Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).


Quiero ser médico por su universalidad, por su humanidad, por su sencillez y su complejidad


Son muchos los estudiantes que en algunos momentos de su vida escolar se han planteado  “ser médico”.

Es una profesión clásica y sugerente para todos. Pero: ¿dónde se encuentran las raíces de tantas aspiraciones? Sería una pregunta fácil y a la vez compleja de responder. Fácil en el sentido de que supone un status profesional libre, vocacional, independiente de intereses sociales, económicos, bien considerado dentro de las actividades humanas por su vinculación con las relaciones de los demás, sin vinculaciones de apego clasistas, por lo menos en nuestra sociedad y en nuestros días. Todo el mundo está encantado de tener un médico en la familia. Compleja porque requiere, o por lo menos así lo creo, mucho convencimiento para adentrarse en el amplio, insondable, cautivador mundo de lo que llamamos medicina hoy en día. Todo el mundo quiere ser médico pero pocos están dispuestos a hacer el sacrificio de los años universitarios y posteriores.
Lo difícil es sentirse realmente identificado por ese rumbo especializado de las múltiples facetas que supone ser médico, ¿médico de qué? Nos preguntaría rápidamente cualquier persona, hace poco tomando café con unos conocidos me hicieron esa pregunta y al no tener claro qué responder, me preguntaron si no deberíamos saberlo ya que la carrera es vocacional ¿no? Luego me encargue de criticarla con mis amigas de clase pero me hizo pensar. Nos sentimos identificados con la medicina infantil y pediátrica, con las múltiples cirugías, con la medicina del día a día familiar, la inagotable neurología, la expectante psiquiatría… Por todo lo que supone, por los aspectos sencillos, por los retos que se nos plantean una vez siendo médicos, como proyecto de presente, de futuro y para el futuro, quiero ser médico.

“Ser médico” para mí es un proyecto, no sólo profesional, es un proyecto de vida, de sentirme identificado el día a día con la praxis cotidiana y por la inagotable información presta por descifrar, por descubrir. La medicina de nuestros días ha avanzado mucho, pero nunca como ahora, también nos sugiere los retos por conseguir. De todo ello los médicos son partícipes. Esta dualidad profesional  “lo que puedo” y “lo que podremos” se hace patente en nuestras profesiones más que en ninguna otra. La tecnología, la investigación estrechamente vinculada a la medicina nos presenta un futuro prometedor, estrechamente aleccionador y que ningún médico desprecia.

”Por todo esto quiero ser médico”. Por la grandeza personal y profesional que supone, soy médico en Sevilla, en Europa, en el mundo, en cualquier rincón donde haya seres humanos. Mi profesión me autoriza, me libera, me engrandece, no me ata ni a culturas, ni a idiomas, prejuicios sociales o culturales, clases sociales, un médico colabora, se vincula, se hace de todos en cualquier momento, en cualquier lugar. Por eso quiero ser médico, por su universalidad, por su humanidad, por su sencillez y su complejidad.
Alicia QL
6º de Medicina. HUV de Valme

Encuentro una motivación realmente importante para estudiar Medicina en el hecho de la Cooperación Internacional

El destino de muchas personas está escrito, o al menos, el mío parece ser que sí lo estaba.

Desde muy muy pequeñito y sin uso de razón, ya decía que quería ser bombero para ayudar a los demás. Mi instinto ya me decía que lo que me haría feliz de verdad sería socorrer a los demás cuando tengan un apuro o sufran necesidades. Lo que no sabía realmente es que esa vocación iba a ir afianzándose sobre el campo de la medicina.

Siempre he sido un apasionado de la ciencia, me hacía igual de feliz un atlas de anatomía que un juguete como regalo de cumpleaños. He perdido la cuenta de los libros y revistas sobre ciencia que he leído y coleccionado a lo largo de mi infancia y juventud, sobre el universo, dinosaurios, animales e insectos, química y, ocupando la mayoría del volumen, sobre el cuerpo humano. Todo lo que descubría era insuficiente, porque, cuanto más aprendía, surgían más y más curiosidades. Una cosa ya tenía yo clara: quería ser científico.

Tanto en el colegio como en mi casa, nunca he dudado en echar una mano cuando fuese necesario y al que lo necesitase. Tenía especial empatía y preocupación por los más aislados del instituto, o por las injusticias que yo veía; siempre quería lo mejor para los demás, y no entendía porqué algunas personas y sociedades de este mundo no tuvieran derecho a no sufrir. Pero claro es verdad, que durante mi época de instituto poco me preocupaba mi futuro laboral, sino mis deberes diarios, superar los controles y jugar con mis amigos todo el máximo tiempo posible. Pero al llegar bachillerato, llegaba la hora de tomar una decisión muy importante para mi vida: ¿qué quiero estudiar en la universidad? Muchas opciones rondaban mi cabeza aún, pero siempre terminaba respondiendo que quería ser médico, aunque no lo tenía tan claro. Así que me decanté por la rama de ciencias de la salud.

Un acontecimiento en mi vida me hizo ver claramente que mi amor por la ciencia estaba totalmente vinculado a ayudar a los demás cuando pasé el primer curso de bachillerato. La nota que saqué no me llegaba para acceder a Medicina en la universidad, y empecé a plantearme seriamente mi futuro. En un principio pensé que cualquier opción relacionada con la ciencia me haría feliz, pero, tras hablar muchas veces con mi padre sobre el tema y con una psicóloga (que me ayudó a orientarme), supe que nada tendría sentido si no fuese médico el resto de mi vida; no me importaban todas las contras que me surgieran por escoger ese camino, porque ese camino, sólo con pensarlo, me hacía sentir enormemente feliz. Ya no podía imaginarme sin hacer otra cosa, así que decidí repetir el bachillerato voluntariamente para mejorar mi nota.

Este hecho me hizo encontrar a mi médico interior que estaba deseando salir a flote, y que desde entonces se va acrecentando conforme sumo experiencias a mi vida, no sólo relacionadas con mi formación como médico, sino de todos los aspectos que surgen del día a día. Hubo un año que flaqueó mi motivación para ser médico, atravesando una etapa de “burn out” personal, y me replanteé dicha profesión. Pero, el hecho de tratar con pacientes y ayudar de manera directa, me disolvieron cualquier duda brotada.

Además de todo esto, encuentro una motivación realmente importante para estudiar Medicina en el hecho de la Cooperación Internacional. Creo que no hay nada más satisfactorio que sentir que ayudas a personas que realmente lo necesitan para salir a flote de sus situaciones verdaderamente dramáticas. Siento que ser Médico es estar todo lo cerca que se puede estar de ser un creador de milagros (desde el punto de vista de enfermos y familiares). Aportas calor, tranquilidad, salud o calidad de vida, todo ello haciendo lo que más me gusta, una profesión a la que estoy aprendiendo a amar desde la humildad, la responsabilidad y la dedicación.

Si volviese atrás…

Desde que tengo recuerdos he querido ser médico, no sé por qué, tampoco me lo preguntaba pero eso era lo que quería. De hecho, nunca tuve dudas hasta el año en el que de verdad había que decidirlo pero ahora creo que las dudas se debían a la magnitud de la decisión que había que tomar.

Así, unos con notas sobradas, otros más justitos, unos muy vocacionales, otros sin saber muy bien cómo han llegado hasta allí, entramos todos en primero de carrera con muchísima ilusión. Recuerdo muy bien el primer día de curso porque la decana nos dijo que íbamos a tener que estudiar más que nadie pero que habíamos escogido la carrera más bonita de todas.
 
Y ahí empezó todo…hasta hoy (y lo que queda, que aunque es poco, no hay que menospreciarlo). Sin embargo, van pasando los días y los años y la carrera resulta decepcionante. La docencia, salvo contadas excepciones, deja mucho que desear y las prácticas, por regla general, indescriptiblemente malas. Entonces, vas pasando horas y horas de biblioteca, haces grandes amigos y tu vida gira en torno a la carrera.

