemos que va a ser, si no de las más duras, la que más. Añadiendo a esto la ausencia de certeza de poder realizar la especialidad deseada y la incertidumbre.

Por otro lado, no es desdeñable la preocupación, al comienzo de nuestra formación ausente, sobre la situación en la que se encuentran actualmente las profesiones sanitarias. La inquietud ante las probables dificultades económicas durante la realización de la residencia o una posible situación de paro posteriormente.

Cabe mencionar en todo esto el miedo que muchos de nosotros tenemos al enfrentamiento con el paciente, y con ello me refiero no sólo al temor a no saber diagnosticar con certeza, hacer un buen diagnóstico diferencial o a realizar las pruebas complementarias más acertadas en cada caso, sino a la aprensión ante el cara a cara con la persona, saber muchas veces lo que nos quiere transmitir y, a nuestra vez, acertar en la forma de dirigirnos a ella. Comunicar malas noticias y saber manejar, en definitiva, situaciones complicadas en cuanto a empatía se refiere. Debe de ser terriblemente complicado conectar con los pacientes de tal forma que consigamos que lo que les estamos diciendo verdaderamente cale en ellos y tenga un efecto. Sobre todo a los que aún se nos nota más jóvenes de lo que realmente somos. Me cuesta creer que un enfermo vaya a tener confianza en una persona a todos ojos inexperta. Esperemos que a lo largo de la formación vayamos adquiriendo conocimiento en estos aspectos además de la seguridad que se requiere.

Por último, decir que a alguno se nos ha pasado la oportunidad de estudiar algún curso en el extranjero, hecho que puede ser sumamente interesante, a pesar de la escasez de destinos en comparación con otras universidades y facultades de medicina. Actualmente en el grado es obligatorio estudiar un nivel de idiomas. Quizás hubiera sido conveniente que en licenciatura se nos exigiera también como formación básica el estudio de otras lenguas.

A pesar de todo esto, los que conocen la profesión hablan de una de las carreras más bonitas y gratificantes que se puede realizar, y el contacto con las personas debe de ser tremendamente enriquecedor. Creo que todos tenemos muchas ganas de aprender, no sólo en materia de medicina estrictamente hablando, sino de esa otra materia que es el contacto con el enfermo.

Alumna de 6º curso del Hospital Universitario Virgen de Valme

La Medicina me da la oportunidad de no mirarme solo a mí, de no mirarla solo a ella, sino de mirar a los demás.

Cuando termine el bachillerato, entre mis opciones había carreras cortitas, me plantee hacer una diplomatura, porque, aunque medicina era la carrera que siempre me había gustado, yo sabía que iba a implicar un gran sacrificio, y no estaba segura de querer meterme en ese embrollo. Me parecía eterna, que no iba a terminar nunca. Estuve a punto de no ponerla como mi primera opción, pero finalmente lo hice, fue como una llamada. Ahora veo que fue un verdadero regalo haberla elegido, a pesar de todo.

La verdad es que si ha habido que sacrificar cosas, sobre todo el tiempo, tiempo para salir, para dormir, para relajarme, ¡hasta a veces para comer! Pero esos pequeños sacrificios en las épocas de exámenes me han enseñado muchas cosas,  he aprendido a tener paciencia, a saber esperar, a tener voluntad, incluso a luchar contra mis impulsos internos, impulsos que me llevaban a levantarme constantemente de la silla mientras estaba estudiando. Sé que todo eso me ha hecho madurar, y me servirá para la vida. Ha habido momentos duros, eso está claro, pero la verdad, se me ha pasado volando, y poco a poco se ha ido confirmando que esto es lo mío, y ¿qué puedo decir?...que ha sido una experiencia única.

Lo que más me alegra, ahora a pocos meses de terminar la carrera, y al ser consciente día tras día de lo que sufren las personas, es ver que la profesión que he elegido va ligada tan plenamente a aliviar un poquito el sufrimiento de la gente, en la medida en la que yo pueda. Y aunque me cueste tanto levantarme por las mañanas, cada día, sabré que tengo la oportunidad de ayudar a algunas personas, con sus nombres y sus apellidos, y espero que esto no deje nunca de ser  el aliciente que me despegue de las sabanas, un día con más ganas, otro día con menos, pero sin perder de vista que me he estoy formando y lo seguiré haciendo en función de un servicio. Y si este servicio me sirve para ganarme la vida, pues, la verdad, no tengo más que pedir.

Y ¿la especialidad? No sé dónde voy a terminar, a que me voy a dedicar, que será de mi vida profesional, pero todo es secundario, porque la felicidad que me pueda aportar la medicina sé que dependerá de la capacidad que tenga de poner amor en lo que hago, este escondida en el quirófano, o en primera línea de batalla, como médico de familia.

Así que, lo único que puedo decir, para concluir ya, es que estoy muy contenta de estar a las puertas de ser médico. Contenta, porque he descubierto que la Medicina es una ciencia preciosa. Contenta, porque la Medicina me da la oportunidad de no mirarme solo a mí, de no mirarla solo a ella, sino de mirar a los demás.
Alumna de 6º curso de Medicina del Hospital Universitario de Valme.

Cuando llegué a tercero y empecé a ver pacientes me di cuenta de que me había metido en un buen lío. Sentía que no había aprendido nada, que no sabía nada y me llevaba algún que otro palo por ello… pero en realidad había aprendido mucho

Nunca tuve un flechazo por la medicina, nunca me interesó demasiado, ni siquiera pensaba a lo que me dedicaría en el futuro. Soñaba con muchas cosas eso sí pero nunca me tomé en serio plantearme qué profesión escogería. Por mi mente pasaron muchas opciones: ingeniería de telecomunicaciones, música, filología… pero siempre por defecto me veía enfocado en algo que se dedicase al estudio de la vida ¿biología quizás? Era mi opción estándar, teniendo en cuenta que me tenía que decidir por algo. Me atraía mucho el estudio de la vida, de cualquier forma de vida: mamíferos, reptiles, peces, bacterias, nanobios incluso exobiología… pero en definitiva,  aunque me atraía, no me quería etiquetar. Lo veía demasiado precipitado pero no quedaba otra opción, a los 17 años tenía que decidirme por aquello a lo que me dedicaría el resto de mi vida. Y claro, uno saca una buena nota en selectividad y comienzan las dudas ¿escojo biología?

Sin embargo, lo que uno estudie en la carrera no va a marcar el grado de conocimientos que uno quiera abarcar para toda la vida, tengo todo el tiempo por delante para estudiar biología, para dedicarme a aprender idiomas, algo que me apasiona o para aprender a programar. Y uno tiene que marcar la diferencia entre profesión y afición. Tal vez por marcar esa diferencia la medicina desbancó a la biología hasta el punto de que un día precipitadamente decidí no complicarme más la vida y puse medicina en Sevilla como una única opción.

¿Y qué me aportaba la medicina como para dar ese cambio tan radical? ¿Qué me aportaba una opción que nunca había considerado seriamente? Pues no sólo estabilidad, también ese conocimiento por la vida pero sobre todo algo muy importante, la satisfacción de sentir que estás ayudando a alguien. Esto último es para mí lo que significa la vocación, ese concepto etéreo que nunca me ha gustado usar, porque para mí no existe la vocación de ser médico, existe la vocación de querer ayudar a los demás. Hay muchas formas de ayudar a los demás y la medicina es una de ellas.

Así que me enfrasqué en esta aventurilla sin saber muy bien lo que estaba haciendo. De hecho no me gustaba tanto, estudiaba e intentaba aprobarlo todo por inercia, como siempre había hecho, pero sabía que a la semana de haber hecho x examen casi no me iba a acordar de nada…  y no me importaba. No sabía muy bien lo que estaba haciendo. La culpa es principalmente mía claro está pero como muchos señalamos también tiene parte de su culpa el sistema académico, no te incentivan a estudiar todos los días, sólo a estudiar para aprobar exámenes. Por eso cuando llegué a tercero y empecé a ver pacientes me di cuenta de que me había metido en un buen lío. Sentía que no había aprendido nada, que no sabía nada y me llevaba algún que otro palo por ello… pero en realidad había aprendido mucho, sólo que no me daba cuenta. De repente me vi ante una cantidad tan masiva de información que parecía tanto y tan poco al mismo tiempo. Unos días creías controlarlo todo, otros días te sentías completamente inútil. Y empezaron las dudas ¿he hecho bien en meterme en medicina? Tus amigos te empezaban a hacer preguntas que tú no sabías responder, empezaban a confiar en ti, a contarte sus problemas… y sin embargo yo me veía más tiempo dedicándole a otras cosas que a mi propia carrera. Incluso en 4º me veía aún muy lejos de ser médico, no me lo tomaba en serio, no había perdido las malas costumbres. A uno incluso se le pasa por mente la idea de abandonar. Pero en definitiva pocos son los que abandonan, sobre todo cuando ves que en un abrir y cerrar de ojos te encuentras ya al final de la carrera y la presión de tener casi la marca de “soy médico, te puedo ayudar” rotulada en la frente.

Y al final a uno le gusta ese desafío, cuando ves que por arte de magia, cuando creías que no sabías nada, te das cuenta de que sabes un poco más de nada y puedes responder cosas y la sensación de haber resuelto dudas, de comprender qué le puede estar pasando a una persona e incluso de ayudar a alguien con lo poco que sabes engancha. Y así fue como empecé a tomarme más en serio la carrera, a estudiar por gusto incluso leyéndome el Harrison cuando no había ningún examen de por medio.” Lástima que no le haya dedicado más tiempo a la carrera”, terminé pensando como terminé diciendo, y con convicción algo que jamás pensé que diría: “no hay nada más bonito que la medicina”.

Así que al final lo que ha hecho que no me arrepienta de haber escogido esta “etiqueta” no han sido los libros ni han sido las clases, han sido las personas, lo agradecida que se muestra una persona que pide tu ayuda, que confía en ti y a la que terminas ayudando, algo que hasta ahora he vivido casi exclusivamente de forma indirecta pero que dentro de muy poco, espero, viviré plenamente en primera persona.
Alumno de 6º de Medicina. Hospital Universitario de Valme.

Entré hace seis años con esa única idea de conocer el cerebro y su papel en el organismo y en nuestra personalidad; eso con respecto a lo puramente médico, pero con respecto a lo personal, nunca imaginé lo importante que sería este ciclo de seis años.

Entré en la Facultad de Medicina hace seis años, con la única idea de que allí conocería con gran profundidad el cuerpo humano, sus procesos fisiológicos y patológicos, sus mecanismos de defensa, de desarrollo… y sobre todo neurológicos, algo que siempre me interesó.

Como digo, lo que más me llamaba la atención era la posibilidad de conocer el funcionamiento nervioso, las conexiones neuronales y cómo todo ello influye en la manera de pensar y sentir, en la manera de actuar al fin y al cabo.

Eso era hace seis años. Durante este tiempo he visto cosas increíbles que para nada esperaba y eso ha hecho plantearme que quizás pudiera dedicarme a otras cosas interesantes en el mundo de la Medicina.

