Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).


¡A mí me gusta la gente!

Empezaré diciendo que la Medicina no es mi pasión. Siempre se habla de que esta es una carrera vocacional de necesidad. Eso me asustó una vez dentro, pues no creo que ese fuese mi caso, pero no me hizo pensar que me había equivocado, simplemente asustaba, pues parecía imposible que te pudiese gustar y pudieras entregarte si no soñabas con ella desde antes de nacer. Yo puedo decir que eso no es verdad (por si eso ayuda a quienes ahora estén asustados como yo lo estaba).

Un verano, lejano a mi futura elección, hablaba con una amiga algo mayor. Me confesaba su deseo de hacer medicina y su temor de no llegar a la nota exigida. A partir de ese momento empezó a rondarme por la cabeza. He de reconocer que el "reto" de tener elevada calificación fue un plus en la primitiva idea de motivación que se me iba formando, pero luego quedaba atrás acrecentado por otros beneficios como sería el tratar con personas, ayudarlos, acompañarlos, resolver problemas... Me fascina (y aún no termino de creerme) que tengamos esa capacidad. Es algo maravilloso que espero conservar el resto de mi vida profesional, rodeándome de gente llena de ilusión que me ayuden a que no se apague la mía.

El camino para esta elección fue fácil hasta bachillerato. Tenía muy claro que mi formación académica iba dirigida por la rama de la salud. Siempre me encantó biología y no iba a dejar de cursarla. Al empezar bachillerato empecé a evaluar las distintas carreras. Iba descartando y siempre quedaba Medicina. La carrera que yo estudiase debía cumplir varios requisitos: que me gustase, que el trabajo estuviera enfocado al contacto con las personas (no quería trabajar en un laboratorio, ¡a mí me gusta la gente!), con relativa seguridad de trabajo futuro y cierta estabilidad. No penséis que era rígida en estos aspectos, pero ahora creo que eso es en lo que pensaba (¡ya ni me acuerdo bien!).

Todo esto era un debate y discusión interna. Al principio, no decía nada cuando me preguntaban qué estudiaría. Aún no quería convencerme de que eso es lo que quería hacer por miedo a la elevada calificación necesaria para el ingreso en la facultad, así que decidí que no fuese mi única opción, por si no había "suerte" y me quedaba fuera. Cada vez más todo este razonamiento me funcionaba menos y la idea de hacer medicina era más insistente, lo cual me hizo luchar por entrar con esfuerzo y renuncia. No me arrepiento.

No tengo familiares médicos ni sanitarios de ningún tipo, así que desconocía totalmente la profesión, el trato, el trabajo, el estudio... Los primeros años... ¿feos?, no sé si tanto, pero la verdad es que se hacía difícil estudiar cosas que, aunque me resultaban interesantes, no era lo que yo quería aprender. Una vez superada esta prueba llegamos a las cosas "bonitas": las enfermedades (lo feo es decir que las enfermedades son bonitas). Aprendimos mecanismos diagnósticos y tratamientos y empezamos a sentirnos médicos (jajá). ¡Esto sí que es bonito! Empezamos a movernos por el hospital, a contactar con los pacientes, a escucharlos, a adivinar algún que otro diagnóstico y sentirte un hacha por ello. Luego nos decían que la historia clínica hay que dirigirla, que si no el paciente se va por las ramas y nos cuenta detalles que no interesan... Realmente es verdad, pero a mí me gustaba escucharlos (aunque me dificultaba el trabajo que tenía que hacer, que era historiarlos).

Una vez dentro ya estaba pasado lo peor... ¡No! En la carrera he tenido algunas asignaturas atascadas que me tocó trabajar mucho y muchas veces para que salieran adelante.  Tampoco ha sido fácil compaginar Medicina con la gran afición que siento por el teatro. La medicina te exige gran exclusividad en dedicación y esfuerzo, y yo no se lo he dado. Por una parte me da pena no haber disfrutado al máximo de la carrera, por otra, me siento orgullosa de haber podido defender y compaginar ambas. Me encantaría que mi aportación ayudara a todos los que se identifican con mis sentimientos de incertidumbre e ilusión iniciales. Al otro lado del río, habiendo cruzado por todos los años de estudio, la sensación es totalmente diferente que al empezar a estudiar la carrera interminable de seis años. Nosotros ya podemos decir que se llega, y se termina y una vez ahí te das cuenta que el tiempo pasó rapidísimo.

Es fantástico el haber sido capaz de finalizar el camino y volver a sentir emociones similares ante la nueva e inquietante etapa que ahora comienza...

L. H. R., alumna de 6º de Medicina en el Hospital de Valme. Promoción 2006-2012.

Como el perro del hortelano

Yo no voy a hablar de lo bonito que es salvar vidas. Que lo es. Ni de lo interesantes que son la mayor parte de las asignaturas de la carrera. Que para mí, aunque pueda sonar utópico, lo han sido.  Eso no hace falta decirlo. Porque quien esto lee, lo presupone. Voy a hablar de la mejor reflexión que he hecho desde que empecé la carrera.

A mí nadie me dijo que al hacer la matrícula regalaban la incómoda sensación de vivir en un eterno lunes.  Así,  de Octubre a Junio, me topé con una semana universitaria que tenía  7 días: Lunes-Lunes, Lunes-Martes, Lunes-Miércoles, Lunes-Jueves, Lunes-Viernes, Lunes-Sábado y Lunes-Domingo. 
Siendo sincera, lo que más me disgustaba era observar, con envidia, esas semanas con 4 sábados que algunos de mis amigos disfrutaban y a las que yo quería apuntarme. Con mucha envidia.  Pero entendí que yo había tenido la misma oportunidad que ellos para elegir. Así que tuve que dejar de echarles la culpa de esa sensación extraña. 

Una vez habituada a la rutina, me sorprendí dejando pasar semanas y semanas sin salir de casa, y me di cuenta de que ya ni me apetecía. En este punto, llevaba casi medio camino hecho. En lugar de alegrarme, me paré a pensar y me decepcioné. Esto no era lo que yo esperaba. Me refiero a las clases, las prácticas, los viernes, la gente…Hacía tres años que había salido de mi casa con una gran cantidad de expectativas con respecto a la universidad, y la verdad es que ninguna de ellas se estaba cumpliendo. Al hablar con amigos sobre el tema, todos estaban de acuerdo en cierta medida, pero sentía que ninguno lo notaba tan profundamente como yo. Era intranquilidad, sensación de mente ocupada, falta de libertad para planear algún viaje…todo lo que me llevaba a dejar de plantearme la posibilidad de hacer algo que no fuera ir a clase y estudiar.

Había un cumpleaños y tenía que estudiar, organizaban una fiesta y tenía que estudiar, querían salir a cenar y…tenía que estudiar…siempre acababa declinando cualquier invitación con el mismo argumento. Era una respuesta automática a cualquier tipo de ocio. Y ya ni me importaba. Me había acostumbrado a no hacer nada. Pero algo seguía sin encajar. Porque aunque estudiara, no nos engañemos, nadie estudia las 24 horas del día. Y encontré el error. Mi error había sido no saber repartir y aprovechar el tiempo.

Bien es cierto que nuestra carrera requiere más dedicación que algunas otras, pero apoyarse en esa realidad no era suficiente para argumentar un encierro programado de 9 meses al año. Por lo que me estaba engañando. Me quedaba tardes y noches en mi habitación sin salir, haciéndome creer que estaba estudiando y adelantando trabajo. Pero todas esas horas que pasaba delante de los apuntes no solo no me estaban siendo productivas, sino que tampoco me permitían despejarme y dedicar más tiempo al resto de asuntos.

Una vez que fui consciente del problema, pude ver que a muchos otros les ocurría lo mismo. Pero parecían encontrarse cómodos así, viviendo en su infranqueable mundo de medicina. Ese es el tipo de personas a las que no deseaba tener tan cerca.

Entrar en esta carrera me ha hecho conocer a mucha gente diferente y me ha puesto a prueba. Creo que se trata de la primera gran prueba de madurez que debemos superar, ya que no tenemos a nadie insistiéndonos para estudiar, bajar a cenar o hacer la cama. Es el primer contacto con la vida adulta y debemos demostrar que seremos responsables en ella. Porque de la formación personal saldrá la formación profesional, y no me agradaría verme como a una negligente e irresponsable médico que pasa por la consulta sin más. Me siento incapacitada para dar razones más allá de lo que la mente general puede alcanzar. Pero al menos lo tengo claro. Lo mío no es vocación. Pero no quiero otra cosa.
Alumna 6º Medicina. Hospital Universitario de Valme. Sevilla

Curar a la gente es una de las mejores maneras para sentirse bien consigo mismo

Mi decisión sobre estudiar Medicina no fue muy meditada, sino más bien al contrario. Fue en 2º bachillerato cuando lo decidí, a pocos meses de empezar la carrera. Mi madre es médico y siempre me había hablado de lo apasionante que era su trabajo, pero yo nunca le echaba mucha cuenta...