A veces no puedes más, los meses y meses de exámenes te agotan y las prácticas te van desgastando. En medio de todo esto hay muy buenos ratos, muchas risas, muchas lágrimas… Y en los muchísimos créditos prácticos, que he de decir que la mayoría son innecesarios e imposibles de llevar a cabo por la propia organización del sistema, llega un día en el que el médico que te toca en las prácticas tiene un buen día o lo tienes tú o por lo que sea aprendes algo y entonces vuelves a sentir esas ganas y esa ilusión de primero de carrera y recuerdas porqué decidiste ser médico.

Y aunque pueda parecer lo contrario, si volviese atrás escogería medicina de nuevo y si alguien me pregunta se la recomendaría firmemente porque, en definitiva, merece la pena.

Animo a todos aquellos que de verdad deseen ser médicos a que se embarquen en esta aventura

Siempre me he sentido atraída por el mundo de la medicina, tanto por sus aspectos más científicos y técnicos como por los aspectos más humanos; cómo no sentirse fascinada por la perfección mecánica del corazón, la complejidad del sistema nervioso central o el poder de la psique humana; cómo no disfrutar de esta profesión que cada día nos demuestra lo importante que es ser una buena persona y que nos inspira para superarnos cada día, ayudando a aquellos que nos necesitan.

Pero para llegar a ejercer la medicina y poder ayudar a los demás debemos pasar por la facultad, y estudiar la carrera de Medicina. Tengo que reconocer que la carrera me ha resultado larga y muy dura, sobre todo los primeros años, pero no me arrepiento de haberla estudiado, y animo a todos aquellos que de verdad deseen ser médicos a que se embarquen en esta aventura. Lo llamo aventura aunque a veces resulte una verdadera odisea: vais a tener que enfrentaros a temarios absurdos, clases soporíferas, exámenes injustos y prácticas indecentes, pero también conoceréis a aquella persona que os inspirará, que admiréis y asentará las bases del tipo de médico que realmente queráis ser en un futuro.

Actualmente soy estudiante de sexto, me faltan unos meses para poder terminar y lo que he aprendido de mi experiencia es que hay que estudiar medicina, porque es una profesión preciosa, muy gratificante desde el punto de vista personal e intelectual, y aunque a veces la situación se nos complique, surjan dificultades o tengamos miedo, no debemos inquietarnos, pues siempre podemos pedir ayuda a nuestros compañeros, amigos y familia, que nos apoyaran y ayudaran a seguir adelante, para poder alcanzar al fin la meta: ser buenos médicos.

Agradecimientos a mi pareja, mi familia y mis amigas por acompañarme en mi camino. 

Me encanta lo que he estudiado, descubres aspectos de la relación médico-enfermo que jamás te llegas a plantear desde el punto de vista del paciente, nace en tí un afán de superación increíble

Tras 6 años de carrera llenos de alegrías y penas, pero que de cualquier modo han pasado rapidísimo, aquí me encuentro, haciendo algo que, aunque parezca extraño, nunca me había planteado… pensar en los motivos que me han llevado hasta aquí, hasta faltar pocos meses para licenciarme en la carrera más vocacional del mundo: Medicina.

Tras mucho pensar y echar la vista atrás, me he dado cuenta de que he pasado por distintas etapas en cuanto a los motivos que me impulsaron a querer ser médico:

- A los siete años quería ser médico por influencia televisiva: se hizo popular la serie americana “Urgencias”, y todo cambió. Idealicé, al igual que cualquier persona sin relación con el mundo de la medicina, la profesión; quedé fascinada por la maravillosa y estresante imagen que se nos mostraba de la vida en las urgencias de un hospital.

- A los 15 años empecé el instituto, aunque aún algo influenciada por la televisión, a día de hoy creo que los verdaderos motivos habían cambiado: a pesar de no tener ningún familiar médico, descubrí que me gustaban especialmente “las ciencias” y, ¿por qué no estudiar Medicina? Al fin y al cabo, tenía buenas notas, era una posibilidad que siempre había barajado, y los profesores y orientadores me animaban a intentarlo…En los últimos años del instituto, y sin darme cuenta, conseguir plaza para estudiar Medicina pasó de ser una meta a convertirse en una obsesión probablemente alimentada por la competitividad de mi entorno académico.

- Una vez empezada la carrera, todo cambió: descubres que la idea que tenías del Hospital y el Centro de Salud es totalmente equivocada, que las condiciones de trabajo no son óptimas (mucho esfuerzo, dedicación, y demasiada responsabilidad para tan poco reconocimiento…), que en ocasiones prima el factor económico sobre el bien del paciente…y, sin embargo, me he dado cuenta de que no podría haber elegido mejor: me encanta lo que he estudiado, descubres aspectos de la relación médico-enfermo que jamás te llegas a plantear desde el punto de vista del paciente, nace en tí un afán de superación increíble: quieres mejorar siempre un poco más porque cualquier avance tuyo puede suponer una mejoría enorme para otras personas, aprendes a apreciar el valor de un buen trabajo en equipo, tengo menos clara que nunca la especialidad que quiero hacer porque cada año he sumado un par a lista …

En definitiva, durante estos seis últimos años me he dado cuenta de que realmente sí quiero ser médico.

Es la aplicación más útil, humanitaria y comprometida que tiene la Ciencia


A los 7 años de edad decidí que quería ser médico. Puede parecer absurdo, porque a esa edad es imposible saber qué es lo que vas a querer hacer en la vida, pero en mi caso, si he de contestar sinceramente así fue. En realidad, de niña para mí era simplemente un juego, supongo. El caso es que me fascinaba establecer diagnósticos a mis muñecas, operarlas, diseccionarlas y volverlas a componer. Luego venía la fase de cuidados, que también me parecía fascinante. Montaba un hospital en mi propia casa y cada muñeca tenía incluso su propio historial. Por otra parte, también me atraía especialmente el tema de la muerte. A veces montaba una especie de agencia de trabajo temporal en la que no faltaban puestos de maquillador de muertos y forenses.


Sin embargo, a pesar de que en mi familia todos pensaban que esa obsesión por la medicina desaparecería, (ellos pensaban que idealizaba), con los años se convirtió en algo mucho más fuerte y en una idea sólida con otros motivos distintos de los que me movían en la niñez. Ya en el colegio, en las asignaturas de ciencias, los temas de anatomía humana, fisiología, me entusiasmaban y siempre me “sabía a poco”. La cosa seguía repitiéndose en el instituto y comprendí al menos que lo mío no eran las letras. Por supuesto no podía “dormirme en los laureles” si quería entrar en la Facultad, ya que la nota de corte era alta; me propuse alcanzar la nota y lo conseguí, afortunadamente. 

Una vez dentro de la carrera y a poco de terminar verifico que Medicina es una carrera preciosa. Pienso que es la aplicación más útil, humanitaria y comprometida que tiene la Ciencia. También he comprendido que mi vocación es la tarea asistencial. Siempre he admirado la labor del buen médico: me parece una profesión entregada, bondadosa, inteligente y cuya finalidad es el bienestar de la gente. La Salud es un bien preciado que la gente busca preservar y recuperar, y parte de esa ayuda la encuentra en el médico. Me fascina la idea de que muy pronto podré salvar vidas, traerlas al mundo, curar a gente enferma, aliviar los síntomas, acompañar en el dolor, en definitiva ayudar a la gente. 

Creo (egoístamente) que ejercer medicina va a ser para mí, la profesión que más satisfacciones me van a reportar. Y no pensaré aún en el sufrimiento, que también me producirá, para no arrepentirme precozmente… Y por último viene la razón menos romántica que puedo dar. Me educaron para ser una persona independiente, y por fortuna, la medicina está bien remunerada. Sinceramente, los honorarios no son los que me empujaron a estudiar esta carrera, porque aunque fuera menor la retribución de este trabajo, también la hubiera estudiado, aunque he de reconocer que si bien de pequeña nunca me planteé esto, las necesidades lógicas del ser humano adulto me han llevado a considerar esto como una razón también de peso, aunque repito, nunca sería la razón primordial.

Yo no animaría a nadie a estudiar medicina si no está movido/a por ese resorte invisible que es la vocación. Ni tampoco por tradición familiar como veo en muchos casos. El amor por cualquier disciplina es lo que hace que ésta evolucione y dé como resultado una mejora sustancial del sistema en cualquiera de sus vertientes: económica, social, política… que dará como resultado el buen equilibrio de la sociedad en la que nos ha tocado vivir.