Y ahora que llega el momento de la verdad y de elegir una opción, no tengo nada claro, ni siquiera si decantarme por una especialidad médica o una quirúrgica.

Entré hace seis años con esa única idea de conocer el cerebro y su papel en el organismo y en nuestra personalidad; eso con respecto a lo puramente médico, pero con respecto a lo personal, nunca imaginé lo importante que sería este ciclo de seis años.

Ingresas en la Universidad de Sevilla procedente del colegio con 17 años, siendo en realidad un crío y sin tener las herramientas para saber realmente lo que puedes encontrarte, ni a quién, ni qué vivencias experimentarás en ese tiempo, ni cómo influirán en ti. Y durante toda esta etapa de la vida compartirás mucho tiempo con gente a la que aprecias más, o menos, pero sobre todo con algunas personas, pocas, que esas sí perdurarán en el tiempo y se hacen importantes en el propio desarrollo personal.

Y al mismo tiempo que todo eso, se va progresivamente adquiriendo conocimientos que incorporas directamente, y muchas veces inconscientemente a tu vida diaria. Me refiero a hábitos saludables.

En mi caso concreto además disfruté el año pasado de una Seneca en la Universidad de Alcalá de Henares, a la que esta adscrito el Hospital Ramón y Cajal, por lo que amplié conocimientos al desenvolverme en otro hospital, con unas prácticas de mejor calidad en mi opinión; y no solo eso, sino que tuve la posibilidad de conocer a fondo una ciudad como Madrid, sus costumbres y su gente.

Con todo esto quiero decir que el paso por la Facultad de Medicina de Sevilla no es solamente un lapso de tiempo en el que estudias, apruebas y recibes un título, sino el “trampolín” que te enfrenta a la vida real, donde verdaderamente deberás encarar problemas realmente serios y donde deberás tomar decisiones de las cuales dependen vidas ajenas. Y todo ello, tanto los conocimiento médicos concretos como el desarrollo personal de cada uno al adquirir habilidades de empatía y comunicación, es lo que nos llevamos de esta etapa de la vida y en ese sentido parece que he cumplido con los objetivos.

Durante estos seis años sí has recibido herramientas, aunque sobre todo teóricas, para desenvolverte en un hospital (aunque con prácticas mejor organizadas y más amenas quizá las herramientas serían mejores) y más que para eso, para decidir a qué especialidad enfrentarte en la próxima etapa de nuestra preparación. Es decir, equiparo la elección que debemos realizar dentro de unos meses, a la que ya hicimos en 2007.

De esa decisión dependerá nuestra vida laboral, por supuesto, pero más importante aún, la personal. Como todo, cuando uno ya empieza a dominar algo, termina, y abre la puerta para dar el siguiente paso donde todo es nuevo, y somos otra vez los que empiezan desde abajo, los inexpertos.
Alumno de 6º curso de Medicina.

Fue a los 15-16 años, cuando comencé a sentir curiosidad por la combinación ciencia-humanidad, que en definitiva es lo que considero a la Medicina.

A cuatro meses de acabar la carrera, reflexionar sobre las razones que me llevaron a este punto es, cuanto menos, complicado. He de decir que, a diferencia de algunos, mi vocación no viene desde enano. Más bien fue a los 15-16 años, cuando comencé a sentir curiosidad por la combinación ciencia-humanidad, que en definitiva es lo que considero a la Medicina. A medida que me informaba, más claro iba teniendo que ese debía ser mi camino. Lo cierto es que mi relación con ella no comenzó de la mejor manera posible y es que ser el número 317 en la lista de espera para acceder a la carrera no era muy alentador. Sin embargo, yo estaba dispuesto a irme a cualquier rincón de España o incluso comenzar años más tarde pues me negaba a tirar la toalla tan pronto ya que no me veía dedicándome a otra cosa el resto de mi vida. Finalmente nada de eso hizo falta, un 11 de septiembre llegó un mensaje que me abría las puertas a mi esperado destino.

Una vez dentro de la carrera te das cuenta de lo amplio y complicado que es el concepto “vocación”, cualidad necesaria para ejercer esta profesión. Cada uno tiene una visión, una percepción, un modo de pensar diferente sobre la Medicina. El mío ha ido cambiando a lo largo de los seis años.

Comencé dándole más importancia a la vertiente científica que a la humanística, a creer que la ciencia lo podría casi todo y que la relación médico-paciente simplemente era algo más dentro de este mundo. Sin embargo, una experiencia cercana en la que, según los médicos la ciencia poco podía hacer, hizo darme cuenta de lo que era capaz la fuerza mental, la necesidad de apoyo psicológico y la enorme influencia de unas palabras adecuadas sobre el estado de salud de alguien. Fue entonces cuando una especie de temor que disfrazaba la responsabilidad de mi futura profesión me inundó por completo, ¿eso era lo que yo tenía que hacer? ¿sería capaz de hacerlo? ¿lo haría bien? De repente, fui verdaderamente consciente del compromiso que iba a tener con la sociedad. A decir verdad, ese miedo no duró mucho. Siempre me he considerado una persona con confianza y madurez suficiente y, si era lo que yo quería hacer, ¿por qué no iba a conseguirlo? Este pensamiento se reafirmó durante las prácticas clínicas en las que cada vez iba sintiéndome más seguro. La relación médico-paciente pasó de ser algo más a ser el núcleo central de mi percepción sobre la enfermedad. Es entonces cuando la llamada de la Medicina caló completamente en mi, pero no del mismo modo que unos años atrás. Ahora mi concepción era más amplia, más completa, más real.

Si bien es cierto que no todo han sido momentos buenos, pues cuando comienzas a entrar en el hospital también te das cuenta de lo que es capaz de hacer la Medicina sobre algunos profesionales: degradarlos. Este es mi miedo ahora ¿será capaz este trabajo de destruirme profesionalmente? La verdad es que aún no se cómo intentar evitarlo ya que dentro de treinta años me gustaría mantener la ilusión que tengo hoy, incluso se me hace difícil verme de otra forma, pero ¿por qué algunos no la tienen? ¿hay algo aún que no sabemos? Aunque estas preguntas ya me las he planteado en varias ocasiones, intento vivir al día, no desmotivarme y fijarme en aquellos profesionales que después de toda una vida dedicada a la Medicina, serían capaces de dedicarle otra completa. Esos son los verdaderos médicos, mis verdaderos profesores, mis ejemplos a seguir.

Mirando al futuro, el siguiente paso es esperar la próxima llamada: la especialidad. Aunque está casi decidida, estoy seguro de que la iré descubriendo una vez haya accedido, como me ocurrió con la propia Medicina. Pero ahora lo único que quiero es avanzar, cerrar una etapa y comenzar otra en la que me sienta verdaderamente útil. Estoy preparado.
Alumno 6º Medicina HUV Valme. Febrero 2013

Lo difícil que resulta responderse uno mismo a la pregunta de por qué estudias medicina, cuando en tu cabeza es algo que no te has planteado, a lo que no has encontrado alternativa.

Parece sorprendente lo difícil que resulta responderse uno mismo a la pregunta de por qué estudias medicina, cuando en tu cabeza es algo que no te has planteado, a lo que no has encontrado alternativa. Podría decir que es algo “que se siente”.

A diferencia de otros muchos de mis compañeros, no tengo memoria de querer ser médico desde pequeña como sueño de mi vida. Sin embargo sí recuerdo que me maravillaba que hubiera gente capaz de curar a los demás, como si de algo mágico se tratara.  Así que finalmente, cuando llegó la hora de la elección del bachiller, fue cuando me decanté por esta carrera, porque yo también quería tener ese “poder mágico”. Además de porque me gustaba la idea de trabajar tratando con personas el resto de mi vida.

Al comienzo yo no estuve desencantada como cuentan otros compañeros, simplemente iba con la idea de que iba a tener que estudiar muchísimo, y comprendía que hubiese que estudiar cosas que no nos gustaran o que no fueran lo que esperáramos, para ser capaces de lograr aprender el resto más tarde.

Lo que jamás pensé, y que sin duda he descubierto en la carrera haciendo prácticas, es que me emocionaría tanto al ver que estás recuperando la salud de una persona desesperada por su situación. Es indescriptible la sensación de paz, felicidad y orgullo que se siente cuando ves que una familia confía plenamente en ti hasta el punto de sentirse en “tus manos”. Obviamente no he sentido esa sensación por mí misma, pero sí cuando esa era la actitud que veía por parte de los pacientes con el médico con el que estuviera haciendo las prácticas. Nunca imaginé que aprendería tanto de las personas, que conocería a gente tan variada con problemas y concepción de los mismos tan diferentes según las circunstancias de cada uno.

Por supuesto esto es lo que me ha motivado más en estos 6 años. Y lo que he utilizado para seguir y animarme en los momentos duros de la carrera por los que supongo que todos pasamos, cuando ves que te falta motivación, cuando te entran las dudas, y cuando más de un pésimo profesor día tras día, apoyándose en un Powerpoint aún con fecha del 2002 sin modificar desde entonces, parece que se esfuerza porque estar en su clase sea un suplicio. Evocar esos sentimientos y colocarlos en mi “Norte” ha sido mi mayor impulso en estos seis años.

También sabía que tomar la decisión que tomé supondría un reto, lo cual también me estimulaba.

Un reto por estar a la altura del resto de tus compañeros, muchos tan brillantes que no tienes más remedio que admirarlos.

Un reto por superarte cada día, por no cerrar tu mente a nada, por desechar todo tipo de prejuicios, por tener siempre tu mejor cara y mejor disposición para todos y cada uno de los pacientes que entran independientemente de la simpatía que te provoquen.

Un reto porque a medida que vas aprendiendo cosas eres más consciente de la magnitud de tu ignorancia.

Creo que todo esto te mantiene vivo, activo y hace que tus metas estén en continua evolución.

Por todo esto creo que mi decisión fue la acertada, porque no creo que nada pueda aportarme más satisfacción que la de ser un buen médico en el futuro. Y por eso animo a cada persona que comparta este sentimiento a no dejarse desilusionar por asignaturas poco interesantes, por ciertos profesores nada comprometidos, y por unas prácticas en las que a veces resultas ser solo un estorbo.

Animo a que cada persona busque sus “refuerzos positivos” que le hagan no perder la pasión que le hará alcanzar su máximo potencial. Y esto no es solo aplicable a medicina. En mi caso y supongo que en el caso de muchos de mis compañeros, hay algo que aunque refleje el tópico de “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes” me ha acompañado durante estos 6 años: ver cómo un diagnóstico ha ensombrecido la vida de muchos de nuestros conocidos y reforzarme aún más en mi decisión de que estudio esto para ser feliz yo, pero también para que lo sean los demás. Y no hay nada más valioso que puedas otorgarles que salud, cuidados y apoyo a cada una de las personas que en su estado más vulnerable acuden a ti con la esperanza de que les devuelvas lo que es suyo.

