Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).


Pretérito imperfecto

Mirando atrás, recuerdo con mucho cariño aquella afirmación de Don Antonio, mi maestro de la EGB: “ahora queréis ser bomberos, policías, médicos… son profesiones que os llaman la atención por muchos motivos: se viven momentos intensos en determinadas circunstancias, están orientadas ayudar directamente, incluso un buen uniforme os decanta por una u otra”. Sin embargo, por aquel entonces (cosas de la vida) yo prefería ser alfarero.

Aunque en casa, desde pequeño, creían que iba para médico, la verdad es que estuve indeciso hasta llegar a Bachiller, donde, prácticamente por eliminación, creí que entrar en Medicina era la mejor opción. Los motivos eran más que suficientes: una profesión con futuro, dinámica, con fama de ser una de las más bonitas que existen y con la que poder sentir la gratificación de ayudar a aquél que lo necesite.

Ahora, momento en el que tan poco queda para dar el paso a trabajar, pienso en lo que para mí han significado estos años: muchas nuevas caras, conocimientos, momentos de ilusión, nerviosismo, frustración…No me cabe duda de que ha supuesto una época trascendental en mi vida, y que aún sigue su curso. Por esto, imagino ahora el futuro como una oportunidad aun mejor si cabe para poder seguir formándome, seguir creciendo para dar a los demás todo lo que esté en mi mano.


Fd López Rguez.

¿Cuándo decides qué quieres estudiar, estás decidiendo a qué te quieres dedicar el día de mañana?

Cuando decidí estudiar medicina, era porque quería ser médico. Y sabía que para ello me esperaban seis años de estudio, de mucho estudio y muchas horas de dedicación, pero bueno, eran seis años de estudio de medicina.

Quizás, esa idea previa errónea que llevaba cuando rellené la inscripción de ingreso a la universidad, fue lo que me hizo que durante mis tres primeros años de carrera estuviera un poco perdido. Desorientado. Cada vez que iniciábamos una asignatura, decía seguro que en ésta ya se habla de medicina, pero que va, pasaba el tiempo, y nada de nada. Pero, ya en alguna asignatura al final de tercero, empecé a darme cuenta de lo que realmente era la medicina, no por lo que estudiaba, que también, sino porque empecé a visualizar esa idea que me hizo elegir esta profesión, y era el trato con el paciente.

Me di cuenta, que no me había equivocado, que aunque hubiéramos tenido que pasar casi tres años estudiando la carrera de “medicina”, sin ser medicina, lo que me imaginaba ya lo palpaba, y es que es muy gratificante como a una persona que no goza de la salud, simplemente escuchándola con una bata blanca puesta, sin apenas saber nada de medicina, te diga “muchas gracias, parece que ya estoy un poco mejor” después de haber pasado tan sólo dos minutos junto a ella.

Alumno

Era mi sueño desde pequeña

Pidió que le contaramos porque habíamos elegido medicina, pues bien en mi caso era mi sueño desde pequeña. Ese y tener una hermana pequeña y gracias ha Dios se me han cumplido los dos.
Mi familia me cuenta que desde que era muy chica siempre decía que queria ser ginecologa.
Mi padre es enfermero y me encantaba ir a verlo cuando estaba de guardia y me quedaba enbobada viendo lo que hacian alli.

Yo pensaba que la mayoría de las personas que entraban en medicina era de vocación, pero me sorprendió mucho que la mayoría de las personas se habian metido en esta carrera porque tenian la nota y era la que menos le disgustaba (aunque ahora le guste).

En fin, que siempre me han encantado los hospitales, y siempre me han encantado las mujeres embarazadas y no me han cambiado los gustos, así que a dia de hoy aspiro a coger ginecologia si puedo y si no pues cogeré otra especialidad por que sé que al fin y al cabo haga lo que haga me va a gustar.

SZD

Elegí la de seis

No recuerdo el momento exacto en que pensé que estudiar medicina podía ser lo mío o que quería convertirme en médico. Creo que de algún modo siempre ha estado en mi. Cuando era pequeña nunca me dio miedo ir al médico, más bien todo lo contrario, tranquilidad y seguridad. Esto es lo que yo quiero transmitir a las personas, además de ayudarlas a mejorar un aspecto muy importante en la vida de todos nosotros, la salud.