La vocación médica no es más que la firme idea de amar a las personas y que se encuentra realmente dentro de todos

Una vez escuche en una serie de televisión sólo hay cuatro motivos reales por los que estudiar medicina: “mujeres, poder, dinero y más mujeres”. Y es que la profesión médica debido a la “información” que proporcionan ciertos medios de comunicación está muy mitificada con ese halo de ser imprescindible en la comunidad, de ser todopoderoso y mirar a los demás desde lo alto de tu bata.

Personalmente no tuve ningún motivo especial que me condujese a elegir esta carrera, pero al llegar el momento de elegir una carrera pensé en la figura del médico enfrentándose a la enfermedad e incluso a la muerte e irremediablemente elegí medicina. Iluso de mi.

Tras muchos años de apuntes interminables, exámenes con temarios infinitos, prácticas mal estructuradas y muchas noches en vela; ha habido momentos buenos y momentos malos, pero siempre he tenido la certeza de que todo me iba a llevar a ser feliz y aunque cansado me siento satisfecho de poder haber aprendido lo que es la medicina, y la capacidad que tiene esta de aliviar el sufrimiento de las personas. Hoy sé en qué consiste el ser médico, y estoy aun más ilusionado con la tarea que he elegido. Como una vez dijo un profesor en clase: “Creíais que veníais a curar, y estáis aquí para cuidar”.

Dicen que la vocación médica se tiene o no se tiene, pero creo que la vocación médica no es más que la firme idea de amar a las personas y que se encuentra realmente dentro de todos.

Actitud y vocación

En mi caso la medicina ha sido una vocación, más o menos manifiesta a lo largo de mi vida, desde pequeña cuando tenía que ir a un centro de salud o al hospital, se convertía en un momento especial, me fijaba en todo en cuanto cruzaba la puerta, las batas, los fonendos, todo el material de los carros de enfermería y cada detalle de las consultas, pero de todo, lo que mejor recuerdo es que me encantaba el olor a desinfectante. Me impresionaba ese ambiente desde que era una niña.  A los 6 años me operaron de una hernia inguinal, salvo por el dolor postoperatorio, para mí fue una excursión; pasillos, quirófano, me enseñaron los despachos, la sala de enfermería, y me dejaron escuchar por primera vez con un fonendo...

Sin embargo nunca dije que quería ser médico, ni estudié especialmente con ese fin, sólo estudié para mí, no te lo puedo explicar, simplemente sabía que lo sería, y lo mismo me ocurre con la especialidad, me apasiona la medicina en casi todos sus ámbitos, pero tengo la certeza de que he “nacido” para la cirugía.

Mi paso por estos 6 años de carrera ha sido armonioso, integrando tonos agudos y graves, esforzándome por conseguir lo que quería sin renunciar a nada que considerase importante, mi objetivo es vivir bien. Lo mejor de estos años y lo que ha facilitado todo, ha sido el excelente equipo de amigas y trabajo que hemos creado, ellas son las que han conseguido que la carrera sea una partitura y no una carrera de obstáculos, son parte de los cimientos del médico que llegaré a ser.

Durante el segundo ciclo, por fin hemos interactuado con los pacientes y los médicos, aprendiendo desde la forma de comportarse, de explorar, de tratar con los pacientes y los familiares, hasta a saber rellenar peticiones de rayos, de laboratorio o manejar Diraya, intentando ser una esponja y mantenerme activa, ¡Aunque sea para sacar pegatinas de la impresora!

 Me siento muy afortunada porque en estos años he tratado con médicos realmente implicados en la docencia (no todos), que han puesto a mi disposición su tiempo, sus conocimientos y sus ganas, convirtiéndose en mis modelos a seguir, y esperando que cuando me encuentre en su lugar, trate de la misma manera a mis futuros compañeros. Tengo muchas ganas de pasar a la siguiente etapa y vivir cara a cara la residencia. VPD.

¿Por qué me gustaría ser médico?

Es una pregunta bastante complicada de responder, a lo mejor ahora, podría tenerlo algo más claro, pero la verdad es que cuando eliges la carrera de medicina, lo haces, porque crees que te gusta la medicina y en cierta forma la tienes idealizada, pero a lo largo de los años, y mientras vas teniendo algún tipo de contacto con los pacientes, la idea de ser médico cambia de forma diferente, pero a la vez positivamente.
El pensar que puedes ayudar a personas, es algo excepcional, es un trato de humanidad hacia los demás, la recompensa que produce que alguien te de las gracias por ofrecer tus conocimientos y parte de tu comprensión, no creo que haya muchas profesiones que tengan estos beneficios personales.
La experiencia  de ver ante nuestros ojos, la evolución de la vida, desde el nacimiento, cuando se ven  a los bebés con sus respiraciones profundas, taquipneicos , taquicárdicos, con una fuerza increíble de intentar  acomodarse a la vida que se les está ofreciendo, el intento de sobrevivir… hasta los cuerpos ancianos, decadentes que se van agotando, y marchitando poco a poco.
Pues no me gustaría ser médico, por el simple hecho de serlo, sino que me gustaría serlo, porque creo que es un trabajo muy reconfortante, muy agradecido, y muy socializador, con lo cual aprendes de cualquier persona, por muy diferente que parezca a nosotros. 
A mi parecer, te hace poner en situaciones límites, que tienes que resolver, más o menos rápido dependiendo del ingenio de cada uno, y que no siempre tienen el resultado que esperábamos. Además no siempre está compensado lo que realizas, pero a medio o largo plazo, tienes que sentir una gran satisfacción personal, contigo mismo, y con el resto de personas de las cuales, cada una de ellas, cada uno de nuestros pacientes nos aportará algo a nuestras vidas.
M.N.B.A

Me parece una ciencia apasionante a la vez que compleja y pienso que podría aportar aunque sea un poquito a esta sociedad de la que formamos parte

Todo empieza desde que era niña, por suerte o por desgracia he tenido mucho contacto con en ámbito hospitalario a causa de la larga enfermedad de un familiar muy cercano. Al contrario de rechazo habitual de los niños por las batas blancas, a mí me apasionaban, veía a esas personas como superhéroes capaces de de ayudar a gente muy enferma.

Como anécdota contar que con 9 años aproximadamente formaba parte de un equipo infantil de baloncesto y en una exhibición mis padres vinieron a vernos jugar. Recuerdo perfectamente que al finalizar el partido mi padre me dijo que debía de cambiar un poco mi forma de jugar ya que en cuanto un compañero caía al suelo yo soltaba el balón para ayudarle a levantarse y así no ganaría nunca. No entendía lo que me quería decir ya que para mí era lo que debía y quería hacer. Así que le respondí  “Papá a lo mejor no juego como a ti te gusta pero yo se que lo hago bien”. Supongo que estos detalles de mi vida y de mi personalidad me han llevado a estudiar Medicina.

Con el tiempo pude entender que los que para mí eran como superhéroes no lo eran, ni nada por el estilo, pero aún así me seguía llamando la atención todo lo relacionado con la sanidad (odontólogos, enfermeras, veterinarios y por supuesto médicos). Supongo que por el hecho de que hubiese enfermos y existiesen otras personas que se dedicaran o pudieran al menos aliviarlos; en fin y al cabo su trabajo era ayudar.

Ahora que estoy, por fin, acabando la carrera no tengo del todo claro si he tomado la decisión correcta, supongo que cuando me dedique a esto y con la experiencia, quizás lo tendré un poco más claro. Aunque a veces reflexionando concluyo que si con dudas incluidas, continuo con mis estudios con cierta ilusión creo que no estoy tan lejos de lo que deseo.

Por otro lado pienso que estas dudas son normales y positivas ya que no creo que vengan por una falta de vocación sino por un cierto miedo a no estar a la altura de lo que yo considero ser un buen médico. Por tanto este miedo me sirve para que no se me olvide que debo preocuparme y exigirme en todo lo posible para poder llegar a lo deseado por una cuestión social y personal. No quiero olvidar que podemos ser muy útiles simplemente realizando un buen trabajo día a día, lo que yo llamo responsabilidad para con los demás.