Alumna del Hospital de Valme. 6º Medicina

Una carrera de Fondo

En estos momentos, a punto de acabar la carrera, viendo ya la esperada meta, y los nuevos proyectos futuros que nos esperan a todos los que vamos a finalizar, se  me vienen a la cabeza un montón de razones por las que me planteé estudiar medicina.  La primera de ellas es porque es una carrera muy bonita, completa y muy interesante, con un montón de campos por los que indagar e investigar y la segunda porque creo que iba a sentir muy realizada ejerciendo esta profesión. Pero a la  vez, mi experiencia, no ha sido siempre un camino de rosas, ya que la carrera requiere mucho sacrificio, esfuerzo  y bastantes horas de dedicación, para conseguir los objetivos marcados; pero ahora que todo finaliza, siento que todo esto ha merecido la pena, sobre todo al pensar en la nueva etapa que nos espera, llena de ilusiones y nuevos objetivos.

La mayoría de las personas  rememoran sus épocas de estudiantes como una etapa de sus vidas llenas de diversión y de idas y venidas,  mientras que yo creo que la recordaré, rodeada de “tochos” de libros, apuntes, clases, prácticas, seminarios, bibliotecas y salas de estudio,  constantemente inmersos en una fiesta paralela: la fiesta del conocimiento.  Pero no quiero agobiar a nadie,  siempre no ha sido así, también se puede disponer de tiempo libre, el cual  hay que  disfrutar al máximo, aunque los remordimientos siempre quedan; como pensamientos, que vienen a la cabeza del tipo: “qué hago yo aquí con todo lo que tengo que estudiar”, pero tenemos que desconectar. Hay que tener vida social, salir con amigos, salir de viaje, es fundamental para poder aguantar la dureza del estudio.

Muchas veces, hay que  aguantar  el tirón de oír las típicas frasecitas: “deja de estudiar ya, no creo que sea para tanto lo que tienes que estudiar, estás loca como te metiste en esa carrera tan larga, vas a estar toda la vida estudiando, qué aburrida eres” etc. Son frases que durante la carrera no dejas de escuchar, y la verdad que agobian y queman, pero como todo pasa; mientras que ahora  que nuestra andadura por la licenciatura va concluyendo, las frases van cambiando, ahora, escuchas, “qué bien que ya vayas acabar, eres una campeona, no me creo que ya vayas a terminar, si parece que empezaste ayer pero bueno a la gente no hay quién la entienda.

Por todo esto, cada uno tiene que intentar cumplir sus sueños y seguir adelante con lo que deseé hacer, en mi caso la Medicina era uno de mis sueños, pero el camino a recorrer no era nada fácil; muchas veces ni las prácticas, ni las clases son las que habías soñado, ni las horas dedicadas son muchas veces recompensadas pero hay que seguir  y luchar por lo que uno quiere,  al final todo tiene una merecida  recompensa.
En mi caso en particular, creo que mi vocación por la Medicina me viene desde muy temprano, desde que era muy pequeña ya que me dedicaba muchas veces a jugar haciendo recetas artesanales y  a darles consejos a los niños sobre que tenían que tomar para curarse; es gracioso recordar esa época.  Mi madre muchas veces  me enseña una carpetilla, con las recetas que hacía y  me decía: no, ¡si ya apuntabas maneras de chica!

Puedo decir que la Medicina engancha, te haces a la vida rutinaria de estudiar, y parece que cuando no llevas esa rutina, sientes que te falta algo, pero como he dicho antes, tienes que desconectar un poco,  porque si no te puedes ” volver loco”, la vida de un estudiantes de medicina, no es solo estudiar, hay que saber organizarse, tener un horario más o menos fijado,  pero siempre salir a desconectar, a respirar aire fresco y salir a la calle, por lo menos a mí me funciona. Necesitamos descansar, planear actividades que te motiven, y que te hagan disfrutar, y te den fuerzas para seguir estudiando.

Para ir concluyendo esta redacción, me queda decir, que a todo el mundo que le guste la Medicina, el contacto con la gente, que no le importe  estudiar (ya que es duro), sobre todo al principio, donde las asignaturas no son muy motivadoras y parece que te has confundido de carrera, comentar que  conforme pasan los años, todo cada vez es más bonito y por ello, animo a quien le guste que siga adelante y que nunca hay  que decaer ni desanimarse; de todo se aprende siempre hay  que sacar el lado bueno de las cosas y de ellas elaborar experiencias enriquecedoras que nos hagan ser mejores personas.

En definitiva: pensad, que mientras más difícil sea el objetivo a alcanzar, más orgullosos estaréis y  a la vez que la recompensa será mayor.

Alumna de 6º curso del Hospital Universitario Virgen de Valme.

¿Por qué decidí estudiar medicina?

Después de tantos años en el mismo colegio, con los mismos compañeros,  sin tener que tomar ninguna decisión, llegaba uno de los momentos más importantes, ¿qué carrera elegir?, ¿a qué quiero dedicarme el resto de mi vida?

En mi caso, Medicina no fue la primera elección, ni tan siquiera aparecía en mi inscripción, me matriculé en A.D.E, he hice el primer curso pensando que sería más sencillo y no tan sacrificado, con menos responsabilidades en el futuro y viviría más tranquila la vida universitaria.
Conforme pasaban los meses no me sentía identificada con la carrera, no le veía ninguna motivación.
Viendo a una amiga estudiar medicina se despertaba en mí la curiosidad y “el gusanillo” que llevaba dentro pero me daba miedo sacar, hasta que llegó el día en el que tomé la decisión de cambiarme y superar ese miedo que me daba el estudiar esta carrera debido a la gran responsabilidad que suponía.

 Una vez entras en la facultad, el primer año es todo emoción, querer aprender, hacer prácticas, ver cosas que otras personas no pueden ver, como por ejemplo en las prácticas de anatomía; pero a medida que pasaban los años veía que cada vez los apuntes eran más y más, miles de términos nuevos, listas infinitas de síntomas ,signos, diagnósticos, tratamientos…y me preguntaba: ¿qué hago yo aquí?, ¡esto es imposible!, ¡voy a ser una mala médico! y varias veces me planteaba el abandonar, pero aguantas, porque a pesar de todo vas aprendiendo cosas nuevas que te intrigan, y quieres saber más y más, comienzas a ver las especialidades, prácticas en el hospital y todo parece tener algo de sentido;  y sin darme cuenta ha llegado sexto, a meses de comenzar el MIR y prepararme para ser realmente médico.
Es ahora cuando siento más miedo y vértigo que nunca, llegó el momento de la verdad, se acabaron los días de ir detrás de los médicos por el hospital, correteando por entrar en alguna consulta para poder conseguir las tan deseadas firmas de las prácticas, ahora somos nosotros los que estaremos en primera línea.

Al mirar atrás, y a pesar de haber tenido momentos de dudas, no me arrepiento de la decisión que tomé pese a lo difícil y duro que han sido estos años, pero no veo dedicándome a otra cosa que no sea la medicina.

Aún me queda mucho por aprender, más bien diría que todo, porque hasta ahora mismo nada más que sabemos memorizar para aprobar los exámenes e ir superando los cursos. Es, en estos próximos años cuando realmente aprenderemos a aplicar todo lo aprendido y a saber de medicina.
Ese miedo e inseguridad con el que empecé aún sigue ya que es una gran responsabilidad y todavía no me siento formada para todo lo que supone ser médico, pero sin duda puedo decir que he elegido bien e intentaré ser la mejor médico que pueda llegar a ser.

Belén Muñoz Torres. 6º Medicina. HUVV.

Ensayo de un estudiante de sexto de Medicina

Apenas falta un suspiro para llegar al final de mi etapa Universitaria y me hacen una pregunta: ¿ Por qué quieres ser médico? Para tal pregunta necesitamos de una reflexión, que entiendo, que ya en mis primeros años de adolescencia la medité ( si es que en la adolescencia se puede meditar) y ahora cuando ya me siento “casi” un adulto tendría que saber responder sin vacilar.

Pero hoy, aquí sentado en mi escritorio rodeado por todos mis enseres de papelería, mis libros y apuntes de medicina, que han compartido conmigo tantos días de estudios, reflexiones y litros de tila… vuelvo a sentarme para escribir un ensayo de ¿ Por qué quiero ser médico?.

Dije que en mi adolescencia, etapa crucial en las que nos hacen elegir nuestro futuro, ya tuve que meditar el porqué de mi elección como estudiante de Medicina.
Pero creo que mucho antes, ya en mis primeros años de infancia se empezó a echar las raíces con una semilla que no sé bien de dónde salió, cómo llegó y quién la plantó.

He tratado de buscar siempre el origen de la semilla para explicar el porqué de esta vocación, para mí más que profesión. Creo casi con seguridad que la semilla de este árbol ( Medicina) nació con una experiencia vivida en los años infantiles donde mi madre enferma. En estas circunstancias, un niño de cinco o seis años vivió unos momentos de impotencia; pero algo surgió, que siendo adulto está borrado de mis pensamientos (dicen que el tiempo cicatriza las heridas) , pero en aquel niño nació algo, tal vez la semilla que anduve buscando para entender lo que ahora quiero llegar ser. Esas ganas de querer curar a tu madre, eso sin embargo, aún no se ha olvidado ni borrado.

Para muchos un hecho como el relatado puede parecer una anécdota, no para mí que estoy convencido que estas experiencias pueden cargar positivamente y si se  trata de un niño, mucho más ya que pueden dejar “huellas” profundas a la hora de una elección posterior.  Pues parafraseando, todo no tiene que ser genético, por bacterias, por virus, a veces, las experiencias vividas positivas o negativas también cambian el curso de una vida. Las etapas entre mi niñez y la adolescencia es la que llamo de cuidados de riego y abono de mi futura vocación. Allí se realizaban las mismas respuestas: “ Yo médico…” a las siempre preguntas de tus más o menos conocidos: ¿ Qué quieres ser de mayor?...

Cuando llegué a mi adolescencia cuando ya no tienes más remedio que elegir tu futuro, ya estaba bien cimentadas las raíces y bien arraigada para saber cuál sería tu futuro más cercano. Me gustaba la Medicina porque empezaba a tener unos conocimientos basados en los temas científicos,  además te gustaba curar, ayudar a personas…en definitiva todo era más reflexivo.

Pero llegando al final, o mejor al principio de nuestra verdadera vocación; ¡ Tenemos el árbol! Está el árbol joven, vigoroso y sus raíces muy fuertes y bien asentadas. Ahora toca mimarlo, seguir cuidándolo… y eso es la intención de todos, seguir creciendo con mi  vocación de  médico.

 Después de tantos años de estudios, tantas malas noches, tan poca vida social…todo ha valido; porque ahora, me siento realizado como persona.