Fue un día, sin venir a cuento, cuando me puse a pensar en lo bonito que sería curar a la gente. La salud es algo que no solemos valorar nunca; sólo lo hacemos cuando carecemos de ella. Por ejemplo, una simple gastroenteritis, con vómitos y diarrea, que todos hemos padecido alguna vez y que generalmente no conlleva ninguna complicación, te supone estar al menos uno o días enfermo y sin poder hacer prácticamente nada, deseando recuperarnos lo antes posible y valorando lo feliz que se está sin padecerla. Me imaginé que sería precioso dedicarse toda la vida a hacer felices a las personas curando en salud. Curar a muchas personas a lo largo de toda una mañana de consulta o de quirófano debe ser un gran motivo para levantarse de la cama cada mañana.

Suelo fijarme mucho en las prácticas en aquellos pacientes que acuden a la consulta de una forma angustiada. Se temen lo peor, el peor diagnóstico. Y es maravilloso ver cómo el médico sabe recibirlos, sabe tranquilizarlos, y sabe cambiar su visión del problema. Hay pacientes que entran por la puerta de la consulta prácticamente con lágrimas en los ojos, y salen de ella con una sonrisa. Esto debe suponerle al médico un gran orgullo y es uno de los principales motivos por los que estudio Medicina.

El problema de esta profesión aparece cuando la enfermedad es incurable. Se ven también casos muy dolorosos, como por ejemplo un niño con cáncer en fase terminal. Como toda profesión, la Medicina también tiene sus inconvenientes, y también forman parte de ella aquellas situaciones de este tipo en las que el médico nunca espera encontrarse, pero que sabe que también tiene que enfrentarse a ellas de vez en cuando. También los palos sirven para formarse como persona.

Para concluir, quiero decir que han merecido la pena estos 6 años de intenso y continuo estudio, y que, por supuesto, estoy convencido de que también merecerá la pena estar sometido a tantas situaciones de estrés y a tantas guardias, con tal de hacer felices a las personas cuando las curemos, ya que un problema de salud física también va a repercutir en la vida psíquica y social de los pacientes. Desde aquí quiero animar a todos aquellos estudiantes de Medicina a que nos apasionemos con nuestro futuro trabajo, a que no lo veamos nunca como una rutina, y a involucrarnos al máximo con cada paciente. Sólo así disfrutaremos plenamente de la Medicina y podremos irnos a casa llenos de felicidad sabiendo que hemos ayudado a muchas personas.

Ángel Vélez Venegas
6º Medicina. Hospital de Valme.

Las de veces que hemos dicho: “No, no puedo ir, tengo que estudiar”

¿Por qué estudiar medicina?  En mi opinión plantearse esta pregunta a estas alturas de la carrera es casi como utilizar un arma de doble filo:

Por un lado tenemos el MIR acechándonos a la vuelta de la esquina dispuesta a poner a prueba nuestras fuerzas y nuestras habilidades, mostrándonos el final del túnel, la puerta a todo lo nuevo que nos espera y por lo que tantos años llevamos esforzándonos.

Por otro lado, ahora tenemos el margen suficiente para poder mirar hacia detrás y ver y valorar el camino que hemos recorrido. Recordamos con cierta nostalgia ese primer día de facultad lleno de retos y de besos a caras nuevas que hoy día se convierten en las de algunos de nuestros mejores amigos; el morbo de las primeras prácticas de anatomía o de descubrir que se esconde tras las puertas de un quirófano del SAS;  también pensamos en todas las veces que hemos dicho: “No, no puedo ir, tengo que estudiar”, en las miles de ocasiones que nos hemos tenido que buscar la vida para entender una determinada lección o para conseguir pasar una consulta  junto al médico que se nos ha asignado, así como  en los profesores y profesionales que se han convertido en un referente y en todos los que por su proceder  te han motivado a no ser como ellos.

Tras ello nos preguntamos… ¿valió la pena?

En mi caso no soy de esas personas que han nacido diciendo que quieren ser médicos, al contrario, de pequeña estaba constantemente del centro de salud a casa, tenía fobia a las inyecciones y estaba absolutamente harta de tomar preparados de vitamina C para no coger cualquier tipo de bicho que hubiera en el ambiente, detestaba los hospitales e incluso tenía la convicción de que nunca en la vida terminaría estudiando medicina ¡Ni loca!

En cambio, todo dio la vuelta en el instituto sobre todo en bachillerato cuando descubrí lo interesante de la biología y de otras ciencias como la química e incluso la física.  Fue aquí cuando decidí que mi camino se iba a orientar hacia las ciencias de la salud aunque todavía no tenía muy claro cómo.  Al ser ya más mayor y tomar conciencia de los problemas  de la gente que tenía alrededor, sobre todo de mi familia, mis vecinos o amigos y verme un tanto impotente  a la hora de ayudarlos a resolverlos, tomé la determinación de que la medicina sería una de mis vías de realización personal.

Tras el paso por la facultad y a pesar de lo mal que muchas veces nos pintan el sistema sanitario, sigo alegrándome de haber tomado esa decisión sobre todo en esas ocasiones en las que se te pone una sonrisa tonta en la cara cuando aciertas al “diagnosticar” a alguien cercano,  o cuando te das cuenta de que casos clínicos enormes que antes se antojaban como trabalenguas indescifrables  son en la preparación del MIR tu pan de cada día y das gracias por  haber aprendido por lo menos a saber qué es lo que significa cada término y a relacionar conceptos. 

Asimismo me llena de ilusión el pensar que algún día podría participar en lo difícil de traer una vida al mundo, o a ayudar a alguien que llegue en una camilla de urgencias a que se vaya a casa por su propio pie, e incluso pensar en poder ser capaz de dar apoyo en momentos tan difíciles como un duelo o un diagnóstico de algo tan frecuente como un cáncer.

Por todo ello y por muchas cosas más que seguro me estoy dejando en el tintero, espero siempre tener presente lo que me ha llevado hasta aquí y conseguir ejercer mi profesión de la mejor manera posible, valorando y ayudando a los demás, siendo siempre honesta conmigo misma y procurando que las adversidades de la vida no consigan aplacar mis ganas. Mª De Gracia Gómez Prieto 6º Valme

Discovery Chanel tiene bastante culpa de que me enamorara de la medicina

Son muchos y a la vez sencillos los motivos por los que empecé a estudiar medicina. Ya desde pequeña me fascinaban todos los temas relacionados con el cuerpo humano y la naturaleza. Mis asignaturas favoritas siempre fueron las de ciencias en general: la biología, la química, la física… Aunque tenga gracia, creo que el canal Discovery Chanel tiene bastante culpa de que me enamorara de la medicina. Recuerdo perfectamente como con 12 años empezaron a emitir un documental sobre urgencias en varios hospitales de EEUU. Al mismo tiempo también recuerdo como mi madre con cara de asco me dijo que me fuera a mi habitación si quería ver eso, porque ella no estaba dispuesta. La visita semanal con ese documental me hizo darme cuenta de la fascinación que sentía por esa profesión. Cada año que pasaba tenía más claro que yo quería ser médico, hasta el punto de no plantearme una segunda opción.

Cuando entre en la carrera me desilusioné un poco, pues no era lo que yo creía. Apilaba apuntes cuyo contenido se alejaba bastante de lo que yo tenía en mente. A pesar de ello no perdí las ganas y supuse que tendría que esperar y avanzar en los cursos para entrar en materias más interesantes. Es bastante cómico como la gente te etiqueta por ser estudiante de medicina y aunque estés en primero, muchos te considerarán ya un experto en la materia, cuando en realidad tienes menos idea que cualquiera. Familiares y amigos recurrirán a ti para enseñarte sus analíticas, recetas, heridas, lunares varios… “¡Mira lo que me ha salido en la lengua!, ¿Qué crees que puede ser?”. Tú le miras y con muchísima tranquilidad dices: “Pues una llaga, ¿Qué quieres que sea?” y tu amigo se te queda mirando como decepcionado con tu diagnóstico, que te dan ganas de decirle “Vente a mi casa en un momento y te hago una biopsia si te parece”. También hay gente que cree que por estudiar medicina tienes rayos x en los ojos como Superman o algo así.

Cuando llegué a cuarto curso y empezamos a estudiar las asignaturas clínicas mi fascinación por la carrera volvió y mi curiosidad insaciable por fin tenía alimento. Me encantaban las clases, me motivaban las prácticas y no me molestaba en absoluto sentarme a estudiar. Ese año me di cuenta de que estaba en la carrera más bonita que existe. Por aquella época, incluso cuando la vida no me sonreía, por circunstancias varias, la medicina fue mi combustible.