Con respecto a la especialidad mi intención hoy día es Medicina de Familia simplemente porque dentro de este campo, es la que abarca a mayor población, por la posibilidad de desarrollo profesional y personal además de la salida profesional que tiene actualmente.

En definitiva estudio Medicina porque me parece una ciencia apasionante a la vez que compleja y pienso que podría aportar aunque sea un poquito a esta sociedad de la que formamos parte. Aunque la razón más importante es que estoy casi segura de que puedo ser muy feliz realizando esta labor. SAA

Quiero ser médico, por su universalidad, por su humanidad, por su sencillez y su complejidad.

Son muchos los estudiantes que en algunos momentos de su vida escolar se han planteado “ser médico”.
 Es una profesión clásica y sugerente para todos. Pero: ¿dónde se encuentran las raíces de tantas aspiraciones? Sería una pregunta fácil y a la vez compleja de responder. Fácil en el sentido de que supone un status profesional libre, vocacional, independiente de intereses sociales, económicos, bien considerado dentro de las actividades humanas por su vinculación con las relaciones de los demás, sin vinculaciones de apego clasistas, por lo menos en nuestra sociedad y en nuestros días. Todo el mundo está encantado de tener un médico en la familia. Compleja porque requiere, o por lo menos así lo creo, mucho convencimiento para adentrarse en el amplio, insondable, cautivador mundo de lo que llamamos medicina hoy en día. Todo el mundo quiere ser médico pero pocos están dispuestos a hacer el sacrificio de los años universitarios y posteriores.
Lo difícil es sentirse realmente identificado por ese rumbo especializado de las múltiples facetas que supone ser médico, ¿médico de qué? Nos preguntaría rápidamente cualquier persona, hace poco tomando café con unos conocidos me hicieron esa pregunta y al no tener claro qué responder, me preguntaron si no deberíamos saberlo ya que la carrera es vocacional ¿no? Luego me encargue de criticarla con mis amigas de clase pero me hizo pensar. Nos sentimos identificados con la medicina infantil y pediátrica, con las múltiples cirugías, con la medicina del día a día familiar, la inagotable neurología, la expectante psiquiatría… Por todo lo que supone, por los aspectos sencillos, por los retos que se nos plantean una vez siendo médicos, como proyecto de presente, de futuro y para el futuro, quiero ser médico.
“Ser médico” para mí es un proyecto, no sólo profesional, es un proyecto de vida, de sentirme identificado el día a día con la praxis cotidiana y por la inagotable información presta por descifrar, por descubrir. La medicina de nuestros días ha avanzado mucho, pero nunca como ahora, también nos sugiere los retos por conseguir. De todo ello los médicos son partícipes. Esta dualidad profesional “lo que puedo” y “lo que podremos” se hace patente en nuestras profesiones más que en ninguna otra. La tecnología, la investigación estrechamente vinculada a la medicina nos presenta un futuro prometedor, estrechamente anexionados y que ningún médico desprecia.
”Por todo esto quiero ser médico”. Por la grandeza personal y profesional que supone, soy médico en Sevilla, en Europa, en el mundo, en cualquier rincón donde haya seres humanos. Mi profesión me autoriza, me libera, me engrandece, no me ata ni a culturas, ni a idiomas, prejuicios sociales o culturales, clases sociales, un médico colabora, se vincula, se hace de todos en cualquier momento, en cualquier lugar. Por eso quiero ser médico, por su universalidad, por su humanidad, por su sencillez y su complejidad. AQL.

“Enhorabuena a todos, que sepáis que habéis escogido la carrera más bonita del mundo”. Profesor de Anatomía de la Universidad de Sevilla en el primer día de clase.

¿Por qué Medicina? Mi respuesta a esta pregunta quizás no haya sido clara desde el principio, pues quizás esa vocación de la que muchos hijos de médicos hablan yo no la haya tenido. De pequeñita no pensaba en que de mayor querría ser médico, sino que como otros muchos niños pensaba en una profesión divertida, apasionante y que ganara mucho dinero. En el colegio poco a poco me fui dando cuenta que me atraía trabajar en un hospital, ayudar y sentirme útil con esas personas que lo necesitaran parecía bastante apetitoso.

De repente me encontraba estudiando el bachillerato de ciencias sanitarias. A veces creía tener muy claro que ese era mi camino, sin embargo otras veces me planteaba que por qué había tirado yo por ahí ¿y si estudio Derecho? ¿y Arquitectura?. Decidí no pensarlo más, que tarde o temprano la vocación para decidir qué estudiaría, y por tanto, a qué me dedicaría durante bastantes años de mi vida, aparecería sorprendentemente, y que no por pensarlo una y otra vez llegaría a una decisión que me tranquilizara. Sin embargo ahora he de reconocer que siempre tenía en mi cabecita que yo quería ser médico, no sabía qué tipo de médico, ni sabía tampoco muy bien por qué, ni siquiera si sería capaz de conseguir la nota necesaria que se exigía para entrar (en aquel entonces un 7´75).

El bachillerato pasó muy rápido, y cuando quise darme cuenta mi principal objetivo era sacar una nota alta en selectividad, ¿pero por qué? Pues porque aunque no tuviera la certeza, en mi cabeza continuaba la idea de ser médico. Aun recuerdo las palabras de mi profesora de inglés que me dijo: “sé que si te lo propones tú serás perfectamente capaz de estudiar medicina, pero piénsatelo bien, es una carrera larga, dura y vocacional”, y eso me asustaba. Además, acudí a las charlas de asesoramiento que suelen hacerse cada año en cada facultad. Recuerdo que fui a la de Farmacia y a la de Medicina también, y de nuevo el escuchar “Medicina es una carrera de DEDICACIÓN CASI EXCLUSIVA” me asustaba.

Me alegró mucho contar con una nota que parecía cumplir los requisitos para entrar, pero de nuevo las dudas estallaban en mi cabeza cuando se acercaba el periodo de matriculación. Acababa de terminar un bachillerato, una vía de estudio más o menos establecida y que casi todos mis amigos habíamos hecho porque simplemente sabíamos que queríamos estudiar una carrera universitaria. Pero ahora tocaba decidir, una decisión importante, es más, creo q ha sido la primera decisión importante que he debido tomar.

Todavía recuerdo mi primer día de facultad, mi primera clase de anatomía, que aunque no sepa muy bien por qué, las palabras de aquel profesor me tranquilizaron mucho cuando simplemente dijo: “enhorabuena a todos, que sepáis que habéis escogido la carrera más bonita del mundo”. No pude evitar sentirme contenta, orgullosa, convencida de que sí estaba donde yo quería estar. Y aunque simplemente fueron esas palabras tan sencillas, a mí me bastaron para dejar de dudar. Había escogido sin duda la mejor opción.

Sin embargo, he de reconocer que el camino a veces te hace plantearte si realmente tanto esfuerzo merece la pena: temarios con numerosos bloques, cada uno de los bloques con temas interminables, nombres y listas inacabables… y siempre con una bibliografía recomendada para recordarte que aun sabiendo todo eso, en los libros venía mucho más. Exámenes imposibles tipo test, que restan por respirar o que te hacen dudar hasta de tu segundo apellido. ¿Esto es realmente la medicina? Biología, Bioquímica, Estadística, Historia, Documentación y Terminología… ¿dónde está la Patología? ¿dónde están los pacientes?

Ciertamente los primeros años poco tenían que ver con aquello que yo había imaginado, pero más tarde comprendería que todas ellas eran asignaturas necesarias para poder después construir conocimientos sobre esa base. El conocimiento que yo echaba de menos, y que tardó en llegar, puesto que no ha sido hasta el cuarto año de medicina cuando he sentido que de verdad estaba aprendiendo medicina. Los tres primeros años pasaron rápido, fueron duros, y los recuerdo como un interrogante constante a mi pregunta de si era eso lo que yo realmente quería.