Adrián Sánchez  Vegas. Curso: 2012/13

La medicina es un duro romance

Pienso en hace seis años y dónde estaba, lo pienso ahora y siento que en esencia no han cambiado las cosas para mí en tanto tiempo, la medicina comenzó como una curiosidad o una ambición y acaba convirtiéndose en un anhelo, una pasión y algo más que una afición. Es una doctrina con la que mantienes una relación fluctuante, desde la máxima dedicación hasta la repulsión, pasando por miles de posiciones intermedias. Es en sí misma cambiante, adaptable a los nuevos tiempos y a los diferentes niveles y exige un alto grado de compromiso por parte de uno mismo que no siempre está dispuesto o puede asegurar o cumplir. Sin embargo a pesar de esto, cuando estás ya dentro de esta dinámica quizás, como con las relaciones con las personas, prefieres seguir manteniéndola aunque sea estando de mal humor. Prefieres llevarte y tener ese contacto que no tenerlo. Al menos así me pasa a mí.

Seamos sinceros, cuando empecé la carrera no estaba seguro si quería ser médico, para empezar no sabía ni lo que quería ser. Quería ser y hacer tantas cosas que medicina se me antojaba una más de las posibilidades a las que encaminarme. Ciertamente estaba interesado, me gustaba, tal vez la que más, pero la idea vocacional, la idea de “desde pequeño he querido ser médico” no estaba. Así que lo mío ha sido un descubrimiento, un enamoramiento lento y progresivo, un descubrir qué es y disfrutar de ello, un aprender constante, una sensación de nunca acabar de conocerlo todo y que cuanto más inmerso te hallas en ello, más te das cuenta que te queda mucho por saber. Pero ahí queda que a pesar de todo, siempre quieres seguir con ello y más atrapado te encuentras.

Pero no es un camino fácil de recorrer y es normal que en el transcurso de esta andadura haya baches y obstáculos en el camino. La docencia en la carrera deja mucho que lamentar, se sacrifica tiempo personal que debes dedicar a esto, encuentras compañeros perfectos pero otros que van por otras entendederas que pueden ofuscarte -es una carrera que siempre todo se toma desde un punto de vista muy personal- los fracasos pesan y tenemos mucho en nuestra contra (tanto en el plano académico como en el clínico), es una prueba de resistencia constante ante la cual podemos vernos derrotados en cualquier giro de los acontecimientos; pues no nos queda otra que asumir que en esta “ciencia” (más bien arte) las cosas son así.
La medicina es para mí una carrera que se dedica al estudio del ser humano, y el ser humano es tan increíblemente complejo, resulta titánica la tarea de intentar comprenderlo. Hay que ser un poco de todo (a veces un mucho de todo) para poder dedicarte a esto: biólogo, filósofo, químico, psicólogo, físico, sociólogo y hasta economista (ahora que estamos en crisis). Y esto, permítanme que lo diga así, es fascinante. Pero me corrijo, no se trata de comprender únicamente cómo somos los seres humanos: se trata de actuar, se trata de ayudar, se trata de tratar. Es hacer de la vida de los demás algo más agradable, más cómoda o más llevadera. Como he dicho antes, es una carrera dura, es una profesión difícil, y requiere pasión y entrega. Pero al tratarse de cuidar, proteger y curar lo más importante que cada uno tiene en el mundo, que es su vida; cuando alguien pone la confianza en ti para que lo ayudes, es cuando pasa de ser fascinante a ser maravilloso. Y eso merece la pena.

En la medicina subliman los ideales de dedicación y entrega a la sociedad, a las personas. Para entregarse a ello ha de hacerse un enorme esfuerzo cuya única recompensa que no nos podrán quitar es la de querer haberlo intentado y hacerlo de la forma que nosotros hayamos considerado correcta.
¿Por qué estudié medicina? Primero por querer saber, ya luego descubrí otros motivos que son más satisfactorios que este; pero debe subyacer esa curiosidad por tratar de acercarte. Lo demás lo vas descubriendo con el tiempo, es muy fácil enamorarse de todo esto.

Juan Antonio Ramón Soria, 6º HUV Valme

Si fuera tan fácil contestar!!!

Siempre pensé que tenía la respuesta a la pregunta de por qué estudiar medicina, que me sobraban los argumentos, pero ahora que lo pienso, pues llevo una hora y media delante de la pantalla del ordenador, y me está resultando difícil evocar esos argumentos que siempre pensé que estaban ahí, quizás me cueste ordenar mis pensamientos, lo mejor sería dejarlo para más tarde.

Vale, ya han pasado TRES HORAS, he ordenado mi habitación, elaborado mi lista de la compra, he hablado con mi madre, y acabo de ver un capitulo de LOS SIMPSONS, y supongo que ya no me queda nada mas por hacer, así que toca terminar la tarea que he dejado pendiente hace unas cuantas horitas, me pregunto porque me está resultando tan  difícil hacerlo, supongo que es un ejercicio de reflexión que te obliga a sincerarte contigo misma, cosa a la que renuncie junto con muchas más cosas  por falta de tiempo, obligada por el apretado ritmo que hay que seguir en una carrera como medicina: clases, practicas y exámenes y mas exámenes, y cuando por milagro encuentro  algo de tiempo libre, lo único que me apetece es descansar y dormir, así que lo de reflexionar  lo deje en un segundo plano hace ya unos años atrás, y fue precisamente cuando empecé esa AVENTURA , cambiando de país, cambiando de idioma, dejando atrás a familia y amigos y embarcando en un mundo totalmente nuevo, pensándolo ahora, debí de tenerlo demasiado claro  como para decidir dar ese giro a mi vida solo por estudiar una carrera, teniendo en cuenta que solo tenía 17 años en aquel entonces, pero no me importaba, porque me gustaba la medicina (también me gustaba la literatura, la historia, el periodismo, aprender idiomas o ser jueza!), en definitiva me gustaba de todo, pero por algún motivo que desconocía he optado  por el camino más duro, y si, fue muy duro, mucho más de lo que había pensado, no tardaron mucho en llegar los suspensos, los lloriqueos y la desesperación, iba 10 pasos atrás de mis compañeros, tenía que esforzarme el doble para conseguir la mitad, y eso acaba hundiéndote cada vez más, mi mejor compañero en mis 2 primeros años de carrera fue un DICCIONARIO, ahora cuando por casualidad abro el cajón y me lo encuentro, me invade una sensación agridulce, recuerdos malos y también buenos, malos como la vez que estropee sin querer un microscopio en las practicas de biología en aquel lejano primer año de carrera por no entender bien las instrucciones de la profesora y haber tenido que aguantar una bronca ejemplar (eso sí, sin entender  bien lo que decía!!) y también buenos por ver como mis compañeros me defendían (tampoco entendí bien lo que dijeron, pero esas cosas se sienten),y con el paso de los años me di cuenta de que todo lo vivido tanto académica como personalmente me ayudara a ser la profesional que quiero ser en el futuro.

Creo que mis motivos para estudiar medicina han ido cambiando a lo largo de mis años de estudio, lo que empezó siendo un desafío a mis propias capacidades y un acto de rebeldía diciéndome que puedo con todo lo que me proponga a en los primeros años de carrera, dio paso a múltiples “excusas”  para aguantar la dureza del proceso sin que pase un día en el que no piense en que no debo abandonar porque la medicina es lo mejor ,y que se ayuda a la gente ,y se gana dinero y se logra el respeto de la sociedad, y cuanto más me acercaba a mi meta menos tiempo dedicaba a pensar en porque estoy estudiando medicina, la estaba estudiando y punto, hasta que llego un momento de mi vida en él que todo empezó a cobrar sentido, cuando un ser querido se le diagnostico un tumor maligno, y cuando eso sucede, tu mundo se derrumba, la angustia te ciega, se suponía que era estudiante de medicina, el pilar en él que se apoya mi familia, pero fue al revés, fui la que peor llevo el proceso, odiaba saber tantos detalles, envidiaba  la “ ignorancia” de los demás, pero cuando por fin el proceso termino y se logro vencer a la enfermedad  me pare a pensar y me di cuenta de que no hubiera sido posible si no fuera por la existencia de UN MEDICO, una persona que probablemente también un día pensó en rendirse bajo la presión de una carrera tan exigente y dura, pero no lo hizo, y estuvo ahí justo en el lugar oportuno para salvar la vida a mi PADRE, y hacer posible que una chica pudiera tener a su padre junto con ella el día de graduación, y el hecho de pensar que yo también podría hacer lo mismo con alguien algún día me basta y me sobra para creer que estoy en la mejor carrera del mundo, para llenarme de valentía para afrontar todo obstáculo que se interponga en mi camino y reafirmar con certeza de que si volviera a nacer volvería a escoger el mismo camino, lleno de lagrimas y tropezones pero también lleno de gratitud y satisfacción que ninguna otra carrera me habría proporcionado, y este argumento a día de hoy me es suficiente para pensar que todo el sacrificio habría valido la pena.
Maha Abderahim. 6° curso de Medicina. HUNSV. 2012/2013.

La medicina es un duro romance

Pienso en hace seis años y dónde estaba, lo pienso ahora y siento que en esencia no han cambiado las cosas para mí en tanto tiempo, la medicina comenzó como una curiosidad o una ambición y acaba convirtiéndose en un anhelo, una pasión y algo más que una afición. Es una doctrina con la que mantienes una relación fluctuante, desde la máxima dedicación hasta la repulsión, pasando por miles de posiciones intermedias. Es en sí misma cambiante, adaptable a los nuevos tiempos y a los diferentes niveles y exige un alto grado de compromiso por parte de uno mismo que no siempre está dispuesto o puede asegurar o cumplir. Sin embargo a pesar de esto, cuando estás ya dentro de esta dinámica quizás, como con las relaciones con las personas, prefieres seguir manteniéndola aunque sea estando de mal humor. Prefieres llevarte y tener ese contacto que no tenerlo. Al menos así me pasa a mí.

Seamos sinceros, cuando empecé la carrera no estaba seguro si quería ser médico, para empezar no sabía ni lo que quería ser. Quería ser y hacer tantas cosas que medicina se me antojaba una más de las posibilidades a las que encaminarme. Ciertamente estaba interesado, me gustaba, tal vez la que más, pero la idea vocacional, la idea de “desde pequeño he querido ser médico” no estaba. Así que lo mío ha sido un descubrimiento, un enamoramiento lento y progresivo, un descubrir qué es y disfrutar de ello, un aprender constante, una sensación de nunca acabar de conocerlo todo y que cuanto más inmerso te hallas en ello, más te das cuenta que te queda mucho por saber. Pero ahí queda que a pesar de todo, siempre quieres seguir con ello y más atrapado te encuentras.