A día de hoy, a escasos 4 meses de licenciarme miro atrás y se dibuja en mi cara una sonrisa de añoranza. Pienso en lo rápido que han pasado estos seis años, todo lo que he aprendido y la gente tan buena que me llevo conmigo. Al mirar al frente, sin embargo, no puedo evitar sentir una mezcla de euforia, miedo e inseguridad. Solo espero que al pasar otros seis años eche la vista atrás y pueda sentirme orgullosa de tener la suerte de dedicarme a lo que siempre he querido.
Encarnación Andújar Gutiérrez. 6º de Medcina en la FM de Sevila. HUV Valme.

Me gusta escuchar a las personas y poder dar soluciones

Mi historia por lo cual estudié medicina no cumple el tópico ni de tener un familiar cercano que me diera ejemplo, tampoco me llamaba la atención curar o salvaguardar la salud de los demás.

En mi caso, ocurrió cuando yo tenía 13 años. Un día que mi madre encendió la televisión y vi un programa donde se estaba realizando una cirugía. Ello me impactó tanto y me llamo tanto la atención el cómo era capaz una persona saber dónde, cómo y porqué abrir una parte del cuerpo para poder curar una enfermedad. Y fue aquí cuando me di cuenta de que quise ser cirujana.

Cuando empecé en esta carrera entré con las ideas muy claras, pero para mi sorpresa me he dado cuenta que cada vez me gusta más el trato con el paciente, que me gusta escuchar a las personas y poder dar soluciones y de que siento una gran satisfacción personal cuando sé que tengo la capacidad de diagnosticar y poder poner tratamientos para así mantener la salud de una persona.

Así que cada vez tengo más claro que me gustaría hacer una especialidad médica-quirúrgica y no centrarme solo a la cirugía porque estos años he aprendido lo importante que es saber verlo todo como un conjuntos de factores que interaccionan dando unas circunstancias y no causas individuales con soluciones que se ven a simple vista. Unas de mis grandes preocupaciones es no llegar a ser buena profesional en lo que me especialice, pero no por el qué dirán ni por el prestigio sino porque pienso que si no lo consigo es como si no hubiera aprovechado el privilegio que tengo ahora en mis manos, la oportunidad que me ha dado la vida de formarme como médica, de llegar a dominar una ciencia tan compleja pero a la vez tan bonita como es la medicina.

En definitiva creo que haber elegido esta carrera es la mejor decisión que he tomado en mi vida, no solo por aprender una profesión maravillosa como es la medicina , sino porque con ella me he conocido a mí misma, he conocido facetas de mi que no conocía y han crecido inquietudes que nunca pensé que llegarían a tanto. Alumna de la Facultad de Medicina de Sevilla.

La carrera para ser médico sigue siendo de las pocas que tienen un camino muy bien marcado, pero que siempre te deja una puerta abierta.

En realidad nunca fui la niña que soñaba ser médico de mayor, más bien me interesaban los idiomas, quería ser azafata de vuelos, poder viajar por todo el mundo y conocer rincones nuevos, pero al sacar buena nota en mi último año de instituto mis padres me empezaron a animar para estudiar medicina, para ellos significaba mucho tener una hija médico, para mí era un reto más, les prometí probar el primer año, si no me gustaba podría elegir cualquier otra carrera. Los dos primeros años fueron bastante duros, las asignaturas tenían poco que ver con la medicina que todo el mundo imagina, pero yo ya había encontrado algo que me gustaba más que viajar. Saber que podría ayudar a la gente, hacerles la vida un poquito más fácil, escucharles cuando quisiesen hablar me llenaba, y mucho. Por eso, ahora mismo, que me quedan escasos meses para terminar la carrera tengo una mezcla de sentimientos, por una parte tengo miedo de no hacerlo bien, no haber aprendido lo suficiente, también me siento un poco culpable por no haber aprovechado más la carrera y por último siento incertidumbre, no sé si será como yo me lo he ido imaginando durante estos años. Una vez más me voy a dejar llevar, la carrera para ser médico sigue siendo de las pocas que tienen un camino muy bien marcado, pero que siempre te deja una puerta abierta.
Zineb Ahrazem Dfuf. 6º Medicina HUVV

Poder atender a una persona que se confía a ti y hacerlo con éxito hace que todo merezca la pena

Cuando tienes 18 años se plantea la gran duda: ¿qué carrera elegir?, ¿a qué dedicar el resto de tu vida? Yo no lo tenía nada claro. Me gustaban muchas cosas y ninguna en especial. Mi idea inicial era dedicarme al mundo de la investigación y hacerlo desde la Biología, pero en el último momento cambié de opinión. Tenía buenas notas y podía acceder a ese campo desde la Medicina, una carrera que tenía mejores perspectivas laborales. De modo que sin mucho pensarlo ya estaba dentro.

Recuerdo que los profesores nos daban la bienvenida e insistían en que íbamos a emprender un largo camino, difícil, en el que era muy importante la vocación. En esos momentos tragaba saliva y pensaba: ¿vocación?


Yo no tenía vocación, ¿y si me había equivocado?

Hoy sé que no ha sido así, pero reconozco que he pasado momentos difíciles, en los que no veía ningún motivo para seguir y me he planteado seriamente dejar la carrera.

¿Cómo conseguí seguir? ¿En qué momento me di cuenta de que esto es lo mío?

No lo sé, supongo que las prácticas en el hospital tuvieron mucho que ver. Me hicieron ver cómo iba a ser mi trabajo, cómo los médicos ayudaban a la gente en un problema tan importante y que a todos nos preocupa como es la salud. La sonrisa de agradecimiento de los pacientes es algo muy gratificante. Poco a poco he comprendido que es un trabajo muy sacrificado y que exige mucha responsabilidad, pero el hecho de poder atender a una persona que se confía a ti y hacerlo con éxito hace que todo merezca la pena. Al menos hoy puedo decir que tengo la ilusión por aprender y prepararme lo mejor posible para poder ayudar de la mejor manera posible a las personas que acudan a mí.
Alumna de la Facultad de Medicina de Sevilla

Podré dedicar el resto de mi vida a algo tan gratificante como ayudar a todo aquel que me necesite

En estos momentos no tengo ninguna duda de que acerté en mi decisión. Sin embargo no siempre tuve claro que esta fuese la profesión a la que dedicar toda mi vida. Desde pequeña siempre pensé que lo mío era la veterinaria. Me encantaban, y me encantan los animales, y que mejor forma que emplear mi vida a curarlos y cuidar de ellos. Pero a medida que se acercaba la selectividad comencé a plantearme otras carreras en las que no había pensado antes, de hecho me planteé seriamente la idea de estudiar Bellas Artes, puesto que me apasiona la pintura y todo el mundo del arte. Hasta que en un momento dado la idea de estudiar Medicina inundó toda mi mente. Quizás la “culpable” fuese mi madre, puesto que es la carrera que a ella le hubiese gustado estudiar y sin embargo acabó decantándose por la farmacia. Entre sus muchos argumentos por lo que sería fantástico estudiar Medicina, añadió “podrás dedicar tu vida a ayudar a la gente en el momento que más lo necesita”, lo cierto es que nunca lo había pensado de esa forma, y a partir de ese momento cada vez iba teniendo más claro que esta era la profesión a la que me quería dedicar.

Tras obtener el resultado del examen ya no tenía dudas de que esa era la carrera que quería estudiar, de hecho, en la prematrícula rellené casi todos los casilleros con la carrera de Medicina en cualquier parte de España. Aún recuerdo el mensaje de texto que recibí en mi móvil: Enhorabuena, ha sido aceptada en la facultad de Medicina de Sevilla. Fue increíble, salté del sofá y comencé a llamar a toda mi familia.
Muchas personas, cuando les decía que iba a estudiar Medicina me decían  “¿Medicina? ¿6 años? ¡Qué de tiempo!”. Sin embargo, a día de hoy, que casi han pasado los seis años, parece que fue ayer cuando fui a echar mi primera matrícula de Medicina en el buzón de la facultad. Ese día, en el momento que me disponía a entregar la matrícula, un estudiante que acababa de terminar la carrera me dijo en tono de broma: “Vete, date la vuelta, aún estas a tiempo...”. Sin embargo, a continuación añadió: “Es broma, no te arrepentirás”. Y lo cierto es que no lo he hecho.

A lo largo de estos años nos han dado numerosas clases teóricas acerca de todo lo que debemos saber sobre la Medicina, sin embargo, lo realmente importante se aprende dando prácticas en el hospital. Es en el hospital donde realmente se aprende la Medicina, es donde te das cuenta de la importancia que tiene esta, de lo vital que es el médico en la vida de las personas. Tras las innumerables prácticas que hemos hecho, nos hemos cruzados con muchos médicos diferentes, con el amable y ameno, pero también con el prepotente y autoritario, y siendo estudiante ves la situación de cerca y puedes analizarlo con detenimiento; y sin lugar a dudas tengo claro qué tipo de médico quiero ser.