Había preguntado a médicos para que me aconsejaran si estudiar medicina era una buena elección, y muchos me habían contestado lo mimo: es una carrera muy sacrificada, muy vocacional, realmente agotadora y que puede quemarte mucho.
¿Sacrificio? ¿Vocación? ¿Tenía yo esas cualidades? No lo sabía, y con mis 20 años mi balance era el siguiente: muchas asignaturas, todas ellas larguísimas (fueran más o menos importantes), muchas horas de estudio, prácticas, seminarios… y había dejado atrás otras muchas cosas que me gustaban hacer. Dejé la academia de baile en la que había estado durante años, abandoné el equipo de voleibol en el que jugaba, salía con mis amigas pero ya no todos los fines de semana ni mucho menos, no había tiempo para muchas de las cosas que siempre me habían gustado hacer.

Pese a todo, ya estoy en sexto, y ahora puedo hacer un balance positivo y realmente no cambiaría el camino que elegí, mi profesor de anatomía de primero tenía razón, aunque a veces creyésemos que no, que tanto sacrificio y horas de estudio (o trabajo en su caso) no merecieran la pena, esa no era la percepción verdadera. Estaba en la carrera más bonita del mundo, e iba a ejercer la profesión más bonita del mundo, porque he podido comprobar en las prácticas en el hospital de cuarto, quinto y sexto, que el trato con los pacientes y el poder ayudarles de alguna manera o simplemente escucharles, informarles de lo poquito que yo pudiera saber, me llenaba hasta el punto de olvidar todo lo anterior. Y si me siento feliz ahora con este poquito que puedo aportar, imagino que sentiré mucha más felicidad y satisfacción cuando mi papel y mi profesión hagan realmente algo importante por alguien. Aún no sé cuál será la especialidad que escogeré, pero sea cual sea quiero estar rodeada de pacientes, de personas con las que hablar y a las que poder ofrecer algo, porque pienso que es lo más bonito que ofrece esta profesión, en la que, a pesar de tener sus momentos malos, siempre volveré a casa con la sensación de haber hecho algo bueno por alguien, por mínimo que sea, y cada día será diferente. Esa profesión que decía querer de chiquitita, no se aleja tanto de lo que finalmente voy a terminar siendo: es una profesión divertida si le pongo toda mi entusiasmo, apasionante si le pongo pasión, y lo que yo considero más importante, no es para nada monótona, cada día será diferente porque cada día estaré con personas diferentes.

Ahora sí, no tengo NINGUNA duda, me he metido en medicina porque es la carrera más bonita del mundo, y más importante, la profesión más bonita del mundo. No puedo hacer otra cosa si no sentirme orgullosa, pues voy a pasar más de 40 años haciendo algo que me gusta hacer, ayudando a personas que lo necesitan de una u otra manera. Y sinceramente creo, que estas cualidades no las cumplen otras profesiones que ahora agradezco no haber escogido cuando no sabía lo satisfactorio que era llegar a casa con la sensación de haber pasado cada minuto haciendo algo importante para alguien. PGB

Motivos por los que escogí estudiar medicina y por los que quiero ser médico


La verdad es que antes de estudiar medicina, cuando estaba estudiando el bachillerato, no me había planteado estudiar medicina a ciencia cierta. Era algo que lo planteaba como una posibilidad, pero al igual que otras carreras posibles de la misma rama. Sin embargo, cuando hice la selectividad mis amigos, viendo al nota que saqué me animaron a que estudiara medicina; y di el paso, sin saber en qué consistía la carrera en sí, aunque tenía una idea general de la profesión.


Cuando entré en la carrera y vi las asignaturas que se daban en primero, segundo y tercero me desmoralicé un poco: a mi parecer no tenían nada que ver con lo que yo tenía entendido que era la carrera.

Sin embargo, cuando empecé con las practicas de patología general y vi lo que era la profesión in situ, me di cuenta de que lo que estaba estudiando era lo mío, lo que me gustaba, la profesión más bonita. Me di cuenta de que en la relación médico-paciente, el paciente le confía al médico lo más valioso que tiene, su vida, generando una relación especial con el médico y dándole a éste un papel muy importante, ya que el paciente se convierte en un autentico indefenso que está en las manos del médico.

Conforme fueron avanzando los años y las
asignaturas
que aprendía eran más similares a lo que tenía yo preconcebido de lo que era la carrera y la profesión me fui animando más y descubrí que ésto era lo que quería verdaderamente, que esa luz que se veía al final del camino era lo que tanto ansié y busqué durante muchos años. FARP

Estudiar medicina es darte cuenta que puedes hacer mucho más de lo que crees y con mucho menos de lo que pensabas.


Medicina es trabajar con personas, no con enfermedades, es adquirir conocimientos no solo para demostrar a otros que sabemos mucho, sino para demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces de sanar y entender a los pacientes que ven algo más que una bata blanca en nosotros.
Estudiar medicina es darte cuenta que puedes hacer mucho más de lo que crees y con mucho menos de lo que pensabas.  Es más que memorizar datos y definiciones, es brindar tranquilidad, sinceridad y apoyo a los demás.
Estudiar medicina no es luchar contra la muerte, es mejorar la calidad de vida, es buscar todos los medios que estén a nuestro alcance y saberlos usar para sacarles un mayor provecho y así ayudar al paciente, aquella persona que deposita toda su confianza en nosotros y que en muchas ocasiones tiene confianza ciega en nosotros.
Decidí estudiar medicina porque es muy gratificante saber que aunque tengas que dedicar todo tu tiempo y toda tu vida a esto, somos muy pocos los que nos sacrificamos por ver a una sola persona darnos las gracias por hacer tan poco. PM

Medicina, mi mejor decisión

La verdad es que no recuerdo el momento en el que decidí que quería estudiar medicina pero sé que es lo que quiero ser, no me imagino dedicándome a otra cosa. Sé que cuando era pequeña quería ser muchas cosas de mayor y entre ellas no recuerdo que estuviera ser médico, pero un día buscando entre unos papeles viejos encontré una redacción que tuve que hacer en los primeros años del instituto en la que debíamos decir qué nos gustaría ser de mayor y la razón y en ella puse que quería ser médico, así que ya en el instituto era lo que quería ser pero no sé ni la razón, ni cuándo comencé a quererlo.

Cuando comencé la carrera lo hice con mucha ilusión y muchas ganas, pero no fueron pocas las veces en las que me pregunté: ¿por qué estudio esto?, pero llegaron mis primeras prácticas en el hospital y todas las dudas se fueron y supe que ese era mi lugar, allí donde hay gente que lo está pasando mal y necesitan ayuda. Recuerdo aquellas primeras prácticas con alegría y agradecimiento a mi primer tutor por todo lo que me enseñó y la dedicación y ganas que le puso, le agradezco, más que los conocimientos médicos en sí, los valores que intentó inculcarnos y el trato que tenía con sus pacientes. Creo que hoy día todavía lo valoro más porque con el paso de los años he tenido la suerte (y la desgracia en otros casos) de conocer a muchos médicos en mis prácticas en los que se ve la entrega que ponen en su trabajo y hacia sus pacientes, pero también hay otros a los que más le valdría hacer un acto de reflexión y preguntarse por qué decidieron dedicarse a esto porque parece que lo han olvidado. Pienso que a nadie le gusta estar enfermo, que no es algo que hagamos por gusto y cuando estamos mal necesitamos una mirada o un gesto de comprensión, no una mala cara o una mala palabra que es lo que muchos encuentran por desgracia. Pero en cierto modo también les agradezco a ellos que me hayan enseñado cómo NO debe ser un médico porque sé que si me alejo de eso podré llegar a ser mejor.

Hoy miro atrás y me doy cuenta del tiempo que ha pasado, que parece que fue ayer cuando todo empezó y parece mentira que nos falten meses para terminar y hoy por hoy me alegro muchísimo de haber elegido este camino porque sé que no me sentiría tan bien dedicándome a otra cosa ya que me encanta el trato con la gente y poder ayudar cada día, o por lo menos intentarlo.

Elisabet Delgado Begines (Promoción 2005-2011)

Tiritas de colores

Pasados seis años de estudio, apenas puedo recordar nítidamente los motivos que decantaron mi elección hacia la medicina. Supongo que como todos, la ilusión por ayudar al más necesitado o solucionar problemas tendría algo que ver.