Pero no es un camino fácil de recorrer y es normal que en el transcurso de esta andadura haya baches y obstáculos en el camino. La docencia en la carrera deja mucho que lamentar, se sacrifica tiempo personal que debes dedicar a esto, encuentras compañeros perfectos pero otros que van por otras entendederas que pueden ofuscarte -es una carrera que siempre todo se toma desde un punto de vista muy personal- los fracasos pesan y tenemos mucho en nuestra contra (tanto en el plano académico como en el clínico), es una prueba de resistencia constante ante la cual podemos vernos derrotados en cualquier giro de los acontecimientos; pues no nos queda otra que asumir que en esta “ciencia” (más bien arte) las cosas son así.
La medicina es para mí una carrera que se dedica al estudio del ser humano, y el ser humano es tan increíblemente complejo, resulta titánica la tarea de intentar comprenderlo. Hay que ser un poco de todo (a veces un mucho de todo) para poder dedicarte a esto: biólogo, filósofo, químico, psicólogo, físico, sociólogo y hasta economista (ahora que estamos en crisis). Y esto, permítanme que lo diga así, es fascinante. Pero me corrijo, no se trata de comprender únicamente cómo somos los seres humanos: se trata de actuar, se trata de ayudar, se trata de tratar. Es hacer de la vida de los demás algo más agradable, más cómoda o más llevadera. Como he dicho antes, es una carrera dura, es una profesión difícil, y requiere pasión y entrega. Pero al tratarse de cuidar, proteger y curar lo más importante que cada uno tiene en el mundo, que es su vida; cuando alguien pone la confianza en ti para que lo ayudes, es cuando pasa de ser fascinante a ser maravilloso. Y eso merece la pena.

En la medicina subliman los ideales de dedicación y entrega a la sociedad, a las personas. Para entregarse a ello ha de hacerse un enorme esfuerzo cuya única recompensa que no nos podrán quitar es la de querer haberlo intentado y hacerlo de la forma que nosotros hayamos considerado correcta.
¿Por qué estudié medicina? Primero por querer saber, ya luego descubrí otros motivos que son más satisfactorios que este; pero debe subyacer esa curiosidad por tratar de acercarte. Lo demás lo vas descubriendo con el tiempo, es muy fácil enamorarse de todo esto.

Juan Antonio Ramón Soria, 6º HUV Valme

La Medicina es mucho más que sanar

Desde muy pronto tuve claro que quería ser médico. Eso me costó más de un agobio en bachiller por alcanzar la maldita “nota de corte”, que tan cotizada estaba. Ante todo, quería estudiar algo que fuera útil a la sociedad, y con lo que pudiera ayudar a muchas personas, y qué mejor manera que ayudarlas a tener Salud. Lo que sí es cierto, es que algunos motivos han ido variando a lo largo de estos años, o al menos, han ido adquiriendo matices.

Comencé la carrera muy ilusionado, dispuesto a estudiar mucho y a resolver todos los problemas que me echaran por delante, y ser capaz de resolver los problemas de salud de todos los pacientes a los que viera. Lamentablemente, la decepción vino pronto cuando vi que el primer ciclo de Medicina es un infernal recorrido por la inmensidad de bases teóricas que tiene en sus cimientos. Prácticamente tienes que aprender un idioma nuevo en dos años (el médico-científico) y memorizar una gran cantidad de conceptos y además saber aplicarlos. Recuerdo aquellos años como un constante deseo de acabar con eso y entrar en el maravilloso hospital, que seguro me iba a deparar otros retos más interesantes y al fin ¡entraría en acción!

Cuando entras en el hospital, te das cuenta de que has aprendido muchas cosas teóricas, pero... no tienes ni idea de cómo tratar a un paciente. Y esto creo que es uno de los mayores problemas que tiene la carrera. No nos enseñan a aplicar los conocimientos a los casos reales desde el principio, y cuando estás en el hospital es cuando te das cuenta de lo verde que estás. Por si fuera esto poco, eres “el último mono” y tienes que tener mucha suerte para que alguien te eche un poco de cuenta y tenga ganas de enseñarte.

Y poco a poco, llegaron mis días en Valme. Vivir el hospital ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. Por supuesto, ni que decir tiene lo mucho que he aprendido sobre Medicina en él. Pero lo más importante para mí ha sido darme cuenta de que detrás de cada problema de salud se encuentra la historia de una persona, cada una con su contexto, sus peculiaridades y sus matices, y como el médico debe tener todo esto en cuenta para atender al paciente adecuadamente, aunque desafortunadamente no siempre se hace.

A pocos meses de terminar la carrera el camino se diversifica de nuevo en muchos otros, y una vez más, sólo puedes tomar uno. Son numerosas las especialidades posibles y tendremos que ir optando por la que se adapte más a lo que buscamos. En este trabajo de introspección, de descubrir qué quiero hacer como médico y de lo que quiero ser capaz de ofrecer a los demás es donde he ido descubriendo lo que es para mí la Medicina y cuáles son mis objetivos. La Medicina es algo más que sanar, es más que curar una neumonía o prescribir un betabloqueante. La Medicina es conocer el contexto social donde se mueve la comunidad, es saber qué problemas sociales hay en el barrio y en las familias, es estar al lado de los pacientes, es saber aconsejar y ser un referente para las dudas que tengan los pacientes, es un apoyo psicológico. Creo que ya es hora que los médicos y las médicas dejen de ser un simple taller de reparaciones, un colectivo tan corporativo y alejado de la sociedad, y se convierta en un motor de cambios: cambio social, cambio de estilos de vida, cambio de la curación por la prevención y la promoción...

Por todo lo comentado antes, creo que la especialidad que más me gusta es la de atención primaria. Por una parte es una especialidad en la que puedo cumplir mis objetivos, y por otra, tiene mucho de otra especialidad que me gusta, como es la psiquiatría. Pero como muchas cosas en la vida, no deja de ofrecer un contraste entre ilusión y miedo. Ilusión, por alcanzar al fin la meta, que es ser médico y ayudar a mucha gente. Miedo, por la responsabilidad que conlleva esta labor, que bajo mi punto de vista se acentúa en atención primaria. Es la primera línea de batalla, el primer contacto con las personas, con sus problemas de salud y con todo lo que le rodea. Nadie se equivoca a priori en recetar un diurético a un hipertenso, pero no hay mayor fracaso terapéutico que ver que un paciente sale de la consulta de su médico sintiendo que no ha sido tratado bien o que no ha hecho todo lo posible por solucionar su problema, o cuanto menos escucharlo. Además, requiere mantenerse al día en los conocimientos médicos, cosa que no es fácil por la velocidad a la que avanzan. Por otro lado, existe otra responsabilidad más, que es la de luchar por construir un sistema sanitario basado en una atención primaria de calidad, romper con el hospitalocentrismo y en el que se inviertan los recursos necesarios tanto para subsanar los problemas de salud ya presentes, como para desarrollar programas eficientes de prevención y promoción de la Salud.

En conclusión, podría decir que tengo más claros los motivos por los que estudié Medicina ahora que cuando comencé la carrera. En estos años he ido madurando la idea de que la clave de ser un buen médico no (sólo) está en dedicarse a salvar vidas, sino que está en acercar la salud a las personas, conocer el impacto de la enfermedad en la vida y prestar atención a las circunstancias que rodean a los pacientes más allá de sus problemas de salud.

Francisco Javier Morales Morato. Alumno de Valme. Curso 2012/2013.

Estudiar Medicina no es algo que se pueda tomar a la ligera. Es toda una responsabilidad.

Por dónde empezar, ¿la Medicina y yo?… supongo que nuestra relación empezó mucho antes de que yo naciese, en el momento en el que mis padres se enamoraron estudiando Anatomía y Fisiología en una Facultad de Medicina. ¿Vocación? Tampoco sabría qué decir. Aunque me viniese por doble partida y el anhelo por el saber, por la vida, corriese por mis venas; no fue hasta 4º de la ESO cuando decidí que era lo que quería hacer el resto de mi vida, y para lo que yo sin saberlo, estaba destinada a hacer. ¿Ciencias o Letras? Eso al menos lo tenía muy claro.
Siempre había sido una buena estudiante. En algunos momentos soy demasiado exigente conmigo misma. Siempre me gustó ponerme retos, cumplirlos y terminar lo que empiezo. Pero ¿Qué quería ser de mayor?
Durante años me negué a reconocer que quería seguir los pasos de mis padres. A sentir ese gusanillo por el saber, por comprender el porqué de la vida. Cuando mi padre decía muy seguro de sí mismo: “no hay una carrera como la Medicina, ni una vocación como la del médico”, yo resoplaba indiferente con ojos en blanco. No creo que fuese rebeldía, sólo que ponía un profundo interés en hacer mi propio camino y no guiarme por sus decisiones pasadas.
Cuando finalmente reconocí a mi familia que lo que en realidad quería ser era médico, no solamente les di una alegría, si no que sentí aún más dentro de mi fuero interno que era lo que quería por encima de todas las cosas. Me esforzaría al máximo para conseguir esa nota de corte que aparecía en mis peores pesadillas. No concebía mi futuro siendo otra cosa. Todos los planes B me parecían meramente teóricos.
Era una gran decisión. Estudiar Medicina no es algo que se pueda tomar a la ligera. Es toda una responsabilidad. Todos somos personas, y como tales queremos ser tratados. Cuando estamos enfermos nos sentimos vulnerables, indefensos, y lo único que queremos es recuperarnos en el menor tiempo posible. Pero ¿es eso lo único que deseamos? No creo. Necesitamos sentirnos apoyados, comprendidos y cuidados. Ahí es donde entra en juego el papel del médico, el del buen médico. Mi sueño es serlo algún día. Para mí no hay una mejor opción de vida que el ayudar al prójimo, al necesitado. Tratar a los demás como a nosotros nos gustaría ser tratados. Y para ello la Medicina me parece la mejor herramienta. Poder proporcionar salud me parece una gran oportunidad para realizarnos como personas y un gran regalo a nuestra sociedad.
No todo es un camino de rosas y lo pude comprobar nada más entrar en la carrera. De no saber que era un suspenso, pasó a ser algo habitual en mi primer cuatrimestre. Sentí el dolor que provoca ver que no llegas a tus objetivos y el miedo atroz de pensar que te has equivocado de camino, que ese no era tu destino. Pero aunque tuve ese momento de flaqueza, aun estando lejos de mi casa, no caí. Gracias al apoyo de los que más quiero me volví a levantar, a creer en mí misma. Volví a amar la idea de ser como mis padres y me agarré fuertemente a la sensación de que no importa lo que cueste, las horas que tenga que invertir o los baches que tenga que superar. En mi caso el fin justificaba los medios. ¡QUERÍA SER MÉDICO!
Ahora miro para atrás, y me parece increíble que ya esté acabando todo esto.
Ese  vértigo que se siente al saber que son seis años los que te esperan por delante para ver terminada la primera fase de tu objetivo final. No es nada. Eso no es vértigo. Vértigo es el que se siente ahora que terminamos. El “sólo sé que no sé nada” después de todas las pilas de apuntes que hemos estudiado, meses encerrados para sacar la plaza en la especialidad y hospital que deseamos la idea de guardias y puertas de urgencias.
Y sobretodo vértigo a saber que estamos a un paso de haberlo conseguido, que pacientes y familiares pondrán su plena confianza en nosotros y que no podemos defraudarlos. No podemos perder nunca los valores humanos que nos han llevado a elegir esta profesión tan maravillosa.
Como dijo el gran filósofo griego Aristóteles: “No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho”. Eso es por lo que hemos invertido estos seis años. Saber el por qué de algunos de los grandes nudos que se nos plantearán en nuestra vida profesional.
Sé que muchos no compartirán mi opinión, pero siento que cada día estoy más cerca de creer que “no hay una carrera como la Medicina, ni una vocación como la del médico”.