Espero que con los años de trabajo cada día que pase vaya siendo no sólo mejor médico, sino mejor persona. Pondré todo mi empeño en que mis pacientes salgan de la consulta satisfechos, sintiendo que pueden contar conmigo, que no sólo soy un trabajador que cobra por hacer un diagnóstico y poner un tratamiento, sino que soy una persona en la que pueden confiar, con la que pueden contar cuando más lo necesiten.

Porque, ¿quién no ha estado enfermo alguna vez?, cuando las personas enferman sienten mil emociones y cada paciente de forma distinta, pueden sentirse vulnerables, tristes, angustiados, furiosos... y el papel del médico no es sólo poner en marcha nuestro cerebro para sacar a la luz todas las definiciones, clasificaciones, criterios, tratamientos... aprendidos durante los 6 años de carrera, sino que ha de ser capaz de conexionar con el paciente, hacerse sentir cercanos y que sepan que pueden contar con nosotros en los momentos más difíciles.

Por todo ello, y a pesar de que el camino ha sido muy duro y sacrificado, cada día me siento más feliz y orgullosa de haber llegado hasta aquí. Sin lugar a dudas, las largas horas de estudio, las clases y seminarios, los apuntes interminables, todos los fines de semana sin salir, han valido la pena si gracias a ello puedo dedicar el resto de mi vida a algo tan gratificante como ayudar a todo aquel que me necesite.

Alumna de 6º de la facultad de Medicina de Sevilla

¿Maestra, arqueóloga o médico?, ahora me doy cuenta que al elegir medicina estaba envolviendo a la vez la esencia de las otras dos profesiones

Siempre he considerado preciso y necesario saber el por qué de las cosas, de las acciones y las decisiones de las personas, más cuando me atañen a mí misma. Lo ideal sería poder analizar la situación en todo su contexto y tomar la decisión más adecuada en ese momento. A pesar de ello, en la mayoría de las ocasiones estamos tan ensimismados y asfixiados por la velocidad a la que ocurren las cosas que a veces no nos queda más remedio que decidir casi sin pensar. Sin embargo, si no maduras qué es lo que vas a hacer antes de hacerlo es una de las mayores faltas que puede cometer contra ti mismo, mucho peor es no llegar a hacerlo nunca, por más que haya pasado el tiempo. Este es el motivo por el que me dispongo a escribir para mucha gente lo que llevo repensando y escribiendo para mí misma durante seis años: razones para estudiar medicina.

Escribir siempre ha sido una forma de ordenar mis ideas cuando las circunstancias de fuera casi no te dejan pensar, cuando todo se mezcla a tu alrededor y te cuesta recordar dónde estaba el comienzo y por qué continuas por el camino que iniciaste. Hay una frase en el libro “La quinta montaña” (Paulo Coelho, 1996) que dice: “Cuando estamos en lo alto de la montaña, somos capaces de ver todo pequeño. Nuestras glorias y tristezas dejan de ser importantes”. Es cierto, cuando alcanzamos la cima, todo lo vivido y sufrido para superar cada escalón pierde su valor en favor del placer que supone llegar a la propia meta, la deseada, pero no deberíamos de cometer el error de menospreciar esas glorias y esas tristezas soportadas porque son las que nos han hecho más fuertes para continuar, y las que nos han ayudado a tener claro que queríamos ser médicos. Si desde el principio este camino se hubiera presentado sembrado de rosas quizás hubiéramos continuado por él por el simple hecho de ser cómodo y no por esa motivación que puede y debe suscitar esta profesión.

Siento no poder decir que la idea de ser médico surgió desde pequeña, aunque eso no signifique que no estuviera en mí y quizás por mi edad no la había reconocido. Al pensar en el principio de todo, no me veo con ocho años queriendo ser médico, es más, no sabía porque algunos niños decían que querían ser médicos si a mí incluso me daban miedo. Recuerdo que en el colegio nos preguntaban continuamente qué queríamos ser de mayor y yo siempre respondía que quería ser maestra. Aun no sé muy bien el por qué pero sí recuerdo que me gustaba enseñar y poder ayudar de esa forma a mis compañeros. Cuando fui avanzando de curso e ingresé en el instituto comencé a impartir otras materias, entre ellas Historia, y fue entonces cuando creí encontrar mi verdadera vocación: quería ser arqueóloga.

Fue en bachillerato cuando me paré a pensar, y aunque eran miles las ideas que me venían a la cabeza, había una cosa entre todas ellas que si tenía clara, una condición que era indispensable: estudiase lo que estudiase quería que mis conocimientos pudieran servir para mitigar, en la medida de lo posible, las preocupaciones, las dudas, los dolores, etc., del resto de personas. Entonces ¿maestra, arqueóloga o médico? Y es ahora, cuando me doy cuenta que al elegir medicina estaba envolviendo a la vez la esencia de las otras dos profesiones.

Maestra porque cuando aprendo algo nuevo sobre salud o enfermedad me gusta contárselo a mi familia y/o amigos y cuando termino, a pesar de que puede parecer que es algo que puede estar alejado de sus intereses, ellos me piden que les cuente algo más. La medicina aporta conocimientos que no pasan indiferente ante las personas. Arqueóloga porque me gusta saber de los demás, cómo ocurrieron los hechos y por qué, saber sobre la historia de una persona y entonces comprender su presente. Y médico, porque no sólo basta con enseñar y conocer hay que saber actuar y aplicar todo lo aprendido con las habilidades que sólo la experiencia te puede dar. Quiero ser médico porque quisiera poder formar parte del de las personas. Esto puede que parezca un acto altruista, aunque en realidad pueda ser de los más egoístas “ayudar a los demás para sentirte bien contigo misma”, no es prestarle una ayuda a los demás sin más, es sentirte orgulloso de ti mismo y de tu profesión en cada buen acto. La carrera de medicina me ha dado el coraje y la valentía para no dejarme paralizar ante las adversidades, motivaciones que ahora son el pilar de mi autoestima y mi confianza para intentar, por todos los medios, ser médico, y más que eso, ser buen médico. He aprendido que las pruebas en la vida pueden ser complicadas, a la misma vez que necesarias para el aprendizaje, por eso debemos enfrentarnos a ellas, dar lo mejor de nosotros y si no estamos todo lo acertado que debiéramos, adquirir conocimientos y experiencia para saber que la próxima vez estaremos mejor entrenados. >Como decía al principio, en ocasiones es necesario parar y recapitular para no perder nunca el rumbo, aunque a veces,  durante la carrera, parezca que no todo el universo conspira para que consigas tu sueño, ser médico.

M.T.M.R.  6º de Medicina. H.U.V. VALME. Curso 2011/2012.

¿Por qué dedicar mi vida a la medicina?

Es una cuestión que ni yo mismo sé responder, jamás me la he planteado como tal. Quizás por influencia familiar, quizás por vocación, quizás por probar…no lo sé; puede que tenga un poco de todo, mis padres son médicos los dos y desde que era un enano en mi casa siempre se ha hablado mucho de medicina de un modo positivo, metiéndome en los pensamientos desde pequeño que es una profesión bonita, humana e interesante, que no hay profesión mejor, ver a mis padres felices cuando llegan a casa y comentan su día a día; los niños desde pequeño normalmente decimos que queremos ser futbolistas, yo siempre decía que cirujano cardiovascular o neurocirujano, que por cierto no sé porqué, pues ahora son especialidades que no me llaman mucho la atención.

Cuando estudiaba bachiller mi familia y amigos me preguntaban que qué iba a estudiar, no tenía ni idea, lo único que sabía era que tenía que sacar muy buenas notas para poder hacer lo que me apeteciera, esa fue mi meta y la conseguí; la familia y amigos me decían desde pequeño que yo médico como mis padres, pero realmente tenía un mar de dudas. A la hora de tener que elegir carrera no lo tenía seguro, puse medicina porque no me disgustaba y desde pequeño me había llamado la atención, mis padres me ayudaban a poder elegir carrera, a ellos no les importaba lo que hiciera, solo me decían que lo que decidiera al final lo iban a ver bien y me iban a apoyar.

Entré en la carrera con una gran duda de si me iba a gustar o no, de hecho como segunda opción no puse medicina en Cádiz, que es lo que suelen poner los estudiantes de medicina de Sevilla, sino ingeniera aeronáutica, la cual también me interesaba bastante; por eso a veces pienso que quizás no soy médico por vocación, aunque hay otras veces que creo que sí, que lo que me pasaba era normal, que tuviera dudas en elegir una carrera de muchas y lo que iba a hacer toda mi vida, lo que sí sé es que es el único oficio que he mantenido desde pequeño como un deseo de hacer.