Curiosidad he tenido siempre. Por cómo era el cuerpo por dentro, por saber por qué una pastilla me curaba si estaba enferma, por qué mi hermana me contagió la varicela… y un largo etc, me quedaba embobada viendo Érase una vez la vida, serie que yo creo que nos ha marcado a mas de uno.

No había ninguna otra profesión en la que me viera trabajando para siempre. Me veía siendo médico.

Aún así, no la tenía como idea fija. No quería cerrarme ante otras opciones, de tal modo que durante el instituto intenté sacar buenas notas para obtener una buena media con selectividad y así no fueran las notas de corte las que decidieran mi futuro, sino yo misma.

Al poco tiempo me encontraba ya delante de mi preinscripción en blanco y con muchas dudas. Dudaba entre hacer una diplomatura de 3 añitos y terminar pronto, una licenciatura “normalita” de 5 años o MEDICINA durante 6 años. Sobra decir que elegí la de seis.

Puede que lo hiciera con más respeto o más miedo que otros compañeros y sin tener muy claro si yo sería capaz o tendría que abandonar porque, a pesar de no haber ningún médico en mi familia hasta el momento, para bien o para mal yo ya tenía mucha idea de cómo iban a ser mis próximos años de universitaria. Por aquél entonces, mi hermana pasaba el ecuador de la carrera con más pena que gloria y yo había estado allí para ver tanto lo bueno, como lo malo. Estaba avisada.

Recuerdo que me presentó a algunos compañeros con los que estuve hablando para familiarizarme un poco, para saber de que iba la cosa, aunque ciertamente no te haces una idea de cómo es en realidad medicina hasta que no estás inmerso en ella. Y eso prácticamente no ocurre hasta que llegas a tercero. Muchos de sus compañeros me dijeron que hiciera algo más fácil, otros que algo más corto pero lo más curioso es que todos terminaban igual y con una sonrisa me decían “la verdad es que es la más bonita” con gran satisfacción. En eso estoy completamente de acuerdo. Esta carrera es la más bonita de todas y te enseña más de lo que uno se puede imaginar.

Así que ahora miro atrás y no me arrepiento, nunca lo hice y aunque haya tenido alguna racha difícil nunca he pensado abandonar porque aunque entré dudando, mi decisión se afianzó una vez dentro y mi voluntad fue creciendo.

Pasados estos seis años, me siento un poco extraña. Por un lado tremendamente contenta y orgullosa de haber llegado hasta aquí, a la vez que aliviada y por otro con incertidumbre al pensar en cómo afrontaré lo que vendrá ahora porque no me siento precisamente preparada.

El camino se me ha hecho a ratos corto y a ratos largo pero casi siempre cuesta arriba y con sensación de no poder más. Siempre con mis padres, pareja y amigos animándome, apoyándome y confiando en mi lo cual agradezco. Algo extenuante la verdad pero merece la pena el esfuerzo porque la medicina es bonita como ciencia, como profesión y como forma de vida.

"Contenta y orgullosa"

¿ Por qué ser médico?

A diferencia de muchos de mis compañeros, yo no sabía que quería ser médico desde pequeña, o eso creía yo. Digo que eso creía yo porque ahora, echando una mirada atrás, me doy cuenta de pequeños detalles que me decían que mi futuro era ser médico.

Uno de esos detalles es que siempre me ha encantado la ciencia, sobretodo la biología, disfrutaba en las clases y estudiándola. Los responsables, en parte, fueron mis profesores que se implicaban y vivían las explicaciones de los temas.

Siempre me gustó saber el por qué de las cosas (yo era una de esas pequeñajas que preguntaban con bastante frecuencia “ y por qué”), era como un juego darle vueltas y vueltas a la cabeza hasta resolver problemas y después llegaba la satisfacción de haberlo conseguido. Y qué mayor enigma que decubrir cada día qué le ocurre a cada uno de tus pacientes.

Otro detalle es que siempre me ha gustado ayudar, serle útil a los que me rodean, sentrime necesitada y saber responder a esas necesidades. Una vez más, lo que siempre me ha hecho disfrutar formaba parte de la práctica de la medicina. Porque finalmente lo que hace el médico es ayudar a sus pacientes: a que no enfermen, a que curen, a que no padezcan, ...