Marta Aznar Boyarizo
Sexto de Medicina, Hospital Universitario Nuestra Señora de Valme.

Seis años de recuerdos

Es curioso como después de 6 años sabiendo por qué estudio medicina, cuando tengo que sentarme a escribirlo no se por donde empezar.

Cuando era pequeña siempre decía el típico "yo de mayor voy a ser pediatra como mi papá". Después no lo tenía tan claro pero conforme se iba acercando el momento cada vez lo dudaba menos.

La verdad es que una vez dentro de este mundo, por suerte nunca he tenido crisis ni dudas, cada vez me ha gustado más, cada año conocía algo que me hacía querer más esta profesión, así que haré un resumen de mis mejores recuerdos año por año.

De primero recuerdo con gran entusiasmo las practicas de anatomía, aunque muchos puedan pensar en lo desagradable de hacer prácticas con cadáveres, para mí tener la posibilidad de conocer tan bien el cuerpo humano y guiados por un gran profesor, fue algo apasionante.

De segundo me siguieron encantando las prácticas de anatomía y además de eso... siendo sincera, lo que recuerdo con gran cariño es que ese año conocí a una persona muy importante en mi vida. Aunque parezca que nada tiene que ver esto con la medicina, no es del todo cierto, pues con él puedo compartir todo lo que me gusta de este mundo, una persona ajena a él que sabe de esto lo que yo le cuento con entusiasmo y conoce muy bien mi gusto por todo ello. Es importante poder compartir lo que aprendemos y lo que nos sorprende cada día.

De tercero, lo mejor fue la entrada al hospital, el primer contacto con lo que nos deparaba el futuro, con la verdadera realidad, las ganas de más y más rápido, las ganas de seguir aprendiendo y avanzando, de poder y saber tratar con personas de la única forma que debería ser posible, con humanidad, cercanía y respeto.

De cuarto... París, me fui de Erasmus a una ciudad increíble. Para mi cualquier palabra se queda corta para describir "la Ciudad de a Luz", y además del encanto de la ciudad, me llevé una gran experiencia práctica en sus servicios sanitarios. Prácticas en un país extranjero, en una lengua extranjera y con grandes profesionales. Una gran experiencia personal y profesional, muy recomendable, aunque siempre, para que engañarnos, echando de menos mi tierra y mi gente.

De quinto, mi llegada tardía al Hospital Universitario de Valme, mi primer contacto con los nuevos compañeros, con el hospital, con las ovejas... Una muy buena impresión de todo lo nuevo. El gusto por la pediatría, la psiquiatría, la neurología, en fin, por materias verdaderamente bellas.

Y por fin sexto... por fin llegamos a este momento que cuando entramos en medicina creemos que nunca llegará y que ahora parece que fue ayer cuando teníamos ese pensamiento. Sin ninguna duda, de sexto me quedo sobre todo con la gente, con mis "Valmerillos" con buenos momentos juntos, con buenos profesores y buenas prácticas, con horas de academia y dudas de simulacros, con pensar en junio...

Parece mentira que dentro de pocos meses vaya a poder decir que soy médico, a veces me da miedo pensarlo, me veo muy pequeña. Otras me siento orgullosa solo de imaginarlo, no por el hecho de "ser médico", sino por el hecho de haber sido capaz de conseguir mi sueño, aquello por lo que más he trabajado nunca, por lo que más me he agobiado y que más satisfacciones me ha dado.

Tengo muchas ganas de empezar a trabajar en esta bonita profesión, de empezar a sentir la satisfacción de saber que he hecho todo lo que he podido por facilitarle la vida a una persona. También se que habrá momentos de frustración, y más en los tiempos que corren, momentos en los que sintamos impotencia, tristeza, desilusión. Pero estoy dispuesta a afrontar todo eso, a poner buena cara, echar valor y tirar para adelante, a luchar por la profesión que quiero, en la que creo y que forma parte de mí. Espero y deseo ser capaz de mantener toda mi vida el gusto por la Medicina, saber dar menos importancia a los aspectos menos deseables, que todas las profesiones tienen, y darle más a todo aquello que la hace, para mí, la carrera más bonita, completa, satisfactoria y humana que existe.

S.D.R. Alumna de 6 de medicina. Hospital Universitario Virgen de Valme. 21/02/2013

Tenemos la profesión más bonita del mundo. Falta que seamos merecedores de ella.

Supongo que lo bonito sería decir que siempre quise estudiar medicina, que era mi ilusión desde que era pequeña, que jugaba con los fonendos de mi padre…
Pero la verdad es que no, con una hermana que estudiaba medicina siempre dije que yo no haría una carrera en la que tuviera que estar tanto tiempo encerrada y memorizando tantas cosas… Las razones que me llevaron al final a tragarme mis palabras son muchas y no es el momento de contarlo aún. Ahora toca aportar qué es lo que he sentido mientras he estado aquí dentro. No me equivocaba cuando decía que Medicina era sinónimo de encerrarse y memorizar miles de cosas…

No voy a mentir, horas y horas estudiando, clases que se han limitado a nombrar fármacos y pruebas, prácticas en las que hemos sido un mueble más, médicos que nos han ignorado, echado, hablado mal… he llegado a odiar esta carrera. No he entendido qué es lo que pasa desde que somos estudiantes apasionados por tratar y curar personas hasta que nos convertimos en médicos hastiados, cansados, hartos de la gente. He tenido a veces ganas de gritarle a un médico que tratara bien a sus pacientes, que les hablara con cariño, que los escuchara. Y me he tenido que callar, porque si algo nos han hecho ver en esta carrera, es que los estudiantes no somos nada. Así, que sí, mentiría si dijera que ha sido un camino de rosas y que voy a echarla de menos muchísimo. Hay muchas, muchas cosas que cambiaría. Sin embargo, y siguiendo con toda esta sinceridad, quedarme aquí sería quedarme muy corta, seis años dan para mucho. Como me considero una persona optimista, y agradecida, me parece una buena manera de hacer un pequeño resumen de todo esto dando las gracias.

Gracias por los compañeros, y no sólo en las aulas, también en este viaje, las almas gemelas con las que me he encontrado.

Gracias por los nervios y el estrés compartido, las risas, las cervezas postexámenes, gracias por las comidas en común y los enfados comunes ante las injusticias, por formar mi gran familia aquí.

Gracias por las lágrimas, y no sólo las de frustración sino todas, las a pie de cama, las de emoción ante historias bonitas, las de despedida, las de reencuentros.

Gracias por los médicos y profesores apasionados, esa raza que parece casi extinta, por los que nos contagian sus ganas, sus enseñanzas y su amor.

Gracias por el amor, en todas sus manifestaciones, por esas sonrisas por la mañana cuando pasamos planta aunque ni siquiera levantemos la voz, por las familias que no dejan de estar al pie del cañón 24 horas.

Gracias por el dolor, por enseñarme a superarlo, por la fuerza que han demostrado todos y cada uno de los pacientes, médicos y familiares con los que he compartido y vivido momentos, una fuerza que sólo aparece en los momentos críticos de la vida, pero que hay quien demuestra a diario.

Gracias por quienes han estado a nuestro lado en todo momento, a esa faceta de padres, hermanos y amigos que no conocía y que ha salido a relucir en estos años, el apoyo cuando lo necesitaba, las reprimendas cuando lo merecía (y cuando no pero de las que también he sacado enseñanza), gracias por creer en mí cuando yo no lo hacía.

Gracias a todos los que han compartido momentos íntimos y dolorosos de su vida con nosotros, no es fácil estar en un hospital, no es fácil recibir ni dar malas noticias, y yo aún ni siquiera he empezado, gracias por la experiencia, por la alegría de saber que estoy a las puertas de poder seguir alargando las sonrisas de todo el que pueda, de hacerme ver que merece la pena seguir luchando por este mundo, lleno de grandes desgracias pero también de millones de pequeñas maravillas. Fue eso lo que me llevó en su momento a tragarme mis palabras, lo que me hizo darme cuenta que merecía la pena el esfuerzo, el sacrificio. Tenemos la profesión más bonita del mundo. Falta que seamos merecedores de ella.

La pregunta del millón

Cuando era pequeña nunca me imaginé siendo médico. Yo no era ese tipo de niña que cuando sus padres le preguntan que qué quiere ser de mayor, contesta diciendo “médico”. Más bien me imaginaba siendo cantante, actriz, Power Ranger Rosa o sobre todo propietaria de un puesto de verduras o pescado fresco en el mercado de abastos. Sí, me encantaba acompañar a mi madre a comprar a la plaza y al volver a casa jugaba con mis plastilinas y mi caja registradora a vender verduras y pescado. Creo que nuestro profesor promulgador de un estilo de vida saludable y por supuesto antitabaco estaría muy orgulloso de mí.

La verdad es que de niña los médicos no me gustaban ni un pelo. Las pocas veces que se cruzaron en mi vida o yo en la de ellos, no me resultaron agradables porque me daban miedo. Después empecé a ir al cole, al instituto de ESO y como lo de ser Power Ranger había dejado de convencerme, necesitaba otra opción. Pronto nos matriculábamos en bachillerato y había que elegir letras o ciencias. Por una época pensé elegir letras, pero los profesores me aconsejaron que por lo que pudiera pasar hiciera ciencias y así posteriormente podría tener un amplio abanico de posibilidades académicas, no sólo de letras.

Afortunadísimamente les hice caso y elegí el bachillerato de Ciencias de la Salud. Poco a poco me di cuenta de que en clase de Historia me dormía, en la de Lengua algo menos pero tampoco me estimulaba la sintaxis, por el contrario sí la literatura. Pero pensaba y aún pienso que la literatura es un arte libre, cualquiera puede leer los libros que quiera y cuando quiera. Total, que me percaté de que las letras no eran lo mío, algo que también podréis percibir vosotros.

Como me daba cuenta de que pronto había que tomar una decisión, empecé a pensar, miré un listado de carreras y la única que me interesaba era Medicina. Ni Enfermería, ni Odontología, ni Fisioterapia, ni Biotecnología. Medicina. Y yo misma me preguntaba por qué, ¿por qué Medicina? A la única conclusión que llegué fue que me parecía increíblemente interesante el hecho de estudiarnos a nosotros mismos, todo lo que nos podía afectar y la forma de repararlo. Pero me daba miedo de no estar a la altura, de no tener valor suficiente para dedicarme a eso. Había gente a mi alrededor que decía “¡10 años de carrera!, ¡yo paso!”; honestamente a mí los 10 años era lo que menos me importaba, siempre me ha gustado ponerme las cosas difíciles, mi máxima preocupación era no ser capaz. Hablé con familiares y amigos y todos me dijeron que no tenía por qué salirme mal.También me enfadaba el hecho de tener que decidir mi futuro siendo tan joven e inexperta, ¿qué pasaba si después no me gustaba realmente, o si era demasiado dura para mí?