En el tercer año de carrera que ya estudiábamos más “medicina” me di cuenta que elegí bien, pues los dos primeros años son más teóricos y no definen bien lo que es la profesión del médico en cuanto al trato con el paciente, que es lo que a mí me gusta.

Hoy en día pienso que soy un afortunado, que voy a hacer toda mi vida una profesión que me gusta y a la que admiro, ver como personas confían en ti para seguir para delante con sus problemas y preocupaciones me hace feliz.

Ya estoy terminando la carrera, estos 6 años los recordaré toda mi vida, han sido los mejores de mi vida, he conocido a gente fantástica y me he formado como persona y espero que “algo” también como médico; no voy a decir que no me gustaría que terminara, pienso que 6 años son ya bastante para haber disfrutado de la carrera, ahora lo que quiero es trabajar como médico, lo que quería desde pequeño.
Estudiante de 6º de medicina de Sevilla

La idea que tenía acerca de lo que era la Medicina al empezar la carrera, no se correspondía completamente con la realidad, ésta es muchísimo mejor de lo que creía en un principio


¿Por qué estudié Medicina? Una corta y simple pregunta, y que sin embargo, para ser respondida, requiere una profunda reflexión desde el punto de vista de la madurez que te aporta el transcurso de seis años de tu vida inmerso en un mundo, en una idea, en una ilusión…
Pues bien, no puedo decir como otros muchos compañeros, que sintieron la llamada de la medicina desde pequeños… No es en absoluto mi caso, el de aquéllos que nacieron en el seno de toda una casta de médicos, y que han aprendido a amar esta profesión desde que tienen uso de razón… Tampoco lo es, el de aquellos otros que soñaban cada día, desde niños, con llevar una bata blanca por un hospital, y dedicarse a salvar vidas, o a hacerlas un poquito más fáciles…
Ninguno de los anteriores ha sido mi caso, de hecho, la decisión de estudiar Medicina la tomé poco antes de entrar en la universidad, pues toda mi vida he sido muy indecisa, y esta vez no podía ser menos… El no saber qué quería hacer con mi vida, a lo que dedicarme de mayor, era algo que me atormentaba, pues esa profesión tenía que ser mucho más que un trabajo remunerado… debía ser una forma de vivir, una parte importante de mí, que me ayudaría a crecer como persona y que me haría levantar cada mañana con ganas de llevar a cabo una labor que realmente me llenaría… Me llegué a plantear iniciar carreras de muy diversa índole, tales como Derecho, Arquitectura o Biología. Pero algo sucedió; un hecho puntual que, sin embargo, hizo que me plantease estudiar Medicina, con mayor fuerza que ninguna otra carrera. Ese hecho fue el ingreso hospitalario de un familiar muy cercano, en situación de gravedad. El estar en el hospital con él, saber de su padecimiento, y conocer la labor de una serie de profesionales expertos y entregados, me hizo preguntarme: ¿Y por qué no estudiar Medicina?
Afortunadamente, mi familiar salió airoso de aquella situación, y por suerte también, tomé la que hasta el día de hoy, creo que ha sido la decisión más acertada de mi vida. A pesar de que ahora veo que la idea que tenía acerca de lo que era la Medicina al empezar la carrera, no se correspondía completamente con la realidad, ésta es muchísimo mejor de lo que creía en un principio. Han sido seis años duros, no lo niego, pues son muchos los conceptos que aprender, un sinfín de horas que dedicar al estudio y bastantes los sacrificios personales que hacer… Pero nadie dijo que fuera fácil, y a pesar de que ha habido algunos momentos de derrumbamiento, he seguido adelante, y como recompensa a tanto esfuerzo, he descubierto algo que me hace muy feliz… y que, como yo pretendía, creo que va a ayudarme a levantarme cada día con ilusión y con ganas.
La Medicina me parece, más que un oficio, una forma de entender la vida, basada en tratar de ayudar y de aliviar el sufrimiento ajeno en la medida de lo posible, con una terapia en pequeñas dosis, que de manera continuada, resulta beneficiosa en algún modo tanto para el paciente como para el terapeuta.
Jamás hubiera podido pensar que fuese posible amar tanto el desempeño de una profesión, pero así es… Cada hora que paso en el hospital, en un quirófano, cada paciente que veo, todos dispuestos a prestarse para que les explore un estudiante, cada profesional al que admiro por su buen quehacer médico… Todo ello me hace afrontar con ganas esta recta final de la carrera, para intentar que, cuando me mire al espejo, algún día mi reflejo me devuelva la imagen de un buen médico.

Mª del Mar Moreno Galera
Estudiante 6º Medicina H.U.V. Valme
Curso 2011/2012

Lo que significa ser médico

Es difícil dar una razón por la que estudiar medicina, ya que es algo, como casi todo en esta vida, multifactorial.

Pero dejando de lado la nota necesaria que te piden para entrar, o las “presiones” ejercidas por familiares y amigos para decidir estudiar medicina has de sentirte médico...
¿Qué está hablando este? Os preguntareis,  pues no es nada complicado, la medicina no es una carrera cualquiera, no es una profesión común, no es algo que desempeñas de 8 a 15h, para nada es así, la medicina es una forma de vida, ser médico implica serlo las 24h del día durante el resto de tu vida. Eso os puede asustar pero para nada debe ser así, es más, es algo apasionante, pocas formas mejores de pasar por este mundo que ofreciendo tu tiempo, tu vida a ayudar a los demás, el médico no tiene la misión de curar, si no la de volcarse y ayudar en todo lo posible al paciente, mejorar su calidad de vida y ayudar a reestructurar los cimientos destrozados por una situación difícil, llámese enfermedad o lo que sea.

Si queréis ser médicos miraros al espejo y analizaros, mirad a vuestro interior y preguntaros si sois capaces de tratar al necesitado sin importar el lugar, la hora o el dinero. Es cierto que corre la leyenda de que los médicos ganan mucho dinero, cosa que no es tan cierta, pero de todos modos os digo que si queréis entrar en la carrera buscando dinero o prestigio social, si eso es lo que os llama, por favor… No entréis, por que si realmente no quieres ser médico, el dinero y el prestigio social, cada vez más perdido, no pagaran la entrega necesaria que supone esta forma de vida.

Yo lo pensé, me analicé y descubrí que eso era lo que quería, dar mi vida por ayudar a los demás, sentir la satisfacción de ayudar a alguien que pasa por un mal momento, conocer a personas increíbles con tus mismas ambiciones y con las mismas ganas de ayudar, en definitiva, poner mi granito de arena para hacer de este mundo tan loco un mundo un poco mejor...

Ser médico significa querer ayudar a los demás, significa ser buena persona y poner todo lo que tu puedas poner de tu parte y más, ser médico no es andar frente al paciente y tirar de él, significa andar a su lado, no es mirarlo por encima del hombro, es mirarlo a los ojos, ser médico no es solo una profesión, es una filosofía de vida… Y si, hay muchos profesionales que carecen de esto, y yo afirmo al respecto y con casi la total seguridad de no equivocarme que no son buenos médicos, serán buenos técnicos, buenos profesionales, pero eso, queridos lectores, no es ser buen MÉDICO…

Fran Carballido. Alumno de 6º curso Hospital Virgen de Valme

El tener alguien cercano estudiando o ejerciendo medicina, influye en la decisión

Pienso que los estudiantes que empiezan a estudiar medicina les ha de gustar mucho esta rama de las ciencias. Esto es así, por varios motivos . En primer lugar, la nota que exige la entrada a esta carrera es muy alta, y para conseguir esas notas hay que esforzarse mucho, además de renunciar a muchas actividades que la mayoría de los jóvenes no están dispuesto a renunciar. En segundo lugar, sabemos que es una carrera larga y dura que conlleva mucho sacrificio. Esto viene a manifestar la necesidad de una vocación muy grande por esta carrera. Si bien, hay muchos casos en los que las personas no solo entra por vocación sino que a veces hay un drama personal que le condiciona para tomar esta decisión. Tengo el caso, de un conocido cuya madre murió de cáncer. Esto le marco tanto que le llevó a sacrificar todo para entrar en esta carrera y así, poder sanar a personas, evitando así que otras personas sufrieran lo que él tuvo que sufrir. Aunque nada de esto tenga mucho que ver con el fin de este argumento, viene a poner de manifiesto los grandes motivos que suele haber detrás de una persona que estudia esta carrera.