Al igual que muchos de mis compañeros, en mi familia ya se respiraba la medicina antes de que yo naciese. Es una profesión con cierta agregación familiar que en mi caso pronto se cumplirá. El hecho de criarte jugando con tiritas de colores, jeringuillas a modo de pistola de agua y demás, tiene sus efectos. Siempre me gustó el olor a hospital y el color verde de sus paredes. Un hospital no es por lo general agradable, normalmente se entra en ellos ya sea porque estás enfermo, o porque vas a visitar a un familiar. Ninguna de ellas te hace pensar en el hospital como algo bonito.

Conforme pasaron los años, me decanté por la rama sanitaria en bachillerato. Ninguna carrera me gustaba tanto como la medicina, lo que suponía una gran presión puesto que la demanda estudiantil era alta. Un par de años de agobios por la nota media y un buen promedio en selectividad me permitieron matricularme en la facultad de Sevilla, comenzando una nueva vida en una ciudad diferente.

Actualmente, siento que he perdido muchos de los valores por los que una persona decide estudiar medicina. El esfuerzo constante, junto con las muchas dificultades que implica esta carrera me ha supuesto un cambio de perspectiva. Espero que los bonitos años de residencia que me esperan me reconduzcan a los ideales médicos.

Ser Médico

No recuerdo exactamente el momento en que dije por primera vez las palabras"voy a ser médico". Más bien es una idea que se ha ido forjando en mi mente a medida que iba creciendo, madurando y conociendo lo que significa.

Lo que sí recuerdo es cuándo empecé a sentirme atraído irreversiblemanete por dedicarme a esta profesión. Y fue cuando me di cuenta ralmente de lo que supone ser médico y cual es exactamente su labor. Ocurió cuando tenía unos quince años y tuvieron que operarme debido a una fractura. De este modo pude observar cómo estas personas de blanco llevan a cabo su oficio. Para mí simplemente eran gente que cuando te ponías enfermo te mandaban un jarabe para que te pusieras bueno y punto.

Pero no. Pude entender que van mucho más allá de eso. No solo me arreglaron el brazo con agujas, sino que recibí ese apoyo, calidez y empatía que me hacía sentirme mejor aunque mi estado físico fuera el que era. Mese más tarde volví a tener la misma experiencia debido a uqe mi brazo se rompio de nuevo. Cuando salí del hospital ya empezaba a asentarse en mi cabeza una idea: quería que a todos se les tratara como a mí cuando estuvieran enfermos, y me iba a encargar personalmente de parte de ello.

Años más tarde esa idea se iba solidificando y sería por entonces cuando diría en voz alta lo que ya sabía desde hacía tiempo: "voy a ser médico"

Es cierto que supone un gran esfuerzo y que hay que recorrer un largo camino desde el dí que comienza la carrera hasta que se consigue el objetivo. Pero si se hace porque se tiene la vocación de ser médico se hace más llevadero y cada paso adelante motiva todavía más.

Muchos hablan de que es una profesión de cierto prestigio, de que se cobra bastante...y es verdad que ser médico conlleva cierto grado de estas cosas. Pero desde fuera es más difícil ver otra cosa que aporta al médico y que gratifica mucho. Puesto que el médico además de dar al paciente, recibe también de él. En mis prácticas he podido ver a médicos de lo más serio esbozar una sonrisa de oreja a oreja cuando un paciente le agradece su labor y además jactarse más de lo que un paciente lo aprecia que de la enfermedad mque ha sido capaz de controlar.

Con todo esto, pienso que la medicina es una profesión que hay que valorar teniendo muy en cuenta que el objeto del médico es la persona, el paciente, lo que conlleva una gran responsabilidad que hay que estar dispuesto a asumir. Y para conseguir el objetivo, la salud, no sólo hay que saber qué fármaco dispensar, sino cómo tratar con una persona desde un punto de vista que ha de ir más allá de lo puramente fisiopatológico, y que además hay que poner todos los medios posibles por el bien del paciente.

UN DESEO DESDE NIÑA, Y CADA VEZ MÁS CERCA DE COVERTIRSE EN REALIDAD.

Sinceramente es lo que he querido desde que tengo uso de razón. En realidad no recuerdo el momento exacto en que nació en mí la vocación de ser médico (sí, hablo de vocación, porque para mí la medicina es una de las carreras que más vocación necesita, ya no solo para estudiarla, sino aún más para ejercerla).

Desde pequeña cuando te preguntan en el colegio qué quieres ser de mayor, yo solo recuerdo una respuesta: “Yo quiero a ser médico”. Única y exclusivamente médico, nunca ha existido en mi pensamiento otra profesión que no fuera ésta.

En mi familia nadie es médico, así que no pudo ser una conducta aprendida. Pero el tener que hacer esta reflexión me ha hecho retrotraerme a mi más tierna infancia para intentar buscarle algún sentido a este imperioso deseo.

En esta búsqueda he sacado en claro que mi vida desde pequeña se ha visto vinculada a un hospital. Ya con pocos meses de vida tuve que estar ingresada por bronquiolitis, y cada invierno pasaba unas cuantas temporadas en el hospital con neumonía o bronquitis, así hasta los 6 o 7 años en que me operaron de “amígdalas”. Como es normal de todos esos ingresos no tengo consciencia, pero los últimos por supuesto que sí y de todas mis visitas posteriores al pediatra también. Y cuando recuerdo todo esto me invade un enorme sentimiento de admiración y agradecimiento hacia esos médicos que un día me atendieron.

Creo que el poder ayudar a las personas como un día lo hicieron conmigo, es la razón principal de mi vocación por la medicina. Además que mejor lugar para trabajar que en aquel en el que te sientas a gusto, tranquila y que te de paz interior, y para mí es un Hospital. Sé que puede parecer raro, ya que la mayoría de las personas le tienen pavor, pero es así, a pesar de haber vivido tanto momentos buenos como malos en ellos, me gusta estar ahí.

Cuando comencé a cursar bachillerato mi principal objetivo era sacar suficiente nota en selectividad como para estudiar medicina, y así fue, lo conseguí, y en mi hoja de preinscripción para la universidad solo aparecían dos opciones: Medicina en Sevilla y Medicina en Cádiz.

Estudiar esta carrera me ha supuesto muchos sacrificios, y ha habido veces en que mis fuerzas han flaqueado, pero jamás he dudado que este era el camino correcto. Estudiar medicina puede resultar a veces “un poco” agotador pero una sola práctica en el hospital para mí es una inyección de energía que me permite seguir avanzando.

Ahora que nos queda tan poco para terminar la carrera, siento cierto miedo al pensar tener que enfrentarme al día a día de un hospital, pero bueno supongo que es un sentimiento que tendremos muchos de nosotros.

Para terminar como dijo Albert Einstein Solamente una vida dedicada a los demás merece ser vivida.”

MOTIVO POR EL QUE DECIDÍ ESTUDIAR MEDICINA

Todo comienza en el colegio entre juegos de niños con mi primer fonendo, tensiómetro, martillo de reflejo y otros muchos instrumentales que mis padres me habían regalado. Ni que decir tiene que no tenía ni idea de cómo se llamaban todos estos objetos de plástico, pero me encantaba jugar a tomar la tensión, la temperatura o auscultar a mis amigas. Cuando fui madurando tuve claro que me gustaba más las ciencias que las letras, y sobre todo biología. A pesar de que en el instituto no tenía claro a lo que me quería dedicar en un futuro, sí sabía con seguridad que quería estudiar una carrera de ciencias y sobre todo relacionada con la salud. Me planteé varias posibilidades: psicología, enfermería, odontología, fisioterapia, etc. Curiosamente la carrera que menos me entusiasmaba era medicina, no porque no me gustara, sino por lo larga que era.  Finalmente me decidí por Fisioterapia.
Tras cursar los tres años y diplomarme en Fisioterapia puedo decir que la experiencia ha sido inmejorable; ya que me enriqueció muchísimo, tanto a nivel profesional como personal. Pero a pesar de todo lo bueno, seguía teniendo inquietud por adquirir más conocimientos relacionados con la salud. Mi hermana, que es médico, sabiendo esto, me animó a hacer medicina. Me dijo que aunque era una carrera larga merecía la pena y además contaba con el apoyo de mis padres. Fue entonces cuando me lancé y a día de hoy no me arrepiento en absoluto. Desde el primer curso me he sentido muy a gusto estudiando aunque es verdad, que he pasado momentos difíciles, pero ya sabía que no iba a resultar nada fácil. Estoy deseando terminar y ejercer la profesión de la mejor manera posible y por supuesto, seguir aprendiendo, siempre aprendiendo.                                                                                            María Martínez de los Reyes

¿Qué fue lo que me trajo hasta aquí?