Al final lo hice, trabajé duro para asegurarme mi plaza en la US y aquí estoy ahora, a 4 meses de terminar. Desde mi perspectiva actual, no puedo estar más contenta de la decisión que tomé, pienso que no pudo ser más acertada. Al principio no supe por qué me decidí tan aferradamente a estudiar Medicina rechazando el resto de carreras, pero después de estos seis años de experiencia, me pregunto si mi negativa a aceptar las muertes prematuras, las pérdidas, el sufrimiento por una enfermedad, la incapacidad, desde que era muy pequeña, me llevaron involuntariamente a ello. Lo bueno es que estas inquietudes y preocupaciones personales pueden sobrellevarse trabajando en esto y sintiendo que haces algo útil en ese campo.

Podría haber sido periodista, banquera, limpiadora, abogada, maestra o ni-ni, pero nada de eso me habría llenado, habrían sido trabajos puramente mecánicos, trabajar por trabajar (excepto ni-ni), sin ningún aliciente para mí. Sin embargo, siendo médico se puede trabajar entre personas dispuestas a investigar y a progresar siempre en el camino de enfrentarse a la enfermedad, fijando la salud en cada persona tanto como sea posible. ¿Por qué yo tenía miedo a los médicos cuando era pequeña? ¿Y los adultos por qué tienen miedo a veces a los médicos? Como alguien dijo, los médicos son los aliados frente a la enfermedad, los que pueden ayudar dentro de las posibilidades que existen en el momento. Las patologías, el sufrimiento y la muerte siguen y seguirán existiendo. El trabajo de un médico se basa en solventar o retrasar esos problemas, por lo tanto es muy útil, nadie debería tenernos miedo, somos los que podemos darles la esperanza. Así que si esto no tiene aliciente, ¿qué trabajo lo tiene?

Para concluir diré que no tengo una respuesta exacta y firme de por qué me matriculé en Medicina. Yo no tengo ningún familiar médico, ni nadie que me inculcara esa decisión. Tuve que reflexionar mucho y pensar en mis objetivos, ideales y valores en la vida. La única respuesta que puedo ofrecer es todo lo que habéis leído, estoy muy contenta de estar haciendo lo que hago, y mi objetivo es trabajar codo con codo, con todos los que pensáis como yo. Enhorabuena a todos los que gustosamente formáis parte de la Medicina (Los que no cumplan este requisito fundamental aún están a tiempo de dedicarse a otra cosa).

Ana Victoria Ojeda Claro. Hospital Universitario Nuestra Señora de Valme. Sevilla

Por qué estudiar medicina: Harrison significa Hard-Reasons

A pocos meses de terminar la carrera los argumentos, con que pude comenzar esta aventura hace seis años, han sido ya refutados en su inmensa mayoría. Quise ser médico para poder ayudar y curar a las personas, además de ejercer la gran responsabilidad que esta profesión tiene de cara a la sociedad. Estos al menos eran mis planteamientos racionales. Los únicos que han perdurado íntegros y no han sido refutados se hallan en los párrafos finales.

No es que hoy día considere erróneos esos planteamientos, sino que son profundamente matizables. Tomemos los dos principales, ayudar y curar. Siendo sincero, considero que la medicina no cura prácticamente a nadie. Dicho así parece una locura, porque fruto de la intervención médica el paciente presumiblemente mejorará o incluso se curará. La pregunta es, ¿puede atribuirse el médico tal mérito? ¿Actúa a modo de hechicero que ofrece una poción mágica con la que combate el mal del paciente? No me parece que esto sea así. De entrada, si la persona no desea en el fondo curarse y no pone de su parte, poco podrá hacer el sanitario que la atienda e incluso aparecerá otro problema, porque a una persona que no desea ayudarse a sí misma solo le falta sentirse culpable por no hacerse caso del médico. El que contribuye definitivamente en la curación es el propio paciente. Lo hará su organismo con mayor o menor ayuda, más o menos rápido y quizá deberíamos asumir que el médico tan solo es un intermediario en todo este proceso. Esto que parece una perogrullada, por ser notoriamente sabido, lo es tanto como que el sol sale de paseo todos los días por el cielo. Sin embargo, dependiendo del punto de referencia que consideremos, la realidad podría ser que la Tierra gira alrededor del Sol o que es este el que gira alrededor de la Tierra. Que le pregunten a Galileo Galilei y a la Inquisición si este matiz reviste de importancia… De modo que una de las pocas cosas que he hecho hasta ahora que quizá haya podido salvar alguna vida la puede hacer cualquiera que no sea médico: donar sangre. Lo tengo claro. Si lo que se pretende es salvar vidas este simple gesto, regalar un poco de tu sangre, puede ser una manera más directa y generosa de lograrlo que cualquier otra.

La salud debe centrarse en las propias personas y el sistema sanitario tiene un papel secundario. La medicina actual parece sin embargo orientada justamente en sentido opuesto: que el individuo pierda cada vez más autonomía, capacidad de decisión y actuación sobre su salud y que toda su responsabilidad sea transferida al sistema sanitario. Y encima, teniendo en cuenta que el estilo de vida es el factor más importante… ¡Coca-Cola, Nestlé, McDonald´s, Marlboro, Baileys, etc. tienen mayor influencia sobre la salud que los médicos! Por otra parte, hace seis años sabía de algunas farmacéuticas que no eran precisamente “altruistas” (¿Bayer, recuerdas tu pasado en IG Farben?), y ahora no sé cuál de ellas puede tener una motivación distinta de la rentabilidad y el beneficio económico. Si con quince años mi sueño era dedicarme a la investigación en el campo de la neurociencia, ahora esa ambición queda precisamente en eso, una ensoñación. ¿Cómo puedo hoy día pensar en una investigación independiente de los intereses económicos, particularmente de las farmacéuticas? Gracias a sus prácticas empresariales en las últimas décadas, a la formación que ofrecen a los médicos y principalmente al empeño, el gran empeño que ponen en cronificar enfermedades como la diabetes, el SIDA y poco a poco el cáncer, estamos asistiendo a una época en la que los profesionales del sector sanitario tienen la sensación de que la situación se les está escapando de las manos. El papel de estas grandes compañías, conjuntamente con la permisividad gubernamental y de los propios sanitarios, constituye a mi modo de ver un buen ejemplo de pastoreo del rebaño por parte de los lobos. Y en cuanto al papel del médico en todo esto, como escribe el filósofo hindú J. Krishnamurti, el ser humano tiene la extraña tendencia de tratar de solucionar un problema precisamente con aquello que lo ocasionó. Si cierta persona desarrolla una patología a raíz de una intoxicación (debida al tabaco y/o alcohol, a un consumo excesivo de grasas y/o glúcidos y/o sofá, a un exceso de cortisol y adrenalina en la ansiedad y el estrés crónicos, etc.) la solución pasa por prescribir más “tóxicos” (hipolipemiantes, hipoglucemiantes, ansiolíticos…) muchas veces sin acompañarse de medidas verdaderamente efectivas para eliminar las causas subyacentes. El sanitario tiene cada vez más la sensación de que es la sustancia que prescribe a modo de remedio mágico, y no su propia intervención, la que finalmente ayude al paciente. Parece que el proceso que describía en el caso de las personas en relación a su salud tiene su eco en el médico. Curioso. ¿Me arrepiento de haber escogido esta profesión? Por supuesto mi respuesta es no. Que no desee centrar mi vida en la investigación y ni siquiera considere fundamental en tantos casos el papel del médico, me deja con lo que más me satisface de este campo. A nivel intelectual integra el conocimiento científico, psicológico, antropológico y sociológico, por lo que me fascina y cautiva incluso más que la astronomía o la física cuántica (porque todavía no he visto a ningún hadrón rubito con fenilcetonuria ni tengo el placer de conocer el encanto de los quarks). Desde niño he alzado la mirada hacia el Universo en toda su inmensidad y aún consigue arrancarme el aliento la visión del cielo nocturno. Años más tarde volví a fijarme en el infinito, esta vez de lo pequeño. Y hoy día percibo que es justamente aquello más cercano lo que más me fascina: el ser humano, una simbiosis entre esas dos realidades extremas que resulta, a su vez, un ser bellamente imperfecto, con todos sus problemas y dilemas inabarcables por un lado y aquellos percances del quehacer diario por otro. Siento que mi devoción por el ser humano se basa en el respeto y reconocimiento de todas sus debilidades, con una visión realista y no idealizada del mismo. Y sí, me he criado entre libros de medicina, algunos de los cuales están pintarrajeados (pobrecillos) por aquel niño que no se atrevió a ponerle la mano encima al Harrison, al sentir un enorme respeto casi espiritual hacia sus finísimas e innumerables páginas y sobre todo hacia su título: Principios de Medicina Interna (me preguntaba si esos tochos eran tan solo el principio, cuánto sería hasta el final). Hoy día sigue siendo mi libro preferido y seguimos manteniendo esa relación, aunque he aprendido que matizar y someter la versión oficial a la duda razonable puede resultar emocionante, interesante y muy revelador (por ejemplo, ¿a qué espera la OMS para retirar los lácteos de la pirámide alimenticia?). Todo ello me anima mucho, porque veo mi futuro entre el estudio de la versión oficial y esa actividad rebelde que intuyo podría ayudar más a mis pacientes de lo que creo. Además, me descubre el maravilloso mundo de la docencia que cada día me atrae más y más. Y en el colegio para adultos que es la facultad no nos enseñan esto. Si es que…

¿Por qué elegir medicina? Me remito a Fernando Savater en El valor de elegir. Lo más importante no es elegir bien o mal, sino que dicha elección sea completamente libre. Libre de ataduras mentales, emocionales o sociales. Elijo la medicina sin más, con todas sus grandezas y limitaciones simplemente porque siento que este es mi camino, como el río excava su cauce al bajar de las altas cimas. Y sobre todo, siento un profundo respeto por la vida. Aunque en muchos casos el impulso de ayudar a los demás surja de un sentimiento ego-ísta (he querido escribirlo así) al tratar de ayudarnos en el fondo a nosotros mismos, lo cierto es que una vez se experimentan esas sensaciones en el trato con las personas, no puedo más que dedicarme a esto sin la ambición de perseguir la curación. En lugar de ello, me ofreceré con mis conocimientos y experiencia como acompañante y a veces como guía en este camino que es la vida.

Gregorio Montero González - 6º curso Medicina HUV VALME

La Medicina es la ciencia y el arte de conocer a las personas para intentar ayudarlas

¿Por qué estudiar Medicina? Buena pregunta. Para mí, esa opción siempre estuvo ahí. Aunque tampoco es que tuviese una vocación inquebrantable desde los 4 años ni nada de eso. De hecho, no creo demasiado en la vocación. ¿Cómo vas a saber desde niño o adolescente qué es lo que vas a querer hacer durante toda tu vida, si no tienes ni idea de la vida? En fin. En mi caso, tengo médicos y diversos profesionales sanitarios en mi familia y entorno cercano y supongo que “conocer” un poco todo ese mundo (aunque ahora veo que realmente no conocía nada de nada por aquel entonces) influyó en algo. También tenía otras opciones en mi horizonte profesional, claro está. Y muy diferentes a la Medicina. Pero el hecho de que ya me interesase mucho por las asignaturas relacionadas con la Biología desde el bachillerato, la perspectiva de un trabajo “seguro” (aunque con los tiempos que corren… pero bueno, esa es otra historia), y sobre todo la posibilidad de poder escoger después entre muchas opciones dentro de la Medicina y de hacer un trabajo dentro de lo que cabe variado e interesante… qué sé yo, o quizás un poco la mezcla de todo eso y de no sé qué misterioso designio del destino, me llevó a escribir aquellos números como primera opción en mi preinscripción para la universidad. Y aquí estoy.