Centrándonos en el tema principal, en mi caso no hay ninguna motivación especial por la que empecé a estudiarla. Recuerdo que en los estudios previos a la universidad siempre me atrajeron más las ramas de ciencias pero en ese tiempo nunca tuve claro en que especialización acabaría. Pensé en biología, veterinaria, geología..pero nunca en Medicina. ¿Por qué? Creo que la causa principal era que nadie de mi alrededor se dedicaba a ello, ni padres, tíos, primos, amigos... Personalmente, creo que este es un factor muy importante que te lleva a tomar esta decisión, el tener alguien cercano estudiando o ejerciendo esta profesión. Por ejemplo es más probable que un chico/a quiera estudiar medicina teniendo un hermano mayor que lo estudia, que otro caso de que no lo tenga. En mi caso no me ha sucedido ya que soy la hija menor, pero me ha ocurrido algo similar con mis primos. Somos dieciocho, yo fui la primera en iniciar estos estudios. Detrás mía tengo una prima estudiando segundo de medicina y dos primas de 16 y 17 años deseando de entrar en esta carrera.

Después de este intervalo, regreso al argumento, meses antes de terminar segundo bachiller, con la oposición de mi madre, ya que ella opinaba que esta titulación era muy sacrificada y demasiado duradera , decidí luchar por entrar en esta licenciatura . La elegí porque me parecía una profesión interesante, me gustaba tratar con las personas, me apetecía ayudar, sus perspectivas de trabajo y sobre todo porque tenía muchas ganas de conocer el cuerpo humano.

Mi nota no fue la más excelente, pero conseguí entrar. Los tres primeros años al ser los introductorios, son los más “feillos”, desde mi punto de vista. Pero poco a poco te vas dando cuenta lo bella que es esta carrera. Y ahora que estoy en el último año, sabiendo que la etapa estudiantil se termina, valoro más que nunca la asistencia a clase, las prácticas e intento aprender cada minuto como si fuera el último.


Una decisión inesperada, llena de dudas...., pero ante todo mi mejor decisión

La verdad es que comenzar a escribir estas líneas ha sido una tarea bastante difícil para mí, pues a lo largo de estos 6 años me he preguntado varias veces cómo he llegado hasta aquí, puesto que unos años atrás, en mi época más rebelde, estaba convencida de que, lo que tenía que estudiar eran ciencias medio-ambientales y ser activista de Greenpeace, Amalur…lo que hiciera falta para salvar el planeta! Pero hubo un momento en el camino en el que esa idea se fue disipando en mi mente y me adentré en un mar de dudas, era buena estudiante, me gustaba todo y nada, las ciencias y las letras, tenía todas las puertas abiertas…En el último momento, ante el ordenador y ante la atenta mirada de la secretaria de la universidad, decidí que iba a estudiar medicina.

Nuestra orientadora (o desorientadora, como la queráis llamar) siempre nos decía que nos imaginásemos dentro de unos años desempeñando el trabajo para el que nos íbamos a formar y pensar si de verdad nos gustaría hacerlo todos los días. La verdad es que no me visualicé a misma como una gran cirujana o como una doctora de gran prestigio, sino que estaba en una consulta charlando con el paciente e intentando ayudarle en los problemas que tuviera. En la imagen que compuse en ese momento tampoco estaba curando ninguna terrible enfermedad. Curar un cáncer, una rodilla rota, salvar a un paciente que está entre la vida y la muerte…es algo increíble y forma parte de la medicina. Sin embargo, muchas veces se nos olvida que nuestra profesión implica mucho más que eso. Creo que  hacer que alguien deje de fumar, explicarle cual es la alimentación más adecuada para su estado de salud, recordarle que tiene que hacer ejercicio, reprocharle que le sobran algunos kilos… es algo que está implícito en nuestra labor ya seas cirujano, neurólogo o médico de familia.

Hoy por hoy, lo que más me motiva y me satisface es pensar en que gran parte de mi trabajo consistirá en CUIDAR DE LOS ENFERMOS Y ENSEÑARLES A QUE CUIDEN DE ELLOS MISMOS Y LOS DE SU ALREDEDOR, animarles cuando estén pasando por alguna dificultad… Ahora que lo pienso, no estaba tan desencaminada con 15 años puesto que al final solo he hecho el cambio de cuidar del planeta a cuidar de las personas.

Aunque sé que esta es una visión muy idealizada y muchas veces todo este brillo se ensucie por pesadas labores administrativas, desbordamiento de trabajo, pacientes con un trato difícil…Estoy muy ilusionada por comenzar con esta nueva etapa e intentaré formarme lo mejor posible para desempeñar mi labor lo mejor que pueda.

La vocación en medicina es como el amor, una vez conseguida hay que mantenerla viva día a día

Las razones por la cual una persona decide comenzar con una nueva etapa pueden ser muy variadas, desde la curiosidad o atracción, hasta ciertas vivencias que le motiven. En mi caso la medicina siempre me atrajo, pero no puedo explicar cuál fue la causa por el cual un día supe cual tenía que ser mi camino. La motivación para comenzar mi nuevo proyecto lo tenía, y las ganas de luchar hasta el final también. Pero también era realista, y sabía que en esta nueva situación la ilusión inicial se podría ir diluyendo conforme fuese conociendo en profundidad la medicina. Por eso, siempre tuve un leve temor de que la idea mental que yo tenía elaborada sobre la medicina no se correspondiese con la realidad.

Conforme fueron pasando los años, mi vocación se ha ido asentando hasta el punto de no tener ningún tipo de fisura al respecto. Ahora que estoy terminando mi carrera, y que se acerca una nueva etapa profesional, la duda que surge es el saber si la vocación es un valor que no se desgasta, o por el contrario se puede ir diluyendo con el tiempo. Tenemos que partir del punto de que durante la etapa de estudiante la mayoría no tenemos grandes responsabilidades, y por lo único que tenemos que preocuparnos es por estudiar. Pero conforme pasen los años tendremos que ir incorporando nuevas responsabilidades como la de una nueva familia, o la de atender a nuestros padres, que unidos a los que nos surjan a nivel laboral, como la presión asistencial o la relación con los compañeros de trabajo nos podrán ir dinamitando la ilusión y la vocación con la cual empezamos. Por eso considero que sería importante aprender a manejar las situaciones que nos evite llegar a los conflictos, ya sea tanto a nivel personal como profesional. ¿Acaso creemos que por muy buenos profesionales que seamos, si tuviésemos que trabajar en barrio conflictivo con una gran presión asistencial estaríamos capacitados para manejar una situación hostil?, ¿Y todos los días un par de ellas? No cabe la menor duda que una situación adversa durante un tiempo determinado terminaría por ir desgastando nuestra ilusión.

Por otro lado, durante nuestras prácticas hemos conocido todo tipo de doctores, desde el maleducado y distante, hasta el simpático amable e incluso el que llega a ser exquisito con sus pacientes. Estos últimos son los modelos a imitar y a seguir, pero sin olvidar que el trato con el paciente es una faceta más como profesional que tendremos que desarrollar, ya que no siempre tendremos ganas de poner una sonrisa a nuestro paciente. Por todo ello y aplicando el símil de las parejas de novios, creo que la vocación es como el amor, una vez conseguida hay que mantenerla viva día a día.

Ane Ugarte Barturen 
Estudiante 6º Medicina HUV Valme

Cuando la gente me pregunta si le aconsejo que estudie medicina, siempre digo lo mismo: sigue a tu corazón, sigue tu instinto

Me llamo Bárbara, yo soy de Brasil, he estado en Sevilla durante seis meses estudiando en su Facultad de Medicina a través de un intercambio interuniversitario. Por lo general, los que eligen estudiar medicina, o lo saben desde niños, o tienen una fuerte influencia en su vida de personas de su entorno que son médicos. Pero en mi caso, no fue ni por ninguna de estas razones. 

Me faltaba un año para terminar la escuela, y necesitaba inscribirme en un concurso, y en esta tuve que elegir los estudios que me gustaría hacer en la universidad. Una elección hecha en la fase más turbulenta y llena de dudas de la vida de una persona, la adolescencia, y en la que se decide a lo que te vas a dedicar todos los siguientes días de tu vida, durante los próximos 50 años.

Honestamente, no tengo clara la razón que me hizo elegir la medicina. Podría escribir que elegí ser médico porque me gusta ayudar a la gente, o porque me gustaba la biología en la escuela. Podría escribir que fue porque mis padres me han animado mucho, pues a ellos les gusta mucho esa profesión, aunque ninguno de ellos es médico. Podría escribir que he optado por la medicina por la rentabilidad financiera que ofrece. Creo que todas estas razones mencionadas anteriormente han influido en mi decisión.

Pero hay una razón que es la más importante de todas, seguir mi propia intuición. Cuando pensé en las diferentes opciones de carrera que tenía para elegir, la que me dio la sensación de "tener mariposas en el estómago", fue la medicina. Una sensación increíble. Sólo podría ser esta mi profesión. Tuve que estudiar dos años para poder ingresar en la universidad, y cuando todo se puso en marcha fue una fiesta. Me desmayé en la primera vez que vi la sangre y me sentí mal muchas veces después. Qué decepción. Pero al igual que todas las demás dificultades, se pueden superar. Estudio casi todos los días, no todos, porque tengo otras cosas y personas que son demasiado importantes en mi vida. Tengo clase todos los días, por la mañana y por la tarde. Me gustaría más tiempo con mis amigos y con mi novio. Me gustaría compartir más tiempo con mi familia. Sin embargo, la medicina requiere una dedicación extrema.