Todo empezó con aquella selectividad en el año 2005 y parece que los años no hayan transcurrido desde entonces. En mi caso, lo que me llevó a estudiar medicina no fue una vocación desde la infancia, es más, mis gustos oscilaron desde ser periodista, ingeniera o bióloga. Pienso que fue la madurez, al menos aquella que se puede tener con diecisiete años, la que encaminó mi decisión. Fue en los años de bachillerato cuando me propuse el reto de poder llegar a ser médico, entonces una ilusión y entusiasmo crecían dentro de mí y me hacían saber que iba por el camino correcto.
Cuando comenzamos el curso el primer día, nos reunieron a todos los nuevos en el aula Magna para darnos la bienvenida, en este acto un alumno de quinto recuerdo que nos dio la enhorabuena por entrar en la “carrera más bonita del mundo”. En aquel entonces andaba un poco perdida, pues todo era nuevo para mí y mucho más lo era aquella etapa de mi vida que acaba de comenzar, pero esas palabras se quedaron guardadas en mis recuerdos, llegaron muy dentro de mí.
Hoy, seis años después, puedo afirmar que la Medicina no es solo la carrera más bonita del mundo, sino la profesión más enriquecedora y bella que se puede ejercer. Entre otros aspectos, me ha brindado la oportunidad de conocer al maravilloso organismo  humano, saber cómo debe funcionar y también como no lo debe hacer. Siempre me ha gustado comparar el cuerpo con un mundo diferente al que vivimos, es como si cada uno de los aparatos de lo componen fuese un continente diferente, cada órgano un país y cada arteria o cada vena una calle con un nombre distinto. Pues bien, a través de esta carrera he podido ir conociéndolo, ser consciente de lo perfectos y complejos que podemos llegar a ser y me ha ido presentando a lo largo de todos estos años lo que considero la mayor obra maestra de la naturaleza. No obstante, a través de la carrera adquirimos conocimientos pero el trato humano propio de la actividad profesional de un médico en muchas ocasiones se intuye más que se aprende o practica.  Con esto hago referencia a que actualmente la organización docente se centra mucho más en impartirnos conceptos teóricos, despreciando en gran medida la parte práctica. Debido a ello, la ilusión propia del estudiante de medicina a veces pienso que fluctúa ya que es mucho lo que se nos exige y hay determinados momentos que no perder la motivación solo depende de un mismo. Sin embargo, en otras ocasiones sales de una clase realmente satisfecho o eres afortunado por vivir experiencias únicas en el hospital que hacen que ese aliciente no se pierda, revives esas ansias por poder ayudar al necesitado  y te hacen saber que estás realizando lo que realmente te gusta, es lo que te da fuerzas para continuar en el camino.
Estos años han estado llenos de momentos inolvidables y que sin duda extrañaré, pero igualmente son años llenos de esfuerzo y sacrificio pues pienso que lo que mejor define a un estudiante de medicina es su constancia. Constancia que no se puede conseguir sin una ilusión, una vocación o una motivación que parte de cada uno de nosotros. Me refiero a esa ilusión por poder estar al lado del que más lo necesita, de aquella persona que pone en ti su máxima confianza y deja en tus manos su vida. Estar al lado de aquel que sufre y poder ofertarle una mínima esperanza, poder experimentar lo que se siente al salvar una vida siendo también egoísta, porque al igual que damos queremos recibir, saber que lo estamos haciendo bien y ser útiles para el prójimo. Todo ello es lo que hace diferente a esta profesión: el trato humano y el luchar cada día por la salud y la vida de los demás. Este ha sido el motivo que me ha llevado hasta aquí, el que me ha hecho luchar durante estos seis años, lo que me llena cada vez que pienso en mi futuro y lo que me hace estar segura de que es el papel que quiero tener en mi vida. Sí, es lo que quiero, quiero ser médico.

Por qué medicina… ¿y por qué no?

No sé explicar muy bien el motivo que me impulsó a estudiar esta carrera, no creo que exista realmente un motivo que haya marcado mi camino, sino varios. Por el contrario sí sé cuáles son los motivos por los que no cogí otros estudios. Supongo que Medicina me aporta todo lo que buscaba en una profesión futura.

No consigo recordar el momento en el que surge la idea de estudiar medicina, por lo que desconozco el motivo; quizás por paternalismo, por elitismo, por la universalidad del conocimiento, por sentirme realmente útil, una mezcla de varias,…No lo sé, lo cierto es que desde aquel momento empecé a ilusionarme con la idea de ser médico, ilusión que sigo manteniendo a día de hoy.

Es en este momento es cuando empiezo a plantearme el por qué sigo en medicina, que es lo que hace que persista mi idea de ser médico. Después de cinco años estudiando, donde han existido fracasos, exámenes constantes con temarios insufribles, noches sin dormir, padecimiento de patologías asociada a estrés…Sé que he cambiado muchas cosas por estudiar, y siempre me entra la duda de si finalmente merecerá la pena todo el esfuerzo, esta duda me ha llevado a plantearme muchas veces dejar la carrera, pero una y otra vez la vuelvo a elegir; y, sinceramente, por supuesto que merece la pena, porque aunque no tenga muy claro el por qué empecé, si sé el por qué continúo, por vocación.

¿POR QUÉ QUISE SER MÉDICO?

Desde pequeña siempre dije que quería ser veterinaria, y no me alejé mucho cuando decidí que quería ser médica. En mi propia casa vi cómo era la profesión, y eso fue lo que hizo decidirme a elegir esta carrera. Pensé que además de ser una carrera de ciencias, que es lo que yo quería hacer, iba a tratar con personas, ayudándolas en todo lo posible.
Recuerdo el primer día de la carrera…cuando los alumnos de 4º de Medicina nos enseñaron la facultad. Todos allí revueltos, sin conocernos e inquietos por empezar una vida nueva. Sin duda, es un año difícil el cambio, pero se sobrevive.
Desde aquel primer día, cómo han pasado los años…y a pesar de estar ya en 6º y pensar que no se nada, todos sabemos que hemos aprendido muchísimo. Yo personalmente, además de haber adquirido nuevos conocimientos, he aprendido a tratar con personas, a trabajar en grupo, a enfrentarme a ciertos problemas…en resumen, he madurado, y me ha encantado hacerlo en este ambiente.
Los dos primeros años de carrera se alejan mucho de lo que es la medicina, y quizás en estos años dudé un poco sobre dónde me había metido. Pero pronto comprendí que era una etapa más que debía pasar y que ya llegaría lo que de verdad iba buscando. Ya en 3º, con las prácticas de hospital, me metí un poco más en el papel, y estuve segurísima de que era lo que quería hacer en mi futuro. Fue entonces cuando me sentí más nerviosa al estar delante de un paciente y tenerme que enfrentarme a hacerle yo sola la historia clínica.
Han pasado los años, y tras mucho sufrimiento y muchas alegrías ya acabo…y desde el principio hasta ahora ha cambiado mucho mi perspectiva sobre qué es la medicina. La medicina no sólo es saber y curar a las personas; es saber, ayudar a toda una comunidad, actuar en prevención y tratamientos, en diagnósticos, trabajar en equipo, ser empático con el paciente, respetar… Todos estos valores morales y muchos más son tan importantes en el ejercicio de la medicina como el conocimiento científico que adquirimos a lo largo de los seis años.
Y tan claro como tuve que quise ser médica, aún no tengo claro la especialidad que quiero hacer, porque tengo un amplio abanico de especialidades que me gustan. Y aún no ha acabado la historia… queda el MIR y la residencia, pero creo que será lo mejor.
I.M.G.L