Nadie dijo que fuera a ser fácil, eso ya lo sabía yo como el que más. Pero ahora precisamente que estamos casi al final, miro hacia atrás y pienso en todas las cosas que he vivido y siento esa extraña sensación que me asalta cada vez más desde que soy consciente de que me estoy haciendo mayor: por un lado me asombro de lo rápido que ha pasado el tiempo y recuerdo el primer día como si fuese ayer, pero por otra parte soy consciente de la cantidad de cosas que han pasado desde entonces y me doy cuenta de lo que me han cambiado estos años. Ya no puedo imaginar mi vida sin estudiar Medicina. Todas esas innumerables horas de biblioteca, tardes (bueno, y noches, y mañanas, y de todo) de estudio, exámenes, litros de café, apuntes, libros… tantas clases y prácticas. Al principio empecé con muchas ganas e ilusión, aunque realmente aquello no tuviese mucho que ver con la Medicina de verdad… Que si prácticas de Anatomía con cadáveres, prácticas de microscopio, estudiarse los músculos del antebrazo, la molécula de hemoglobina y la enzima ADN polimerasa y demás… y sin darme cuenta ya estaba estudiando la semiología, la clínica de las enfermedades, los algoritmos diagnósticos y los tratamientos y diagnósticos diferenciales de las enfermedades. Parece mentira que puedan aprenderse tantas cosas en tan poco tiempo. Entonces es cuando empiezas a ir al hospital y al principio tienes la impresión de que no tienes ni idea de nada. Pero el tiempo pasa y poco a poco te vas dando cuenta de que empiezas a entender cada vez más de qué va la cosa, escuchas hablar a los médicos  en las prácticas o lees las historias y te vas dando cuenta de que el médico que vas a ser ya se está perfilando en ti. Y no sólo eso: lo mejor es que empiezas a recibir las primeras lecciones de los mejores profesores, los pacientes.

Y es que ahí está la clave de algo muy importante en la Medicina: conocer en profundidad las enfermedades, sus mecanismos fisiopatológicos, los criterios diagnósticos, los protocolos de tratamiento, etc., puede aportarte mucho y ser apasionante, claro que sí. Pero hay algo que va más allá de todo eso. La Medicina no es sólo entender todos los tipos de glomerulonefritis ni saber cómo se trata la leucemia promielocítica aguda. Cuando te tomas un poco de tiempo para hablar con un paciente, explicarle algo que le inquieta, resolverle sus dudas, tranquilizarle, o simplemente conversar un poco con él… te das cuenta de que una de las cosas más maravillosas que tiene la Medicina es precisamente el hecho de trabajar con personas. Es, como nos han dicho tantas veces, al mismo tiempo una ciencia fascinante y un arte sutil. La ciencia y el arte de conocer a las personas (en todos sus aspectos y en profundidad) para intentar ayudarlas en sus problemas. Eso tan difícil de explicar es precisamente lo que la hace tan especial y tan diferente y, al menos para mí, hace que merezcan la pena todos los esfuerzos y sacrificios que conlleva entregarse a ella.

Por eso creo que no se trata simplemente de una carrera que elegiste en su día, de una serie de asignaturas que estudias y de exámenes que apruebas. No sólo eres médico porque tienes un título de licenciado que lo acredita. Pienso en la Medicina más bien como en una forma de vivir, que vas asimilando casi sin darte cuenta, y que probablemente poco o nada tiene que ver con lo que esperabas a los 17 años cuando entraste en la facultad. Cuando pienso en el camino que he recorrido hasta aquí, veo que no todo ha sido de color de rosa ni mucho menos: ha habido muchos momentos de frustración, cansancio, dudas, incertidumbre… y supongo que todavía quedarán muchos más, porque esto no ha hecho más que empezar. Pero aun así, considerando los dos platos de la balanza, creo que todo ha merecido con mucho la pena, y si reformulásemos la pregunta inicial a “¿Podrías estudiar algo, si pudieses volver a elegir, que no fuese Medicina?” creo que mi respuesta sería un rotundo “¡No!”.
Alumno de 6º curso del HU de Valme (Sevilla).

La humanidad de ser médico

La verdad es que tras seis años de carrera no me parece fácil responder a la pregunta de por qué estudiar Medicina. Pienso que la Medicina es vocación, y somos algunos los que sentimos esa llamada para ser médicos. En mi familia no hay médicos, nadie me lo ha inculcado y sin embargo desde pequeñita me fascinaba el cuerpo humano, los médicos, un Hospital, una bata blanca y un fonendoscopio. Estos simples detalles son significativos y demuestran que a algunos nos apasiona la Medicina desde que no somos del todo maduros. Me gustaba ver las series de televisión de médicos, aunque escuchaba decir que no tenía nada que ver con la realidad pero yo lo dudaba y además era lo más cerca que estaba de ese mundo que tanto me gustaba. El curso de segundo de Bachillerato fue uno de los momentos más estresantes de mi vida, porque era consciente de la nota que tenía Medicina y a diario me atormentaba pensar que no lo iba a lograr. Este pensamiento era fruto de mi personalidad insegura y pesimista. Mi temor era que si no lo conseguía no me gustaba ninguna otra carrera, aunque me gustaba toda la rama sanitaria, era Medicina lo que quería y después de seis años descubriéndola estoy aún más segura de que estaba en lo cierto.

Lo que me apasiona de la Medicina es el trabajo mental del médico, es decir, saber en qué momento preguntar, qué preguntar, cuándo sospechar, cuándo actuar, cuándo tratar y cuándo consolar. Admiro la Medicina y a los Médicos humanos, los de verdad. Quizás es por esto por lo que a veces he pensado que me había equivocado estudiando Medicina, porque veo imposible separar la humanidad de la Medicina y esto me ha hecho sufrir a lo largo de la carrera. Ver el sufrimiento ajeno con empatía y ser capaz de no sufrir, es aún un reto para mí. 

Creo que la experiencia te hace coger la medida perfecta, es decir, ser un buen médico y actuar con empatía, delicadeza, pero saber también separar la vida del trabajo y no vivir atormentado, aunque esto no debe ser una excusa para no ser humano. La Medicina es compromiso, responsabilidad, siempre tendremos vidas humanas en nuestras manos, sin embargo es reconfortante estudiar sabiendo que tus conocimientos son esperanzas para el mundo, porque no hay nada más que preocupe al mundo que aquello que amenaza la vida, la enfermedad. La Medicina es satisfacción cuando ayudas a alguien que ha puesto su vida en tus manos y es gratificante una simple sonrisa, el cariño, la cordialidad, el respeto y la admiración de una persona agradecida por un trato humano. Por todo esto me apasiona LA MEDICINA y ser una futura médica, por supuesto humana.

La carrera de medicina, fuera del marco romántico del conocimiento de la naturaleza humana en su contexto integral y completo, es dura y laboriosa

La verdad que desde pequeño me ha apasionado la naturaleza, tenía una cierta atracción por el conocimiento de ella en todos los terrenos, y en especial por la naturaleza humana, la cual tuve la oportunidad de acrecentar al tener la grandiosa oportunidad de poder estudiar medicina en Sevilla, mi ciudad natal.Mi padre también influyó bastante en mi decisión de escoger medicina puesto que él también lo es, y desde pequeño siempre me ha enseñado tanto de forma indirecta como directa ha amar la más bonita de las profesiones con sus explicaciones razonadas y fáciles de entender, que me hacía creer más en estos conocimientos y en donde se puede experimentar todo tipo de sensaciones vitales.

La carrera fuera del marco romántico del conocimiento de la naturaleza humana en su contexto integral y completo, es dura y laboriosa, lo cual me parece normal, de nosotros depende de que alguien pueda sanar o por lo menos ayudar a la sanación y no entorpecerla.Mis primeros años fueron difíciles lleno de dudas, con la sensación de tener que hacer bastante esfuerzo para superar mis metas, aunque me gustaba lo que estudiaba en algunas ocasiones me cansaba y también pensando en lo que me quedaba por delante.

Los años pasaban y me daba cuenta de que todo salía bien con esfuerzo y dedicación al igual que en casi todos los aspectos de la vida y mi amor por la medicina crecía con más fuerza superando las dificultades. Después de seis años, haciendo memoria retrospectiva, me doy cuenta de la gran labor realizada año por año, la cual he podido disfrutar con el aprendizaje de la medicina y también a la gran cantidad de compañeros que más o menos conociéndolos, destaco la gran calidad humana que desborda en ellos y que a lo mejor en otras carreras no encontraría tan fácilmente. Cabe destacar mis últimos 3 años en el Hospital de Valme que aunque la gente siempre critique su cierta lejanía con respecto a la ciudad de Sevilla es un lugar encantador puesto que no siendo es un hospital “a lo grande”, deja florecer la familiaridad y el trato amable de los médicos con los estudiantes a la hora de las prácticas y también el tenerlo todo a la mano facilita la comunicación y fácil manejo, haciendo que aprendamos mejor a desenvolvernos y a fijar de forma práctica nuestros conocimientos de clase.

Mirando hacia delante me doy cuenta de que el futuro que me espera con la situación económica especialmente de nuestro país es mucho peor de cuando empecé la carrera y mis aspiraciones con respecto a mi futura profesión se acotan y limitan en este sentido. Esto como todo el mundo sabe hace que la producción de médicos en nuestro país pueda derivarse a buscar la salida profesional en otros países lo cual es una pena ya que considero que los médicos españoles somos de los mejores formados y debemos aprovechar esto para nuestra sociedad. En general, a pesar de las dificultades no me arrepiento para nada de haber estudiado medicina puesto que hoy en día a pesar de la crisis es una de las profesiones que siempre es necesaria y fundamental y que estoy seguro que con el tiempo la situación en nuestro país va a cambiar y la situación para los médicos será mejor o eso espero… pienso que es una profesión que a mi parecer ha decaído en cuanto a su reconocimiento social y por eso debemos de aportar cada uno nuestro grano de arena para que se nos reconozcan como profesionales muy fundamentales para la sociedad y que nuestros conocimientos y dedicación integral a las personas sean mejor reconocidas.

Por último y como resumen final pienso que mi decisión de estudiar medicina era un pilar de madera cuando empecé y que la experiencia y el trabajo personal ha hecho que se convierta en un pilar de hormigón armado difícil de cuestionar, a pesar de la dificultades presentes y futuras que vivimos en la sociedad actual.

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