¿Sí alguna vez he pensado en dejar la medicina? No, nunca. La medicina ya es parte de mí, y yo soy muy feliz de poder ejercerla todos los días, desde hace tres años, hasta que Dios me lo permita. Cuando la gente me pregunta si le aconsejo que estudie medicina, siempre le digo lo mismo: sigue a tu corazón, sigue tu instinto, así la posibilidad de arrepentirse es mucho menor. Pero si alguna vez has pensado en esta posibilidad, seguro que "algo" de la medicina te encantó, y sí ese “algo” te hace pensar de otra manera, trata de deshacerse de este "algo", porque la medicina es maravillosa, es magnífica.

Barbara Zen, estudiante brasileña de Medicina en la Universidad de Sevilla. 

Una elección de por vida.

Existen múltiples motivos por los que una persona empieza la carrera de medicina (y no siempre la acaba), porque es muy prestigiosa, porque exige mucha nota para entrar (y yo tengo un 10) o porque sus familiares lo presionan para que lo haga, etc. En mi caso es muy simple, quiero ser médico.
Cuando somos pequeños, todo el mundo nos pregunta que queremos ser de mayores, a que nos queremos dedicar, sin embargo cuando en la adolescencia esa decisión está cercana, lo que nos preguntan es que queremos estudiar. Mucha gente se ve influenciada por su entorno, sus familiares o amigos, para estudiar una carrera u otra según lo larga que sea, difícil, prestigiosa o simplemente la nota de corte que exige para entrar. Esto es en muchos casos un gran error, pues la carrera no tiene porque corresponderse con la vida laboral a la que va a conducirnos.
Al final debemos volver a la pregunta que nos hacían de pequeños, ¿Qué queremos ser? Eso es lo que realmente importa, a que queremos dedicar el resto de nuestra vida, y una vez que lo decidamos esforzarnos al máximo para conseguirlo.
En mi caso, quise ser  “arreglador de juguetes”, “piloto de Helicóptero”, “pintor”,… pero fue cuando tenía unos 9 años cuando vi por primera vez a mi padre intervenir a una niña de mi edad de apendicitis. Desde ese momento ya supe que quería ser médico. Resolver los problemas y enfermedades de los demás con mis conocimientos y habilidades, ser el apoyo imprescindible en todo grupo, en la sociedad.
Con los años se reafirmó mi decisión y cuando en el bachillerato, como a todos, me preguntaron que quería estudiar mi respuesta fue:
“¿Qué hay que estudiar para que le dejen a uno ser médico?”
No me importaba que fuera una carrera dura, sacrificada, difícil y que seguramente no fuera a parar de estudiar en muchos años. Era lo que necesitaba para ejercer la profesión que había elegido y nunca nada ni nadie ha conseguido desmotivarme.
Ahora que estoy tan cerca de cumplir mi objetivo, recibir la licencia para ejercer la medicina, aparece una nueva motivación: Ser un buen médico, es ahora cuando toca esforzarse por hacer un buen MIR formarse bien como residente y comenzar la vida que llevo tantos años soñando.
RMB.

Cualquier persona que se quiera meter en medicina, que se meta y que no eche cuenta a las personas que te pinta el cielo de nubarrones

Mis motivos nunca fueron, como el de algunos de mis compañeros que desde pequeño le gustaba ser médico o eran de transcendencia familiar médica, en cuyas familiar era normalidad estudiar medicina. Yo era, y creo que sigo siendo, el niño de barrio en el que me crié sin más objetivos del que vivir día a día y que pasara el tiempo. Así transcurrieron los años hasta que llego el día de la preinscripción para la universidad en el cual me surgieron muchas dudas sobre que carrera estudiar.

Siempre me gustaron más las ciencias que las letras y como el dibujo no es lo mío me incline más por la rama de la biología en el instituto. Habiendo cercado un poco el mapa de titulaciones que podía elegir me quedaba la gran duda entre enfermería y medicina; ambas tenían sus pros y sus contras. Enfermería era más corta y la gente me daba muy buenas referencias sobre ella, con respecto a medicina, era mas larga pero tenia un “no se qué “el cual me atraía.

Volvemos a ese gran día y entonces ahí surgió una persona más atrevida y que confiaba más en mi, que yo mismo, esa era mi hermana mayor; quien fue la que me dio el valor para elegir medicina; siempre contando con el apoyo acérrimo que tenia de mis padres independientemente de mi elección. Tras ello comencé la carrera con la preocupación pero sin el miedo ante lo desconocido de una carrera que me lo contaban como el ogro de la universidad; contacte con gente que estaba estudiando medicina y me dijeron que era bonita si me gustaba, pero que me olvidara de mi vida social más allá de la facultad. Poco a poco fueron pasando los años; algunos mejores o peores en cuanto a lo académico pero siempre eran buenos en cuanto a los compañeros; y nada más lejos de la realidad seguía con los amigos de siempre igual de tiempo o incluso más que antes, excepto esos momento de exámenes que te metes en la madriguera y no sale mucho.


Y así estamos ya, con una cara un poco más de vieja intentando terminar una de las carreras más bonitas que existen y con ilusión por ver que me deparará el futuro.Con lo que quiero terminar es que cualquier persona que se quiera meter en medicina, que se meta y que no eche cuenta a las personas que te pinta el cielo de nubarrones antes de entrar en el camino y que al final de él siempre aparecerá el sol; o eso espero yo. JDMM Alumno de 6º de Medicina.

¿Existe la llamada de la medicina?

Me encontraba terminando el segundo curso de bachillerato, cuando nuestro tutor entró en el aula algo mas nervioso de lo habitual. Era el primer año que daba clases sin sustituir a nadie y a mi me daba la impresión de que le quedaba todo un poco grande, además mis compañeros no eran precisamente los más adecuados para integrar a un individuo que necesitaba ese empujoncito para que sus cualidades relucieran. Como decía, entró en el aula y comentó: "me han expresado desde el claustro la importancia de que dediquemos al menos una hora en aconsejaros sobre vuestro futuro ahora que es tan inminente". Pues lo que debió ser una charla orientativa contando con una serie de expertos en la materia se convirtió en una pérdida de tiempo de lo más inútil.
Sería injusto hacerle cargar con toda esa responsabilidad a este tutor. Yo ya había tomado un camino antes. A pesar de que siempre me gustó la historia (más bien diría me apasionaba) no me gustaba ligarla a un trabajo diario. La historia me gustaba mucho si, pero como algo que yo pudiera digerir a mi ritmo. Nunca creí en que el yugo templara al hombre, mas bien todo lo contrario.
Aposté por un bachillerato de ciencias porque pensaba que estudiando lo que nos hace vivos, podría comprender un poco más de que iba esta especie de mundo. La filosofía y las letras estaban muy bien, por supuesto, pero los que no hace ser lo que somos va mas allá. Y a decir verdad, las asignaturas relacionadas con esta rama siempre me gustaron y se me dieron bien: física, química, laboratorio...pero había una que asomaba por encimas de las demás: biología. Y a las puertas de acabar mi último curso de bachiller esa era mi preferencia.
Terminé mi examen de selectividad y conseguí una nota que me permitía hacer lo que quisiera, pero bueno, yo ya dije que mi preferencia era biología, ¿qué tenía que pensar?
Fue entonces cuando me llegó la llamada de la medicina. Se que parece muy absurdo y algo mas propio de monjas, curas e iluminados de tres al cuarto, pero la medicina apareció en mi mente cuando ya se estaba jugando la prorroga. Entonces comprendí que estudiar medicina no era un impulso. Esa idea había estado todo el tiempo en mi cabeza pero nunca me atreví a darle crédito, ¿por qué? pues una vez pasados los años, me atrevo a decir a que me negaba a pensar en ella por el miedo a hacer algo que realmente me gustaba pero que sabía que podía exigirme un sacrificio mayor del que estaba dispuesto a soportar.
Estudiar medicina era lo que siempre había querido. Siempre que se hablaba de temas médicos en cualquier contexto pegaba mi oreja con la esperanza de retener algún que otro conocimiento. Cuando alguna amistad pasaba por una mala racha solían hablar conmigo antes que con cualquier otro porque: Sergio, tu me escuchas y me entiendes. ¿Acaso la medicina no consiste en eso mismo? AYUDAR. No quería perder la oportunidad de mi vida, el poder hacer algo que me llenase como persona y que a la vez sirviese para satisfacer a los demás. Pienso que no hay nada mas importante que saber que gracias a ti, otra persona puede subir aunque sea un escaloncito.
Puede que estas líneas suenen a falsas intenciones que esconden otras razones mas oscuras para el ejercicio de la misma como por ejemplo: hacer dinero (pienso que rico te puedes hacer en cualquier carrera), gozar de prestigio social (no me gustan los toros...asi que...), ser respetado (quien no te respete, aunque seas indigente, no merece la pena)...
Han pasado los años y en muchas situaciones la carrera ha podido conmigo en muchos momentos. Ha habido momentos (primer ciclo) en el que pensé en dejar aquello...eso no podía ser medicina. ¿Dónde estaba el paciente? Pero ahora que me encuentro en el último peldaño comprendo porque aposté por ello. No me equivoqué en decidir estudiar medicina. Se que quiero y porque lo quiero y aunque aún me queda muchísimo por aprender, la vocación médica ya me acompañará de por vida.
Porque cuando la medicina te llama, no dudes ni un segundo contestar la llamada.