UN SUEÑO

Mi motivo para estudiar medicina es tan simple como que ese sea tu sueño eso que anhelas y que crees que es imposible de alcanzar hasta que un día ocurre y lo alcanzas, por eso estos años de mi vida han sido muy duros pero a la par satisfactorios porque estoy consiguiendo ese sueño.
Nunca he sido capaz de saber el momento exacto en el que la idea de ser medico entro en mi vida, pero lo que si recuerdo como si fuera hoy es el momento en el que me dijeron que estaba aceptada en la carrera, esa sensación no se me olvidara nunca y espero que se repita el día que todo esto termine y me vea con el titulo en la mano.
La verdad que mis motivos no son nada espectaculares y no entre en esto con la intención de salvar al mundo, o quizás si pero con los años me habré dado cuenta inconscientemente de que eso es imposible, aunque si que se puede ayudar a mejorarlo. Solo se que si este no fuese mi sueño no hubiese sido capaz de soportar el largo camino que esta carrera conlleva, tan largo que hay momentos en los que flaqueas y no te ves con fuerzas pero cuando de verdad estas haciendo lo que te gusta cualquier misero detalle hace que te recuperes y empieces con las ganas del primer día.
Por lo que solo puedo decir que estoy encantada con esta carrera de fondo y que por ahora seguiré corriendo todo el tiempo que sea necesario o hasta que me fallen las piernas.



Desde pequeñita

Desde que era pequeñita, mi madre me enseñó que cuando fuera mayor debía ser una persona independiente y realizada. Que debía luchar por mi futuro hasta conseguir una vida feliz y llena. Desde ese momento supe que quería ser médico.

A partir de ahí comenzó un camino duro, pero con una meta muy clara, llegar a trabajar en lo que quería y de la forma que quería. Pasó el instituto, bachillerato, la temida selectividad y tuve suerte de tener notas suficientes, ya que vi como el sueño de varias compañeras se esfumaba tras una larga lista para entrar. Pero yo realmente no sabía de que iba esto, no lo supe hasta que comencé las prácticas clínicas.

Ayudar a las personas en sus peores momentos, darles respuestas, solucionar sus problemas de salud si se puede, y si no, apoyarlas en todo lo posible. Nunca pensé que fuera tan satisfactorio que una ancianita te dé dos besos por atenderla como se merece, que en una planta en la que se ven muchos cánceres, como es la de hematología, tenga de adorno las placas de agradecimiento. No puedo imaginar un trabajo mejor. Y aunque tiene su parte mala, creo que el dedicarse a lo que uno le gusta compensa.

Por eso me gustan las especialidades sobre todo médicas, por el trato con el paciente y que puedan expresar lo que sienten. Tenemos limitaciones, pero con un poco de esfuerzo, creo que se puede hacer una medicina de cierta calidad. Y siempre intentando mejorar.

Yo no sé si lo mio fue vocación, puesto que realmente no sabía lo que me iba a encontrar, o si desde pequeñita nunca me plantee otra cosa porque esto es lo adecuado para mi, pero esos son mis motivos para estudiar medicina.


Amalia Cruz Rodríguez.
6º Valme
Los motivos han ido cambiando a lo largo de los últimos 6 años. Supongo que a todo estudiante de medicina le pasa lo mismo, los estímulos para estudiar esta carrera van variando a lo largo de su recorrido. Así pues se concluye que hubo unos motivos al principio y otros motivos ahora, en el último año de la formación académica, que no laboral.

Empecemos por las raíces de la elección.

Para encuadrar la elección es preciso determinar que existieron muchos factores que condicionaron mi elección. Estos factores, para ordenarlos de una forma adecuada, voy a enumerarlos de fuera a dentro, es decir, de condicionantes más sociales (generales) a factores más personales (particulares). Los factores más externos podríamos decir que los supongo comunes a la mayoría de los que estamos estudiando medicina. Hace 7 u 8 años la profesión médica se consideraba prestigiosa desde un punto de vista social, muy bien remunerada y con cierto cariz de profesionalidad de la cual carecían otras muchas profesiones.

Se sabe que en las sociedades occidentales se utilizan los medios de comunicación para llevar a la sociedad a un terreno laboral u otro en función de las necesidades económicas y políticas del estado; así se puede demostrar como determinadas series de televisión como Médico en Alaska, Urgencias y otras del mismo ámbito, fueron encaminadas a representar una función de estímulo de futuros médicos. [La representación del médico en estas series no se corresponderá con la realidad, pero esto es otro tema]

A día de hoy ocurre lo mismo, tras una fuerte demanda de médicos en EE.UU. salieron a la parrilla series como House, Anatomía de Grey, Nip tuck, Bones y otras muchas más, con el objetivo de enaltecer la figura del médico buscando el estímulo de esos adolescentes carentes de metas laborales reales.

En una esfera un poco más personal, situada entre los condicionantes generales y los particulares, está el entorno de las amistades y relaciones que por aquel entonces se tienen. Como buen adolescente que se precie, uno se tiene que dejar llevar por sus ideales puros; y en esto sí que se diferencia un poco de las demás profesiones, ese componente de altruísmo adolescente y solidario (sin una base real que lo sustente, por supuesto) hace de la elección de esta carrera una opción única. Se verá con el tiempo que este componente empieza a perder sentido conforme se camina en la licenciatura...un desengaño más en la cadena de muchos que conforman la madurez intelectual.

En un terreno más personal, tuve la suerte de tener a mano ejemplos vivos de muchas profesiones distintas (abogados, médicos, periodistas, ingenieros, enfermeros, veterinarios...), lo cual me sirvió como escenario perfecto para ubicarme en un campo u otro en función de mis características y habilidades. Y en este sentido, el terreno donde me sentía más cómodo se hallaba en casa, en mis padres. Siendo ambos médicos, estaba en un entorno más que favorable para resolver mis inquietudes acerca de la profesión médica, las respuestas a muchas de las preguntas que me hacía se encontraba en casa( en la cocina o en el salón), en definitiva siempre a mano.

Y así, sin forzar nada o casi nada el curso de mis decisiones, fui elaborando una lista mental de preferencias profesionales, entre las cuales estaba en orden preferente la carrera de Medicina.

La solución a mis últimas preguntas vino de la mano de un acontecimiento que terminó de cerrar definitivamente el capítulo de la indecisión. Fue un accidente doméstico de mi hermano pequeño lo que, en cierta forma, centró mis aspiraciones en una sóla dirección. Digamos que la experiencia tan cercana de un hecho ciertamente dramático condicionó que mi interés por resolver cuestiones tan curiosas como el dolor y el sufrimiento, fuera directamente enfocado al ámbito médico.

Una nota media pobre y una selectividad decente hicieron el resto.

Esos motivos que, en origen, fueron los que me llevaron a esta carrera han sido lo suficientemente sólidos como para que, pese a los muchos sinsabores del devenir de la misma, siga con tamaña ilusión de ser un buen profesional de la Medicina. De sobra hemos tenido todos muchas dificultades que han hecho tambalear nuestra meta, pero sin duda esa constancia y sacrificio en el estudio es lo que nos llevará a ser buenos profesionales en el futuro. Los futuros médicos de la sociedad, los de nuestra generación, llevan de serie un componente de esfuerzo y sacrificio extra, que otras muchas profesiones no tienen, y esto es motivo de orgullo.

Como punto y final a mi entrada voy a citar a Platón para sellar definitivamente este texto; "Dondequiera que se ama el arte de la medicina se ama también a la humanidad."

Y es que en el fondo, todos los que estamos escribiendo estos artículos, por una razón u otra, amamos con pasión el conocimiento del cuerpo humano...y prueba de ello es una soleada y bonita mañana de Sábado, que invertimos en cualquier asignatura de la carrera en lugar de estar dedicado a nuestras otras pasiones...

Ramón De La Torre Colmenero.
Hospital universitario Virgen de Valme, Sevilla.

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