Por otro lado, desde pequeña me han contado historias del hospital (es lo que puede ocurrir si tienes familiares sanitarios), y siempre me ha encantado oírlas, me imaginaba a mí trabajando en uno y me gustaba. No es que sólo me contaran historias de medicina y por eso me acabara gustando, porque también me contaban historias de oficina, pero eso de llevarme todo el día en una oficina todos los días del año nunca me llamó la atención.

En fin, que todo esto, sin apenas darme cuenta, no pensando demasiado sino sólo recapitulando lo que me gustaba hacer, me llevó a decidirme por la medicina. Simplemente por vocación, por hacer el resto de mi vida lo que me gusta.

¿Desde cuando odias las espinacas?

Yo no he sido una "futura mediquina" vocacional, de hecho cuando era pequeña quería ser maestra como mis padres por la mañana, policía por la tarde y barrendera por la noche. Al crecer no se porqué descarte desde mi subconsciente lo de policía o barrendera (quizás porque tres trabajos son demasiados) y me quede con la opción de ser profesora. Aunque no se especialmente en que momento irrumpió en mi vida la medicina como vocación lo que sí que es cierto es que le pudo más que a la otra opción y que aunque entré con dudas en la facultad cuando comenzaron mis prácticas en el hospital, se despejaron todas. No se, pero al hacer de mis primeras historias verdaderamente comienzas a saber que se siente, me sorprendió que personas mayores que yo 50 años por lo menos me llamasen de usted y me tuviesen en tan alta estima, ¡sólo por ser médico!

Hubo un paciente que recuerdo con mucho cariño al que se le tenía prohibido levantarse por su corazón, y él no sólo se levantaba sino que cuando nos veía llegar corría hacia la cama, claro el pobre mío asfixiado, y entre intentos por respirar nos juraba que no se había ni movido del sitio! Fue una experiencia entrañable y es que realmente te das cuenta de lo frágiles que son los pacientes, de lo que depende de ti su bienestar, que sólo unas palabras tuyas de aliento les den vida y es que es cierto eso de que el médico cura desde que le ves.
¡En ese momento pensé que merecía la pena lo que quería hacer!

¿Qué podría estar haciendo las 24 horas del día sin cansarme, disfrutando, y deseando volver al día siguiente?

Nunca he tenido buena memoria a la hora de recordar momentos de mi infancia. A menudo llegan como fragmentos difuminados a mi mente, pero hay algunas excepciones en tengo secuencias completas de hechos y conversaciones. Recuerdo muy bien ese momento, con tres años y en el colegio, en el que un grupo de profesores me preguntó el femenino de pato, que yo respondí pata, para inmediatamente preguntarme por el equivalente de pollo, y reírse con mi presumible respuesta. Inmediatamente después a eso me preguntaron qué quería ser de mayor, y recuerdo muy bien que se rieron cuando mi respuesta fue ser médico. Seguramente fue una risa de esas que nos salen a todos al oír decir a un niño pequeño algo gracioso, pero lo cierto es que a mí me extrañó. Son curiosas las cosas que uno recuerda.

Catorce años después me encontraba a las puertas de elegir facultad, y pese a haber tenido siempre clara mi elección me surgieron dudas; mis padres son médicos y tenía el temor de que ese hecho hubiera influido determinantemente en mis gustos. He de decir que a mi madre también le preocupaba. Estuve informándome de otras carreras, principalmente ingenierías, pero reflexionando llegué a serie unas conclusiones que me hicieron decidir. Y todas partían de una sencilla pregunta: ¿Qué podría estar haciendo las 24 horas del día sin cansarme, disfrutando, y deseando volver al día siguiente? Medicina fue de nuevo mi respuesta. No concebía nada más interesante, emocionante y sobre todo gratificante para hacer el resto de mí vida. Y entonces comenzaron a desgranarse más motivos, que se desprendían de la respuesta anterior: ayuda directa a las personas (aunque siempre he pensado que todas la profesiones ayudan a las personas), el trato con ellas, aliviar el dolor el sufrimiento, acompañar, así como la belleza de la materia que comprendía ese campo de conocimiento.

Ahora que estoy terminando la carrera, puedo decir que me alegro de la elección, y que todo eso que me motivó me emociona y me motiva a prepararme lo mejor posible para ser médico.

FIM

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