Sergio Postigo Cruz
Estudiante 6º Medicina HUV Valme
Curso 2011/2012

Hoy me siento más próximo a ser médico que nunca y de ello, estoy más que orgulloso


Nacemos como nacemos. El hemisferio, el país o la familia no se eligen. Aún menos el color, ni la inteligencia. La vida nos somete a elecciones múltiples en todo momento. ¿Sí o no?, ¿por aquí o por allá? Son las frases más repetidas de un alma humana ante la duda
Hay gente que decide mal, sino mal, al margen de la ética, la lógica o la moral. Hay gente que elige bien, otros muy bien. Algunos adquieren virtudes socialmente útiles que los llevan a ser personas productivas. Otros muchos aparte de productivos, son "personas que merecen la pena" con todo lo que engloba ese magno concepto.
Y sin embargo... hay otros muchos que no pueden elegir. Son esos los que hay que proteger. Son aquellos individuos contemporáneos a nosotros cuya capacidad de dirigir su propia vida, ha sido injustamente amputada. Son muchos hombres, son muchas mujeres y son muchos aún más niños que sienten y padecen.
Son personas que limitan su vida a vivir el día a día, son personas que parece que no tienen derecho a decidir qué van a hacer mañana, o dentro de un mes. 
Son personas que están desvalidas y faltas de un hálito que sólo con buena voluntad y más aún, buena práctica, se les puede proporcionar.
Sinceramente, no hay nada más bonito que dedicar esas gotas de inteligencia que con sacrificio se cultivan, para saber abrir los brazos y albergar en ellos, a todos aquellos que más lo necesitan. Podía haberla dedicado otra cosa, (Oppenheimer la dedicó a su elaborada bomba atómica), pero no. Tuve una lucidez (que yo tampoco elegí) que a modo de vocación se topó conmigo en el camino.
Cada día veo a mi alrededor que hay gente que está haciendo lo que hace porque conoce a alguien que lo hace, otros porque se creen alguien, pero pocos, muy pocos llegarán a ser alguien.
Ser alguien para mí es evitar una muerte a tiempo, devolver la ilusión perdida, regalar una inmensa caja de esperanza o pintar una sonrisa hasta en la más triste de las caras.
Hoy me siento más próximo a ser médico que nunca y de ello, estoy más que orgulloso.
Víctor Amezcua Hernández, 6º Valme.

Estudiar Medicina

Estoy totalmente de acuerdo contigo. Ya que para ser médico hay que tener una clara vocación y estar enamorado de la profesión en toda su amplitud. De hecho, me encuentro a numerosos alumnos que estudian medicina porque tienen una alta nota de corte pero ¿serán buenos médicos?. Prefiero menos nota y más vocación. Se que no es políticamente correcto, pero cada año se consolida este pensamiento y me preocupa la falta de vocación que observo en cada generación de alumnos.
Ana Mª Moreno

¿Por qué elegí ser médico?

Es una pregunta que nunca me había planteado seriamente. Supongo que a veces vamos dando pasos en una dirección, pero sin mirar del todo hacia el final del camino. Avanzamos preocupados de un futuro inmediato (el próximo examen suele ser una de las preocupaciones profesionales más frecuentes en un estudiante) y obviamos el horizonte, que cada vez se acerca más a nosotros sin que nos demos cuenta.

Desde que estaba en el instituto, incluso en el colegio, siempre sentí un fortísimo interés por las ciencias naturales; pero era una pasión bastante inespecífica: me gustaban la ciencia en general. Poco a poco fui mostrando más interés por la complejidad del cuerpo humano, no solo en sus aspectos biológicos (que sin duda me resultaban, y me resultan, fascinantes) sino por la potente interacción entre la complejidad de lo orgánico y la profundidad de lo más humano. Todo formando una entidad indivisible, compacta e integrada, dotando de mayor diversidad el ya emocionante equilibrio bioquímico.

Todo esto me condujo a decidir que quería estudiar Medicina, a elegir en qué quería dedicar mis próximos 6 años y a descartar otras muchas opciones en pos de aquella que más satisfacía mis inquietudes. Sin embargo al principio solo era un interés académico, impulsado por las ganas de saber, de conocer y de entender las razones de lo que somos. Pero pese a todo esto, todavía no era plenamente consciente de que esa decisión implicaba algo mucho más importante: no solo iba a estudiar Medicina, sino que con ello había decidido ser médico. Claro que es algo bastante evidente, cuando uno ingresa en la Facultad de Medicina es para ser médico. Es un pensamiento automático, una asociación inmediata que todos hacemos sin pararnos a pensar lo que ello implica.

La Medicina me fue enamorando cada vez más, incluso las asignaturas más arduas me resultaban sumamente interesantes. Pero al principio solo se reforzaba el sentimiento científico, el conocimiento teórico del funcionamiento molecular, celular, tisular y orgánico del ser humano, con leves matices sobre la “psique”, dicho así, como una entidad fantasmagórica que flota sobre los procesos orgánicos distorsionando su normal desarrollo. En definitiva, iba profundizando en la ciencia pero todavía no era capaz de imaginar lo que suponía realmente ser médico.

Poco a poco, según fueron pasando los años y empezamos los rotatorios por los servicios del hospital pude ir viendo como la Medicina como ciencia daba paso a la Medicina como profesión. La segunda fundamentada en la primera, pero a la vez dotada de matices que la convertían en algo nuevo para mí. Descubrí aquello que realmente le da sentido a la Medicina y otorga verdadera importancia al papel del médico: el paciente. Fue en tercero cuando me di cuenta de por qué había elegido esta carrera; el conocimiento científico adquiere sentido cuando el objetivo del mismo es solucionar los problemas de salud de las personas, y el papel de médico toma importancia cuando su labor se centra en ayudar a aquellos que lo demandan.

A diferencia de otros compañeros que tienen algún familiar médico, para mí este mundo era algo totalmente nuevo. Cuando decidí estudiar Medicina no contaba con ningún modelo a quien seguir, ni tenía nadie que me sirviera como apoyo en las dudas. Fue una decisión más individual, entre la Medicina y yo. El interés y la curiosidad inicial por la ciencia y sus fundamentos fue dejando paso a la pasión y al cariño. Cariño hacia una profesión que trata de ayudar a los demás, de dar esperanza a quien no la tiene y ofrecer soluciones a aquellos que han perdido lo que más se valora: la salud propia y de sus seres más queridos.

La Medicina es un mundo sumamente amplio, con un gran repertorio de posibilidades donde poder elegir. Supongo que uno entra en Medicina porque se siente atraído, algo hace que te llame la atención por encima de otras tantas posibilidades, y una vez dentro va descubriendo su hueco, ese sitio en el que se siente más cómodo y donde realmente ve que puede ser feliz ofreciendo sus servicios (elijas lo que elijas, el objetivo de un médico siempre será ofrecer sus servicios a quien lo necesite). Bien es cierto que muchos compañeros han podido entrar en la carrera llamados por un supuesto prestigio, por la idea de un sueldo generoso o por la fuerza de la tradición familiar. En estos casos creo que hay dos opciones, o bien se descubre la vocación poco a poco a medida que vas profundizando en tus estudios, o bien terminas siendo un médico con intereses contrarios a los de la Medicina: nuestro prestigio, nuestro futuro y nuestra propia realización personal y profesional dependerá de la consideración que nos tengan nuestros pacientes, son ellos quienes ponen en nuestras manos su salud, y a nosotros nos toca corresponder a esa confianza con dedicación y sinceridad.

Así pues, podría concluir diciendo que empecé a estudiar Medicina atraído por un interés de carácter científico, pero lo que me motiva cada día más y aquello que me insufla más ganas por llegar a ejercer como médico es la importante connotación humanitaria y social que ello conlleva: hacer que mis conocimientos sirvan para ayudar a los demás a vivir sanos, y con ello quizás facilitarles una vida un poco más feliz.

Fco Javier Flores Álvarez
Estudiante de 6º Medicina del H.U.V. de Valme
Curso 2011/12

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